Cuando esta obra Milena Busquets encontró una forma singular de narrar el duelo. Lejos del dramatismo o la solemnidad, la escritora española eligió contar la muerte de una madre desde un territorio donde el dolor convive con el deseo de seguir viviendo. La novela sigue a Blanca, una mujer de cuarenta años que, tras perder a su madre, pasa un verano en Cadaqués, el pueblo costero que funciona como escenario de los recuerdos, las amistades, los amores y las preguntas que deja la ausencia. En esa convivencia entre la memoria y el presente, Busquets construye una historia en la que la tristeza nunca anula la vitalidad. Con evidentes resonancias autobiográficas, la novela evita la confesión para transformarse en una reflexión sobre la fragilidad de los vínculos y la manera en que las personas aprenden a convivir con las pérdidas.
Uno de los mayores logros del libro es el equilibrio entre profundidad y ligereza. Blanca atraviesa el duelo sin renunciar al amor, al sexo, al humor ni a los pequeños placeres cotidianos. Esa tensión, que la propia Busquets resume en la idea de que “vivir con ligereza es dificilísimo”, atraviesa toda la narración.
El libro consolidó a Milena Busquets como una de las voces más personales de la literatura española contemporánea.
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