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Sofia Coppola “Trato de hacer lo que me entusiasma sin pensar en lo que la gente va a pensar”

Eleanor Coppola filmó a su hija mientras dirigía “María Antonieta” en Versalles. Tras su muerte, Sofia completó aquel proyecto compartido: “Making Marie Antoinette” llega a Mubi el 6 de noviembre
Kirsten Dunst en el detrás de escena de “María Antonieta”

En 2006, Sofia Coppola estrenó su tercera película. Venía de hacer “Las vírgenes suicidas” y “Perdidos en Tokio”, dos películas que la habían establecido como una cineasta con una visión personal y una mano delicada, algo melancólica, para transmitirla. Su tercer proyecto, “María Antonieta”, una reescritura en clave pop de la biografía de la malograda última reina francesa, la llevó al Palacio de Versalles, que abrió sus puertas para el rodaje como nunca antes lo había hecho. Para reconstruir la época, la legendaria diseñadora de vestuario Milena Canonero, ganadora de cuatro Oscar (uno de ellos, justamente, por esta película), y seis diseñadores asistentes crearon los vestidos, sombreros, trajes y elementos de vestuario. Se recurrió a diez empresas de alquiler y el equipo de vestuario contó con siete choferes para el transporte. El calzado fue elaborado por Manolo Blahnik y L.C.P. di Pompei, mientras que cientos de pelucas y postizos fueron realizados por Rocchetti & Rocchetti. Coppola tenía solo 34 años.

Detrás de escena, para acompañarla, para consolarla, pero sobre todo para retratar lo que ocurría en ese set desbordante de vestuario y tensiones, estaba su madre, Eleanor Coppola. La también cineasta (codirectora de uno de los grandes documentales de cine de la historia, “Hearts of Darkness”, sobre el rodaje de “Apocalipsis ahora” de su marido, Francis Ford) grabó 80 horas de material, que quedaron guardadas en un cajón hasta la pandemia, cuando Eleanor reflotó la idea de editar aquellas imágenes junto a su hija. Murió en 2024, pero su hija cumplió el pacto y estrena ahora “Making Marie Antoinette”, documental sobre la película que se verá a partir del 6 de noviembre en la plataforma Mubi.

Es un “making of”, pero también puede leerse como la mirada de una madre sobre su hija, que se completa con las palabras de Eleanor (dejó todo consignado en sus diarios, que lee Diane Lane en el documental).

Y es también un retrato amoroso de una familia de cine, los Coppola: “Creo que mi naturaleza es más callada, observadora, como mi madre; pero el empuje para hacer las cosas lo saqué de mi papá, de verlo trabajar”, dice, entre risas, Sofia, en diálogo con EL DIA. Y confiesa que se había olvidado de aquellas grabaciones hasta que su madre las sacó de su escondite. “Estábamos todos juntos en pandemia, y ella apareció con lo que había filmado, quería revisitarlo… Yo me había olvidado de su existencia, y nunca lo había visto. Así que ver esas imágenes fue algo… salvaje. Encontré cosas que en ese momento ni siquiera sabía, como todas las pelucas que había para los extras. Pero ver a mi madre conociendo a mi novio, que ahora es mi marido (Thomas Mars, cantante de Phoenix), y tener eso grabado, me trajo muchos recuerdos”.

Filmar los rodajes era una especie de tradición en los Coppola, familia de cine que incluye a figuras como Talia Shire, Jason Schwartzman (que en “María Antonieta” interpretó a Luis XVI) y Nicolas Cage: Eleanor visitaba los sets de su marido, pero también había estado detrás de escena de “Las vírgenes suicidas”. “Me gustaba que me visitara mi madre, y que fuera ella la que filmaba y no un equipo de documentalistas genérico. Y todo el mundo apreciaba tener una madre en el set”, cuenta. A su madre, recuerda, “siempre le costó balancear su costado creativo con su familia”. Pero fue feliz en Versalles: “Se enamoró del trabajo del vestuario y el arte”, dice Sofia, “se entusiasmó con todos los detalles”. Ese material, que nunca vio la luz (salvo algunos minutos utilizados como complemento de la edición en DVD), lo editó Sofia junto a Aaron Matthews. Un proceso que define como “parte del duelo, una experiencia única y muy significativa. Después de atravesar la muerte de mi mamá, pasar este año con sus filmaciones y su voz, armando el rompecabezas que había dejado, con sus diarios y con su perspectiva sobre mí… lo sentí como un regalo, tener esa experiencia de estar conectadas y de homenajearla”.

—Imagino lo difícil que debe haber sido atravesar 80 horas de material, en medio de un duelo, verte a vos misma con ella, editar todo eso… Ahora, con el trabajo hecho, la película aparece como “dirigida por Eleanor Coppola”, aunque vos la editaste y la producís. ¿De quién es la película?

—Bueno, mi editor fue una ayuda muy grande: confié mucho en su perspectiva porque yo estaba muy cerca del material… Era difícil verme irritable con mi mamá, y otras partes que quizás no son muy halagadoras. Pero es algo que mi madre hubiera querido mostrar: le encantaba mostrar la verdadera experiencia que conlleva hacer cosas. No filmó con la intención de hacer una pieza promocional, sino de mostrar cómo fue ese set, los desafíos, el trabajo que llevó. Así que me ayudó mucho tener la perspectiva de mi editor. Y después les mostré algunos cortes a amigas de mi mamá, en busca de sus comentarios, tratando de hacer una película que se acercara a lo que ella hubiera querido. Y eso fue un desafío: no intentaba hacer mi película, sino la película que hubiera querido ella. Pero hablamos mucho antes de su muerte, me contó lo que tenía en mente, y yo intenté ejecutarlo de una manera que se sintiera fiel a su visión.

—¿Con qué Sofia te encontraste al ver imágenes tuyas de hace 20 años? ¿Qué la diferencia de la Sofia de hoy?

—Bueno, no es fácil verme. Siento que no estaba tan segura como directora: era mi tercera película, y estaba haciendo algo que nunca había hecho antes, una película tan grande… Me veo menos confiada a la hora de afirmarme, aunque creo que igual se puede ver que tenía una visión y que estaba logrando llevarla a la pantalla. Pero ahora, 20 años después, creo que con la experiencia gané confianza. En ese sentido, creo que a los jóvenes cineastas les puede servir ver que hay una evolución como cineasta, como persona, que uno no llega de repente a donde estoy ahora: todos tenemos que atravesar un período de crecimiento y aprendizaje.

—En lo que registró Eleanor aparece tu insistencia durante el rodaje por imponer el punto de vista femenino de la historia que querías contar. Hoy es algo común en el cine, pero evidentemente en esa época no. ¿Cómo fue volver a ese tiempo? ¿Cambió algo desde entonces?

—Sin dudas fue muy llamativo verme empujando, explicando el punto de vista femenino de la película, que era algo inusual en ese momento. Hoy no lo pensarías dos veces. Fue sorprendente ver cuán diferente era todo hace 20 años: en la película se ve ese conflicto, creo que mi madre estaba muy al tanto de esa tensión.

—En su estreno, “María Antonieta” fue resistida por su aproximación pop a un relato de época. Hoy es una película de culto: una nueva generación la adoptó y hace pequeños videos de TikTok con sus escenas. ¿Cómo vivís ese cambio?

—Bueno, intento no pensar en lo que dicen de mí. Como persona creativa, no hay que pensar en lo que dicen otros; creo que me paralizaría… Así que trato de hacer lo que me entusiasma y disfrutarlo sin pensar en lo que la gente va a pensar: tengo fe en que si a mí me gusta algo, alguien más va a conectar. Y me encantan los pequeños TikToks, me gusta que se reinterprete nuestra película. Me entusiasma el reestreno que va a tener ahora en Estados Unidos, para que esa nueva generación pueda verla en pantalla grande. De toda esta experiencia, diría que aprendí que a veces un trabajo tarda en encontrar su público: me alegra que hoy lo haya encontrado.

“Era difícil ver partes que no son muy halagadoras. Pero es algo que mi madre hubiera querido mostrar: le encantaba mostrar la verdadera experiencia que conlleva hacer cosas”

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