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Tener proyectos para vivir más: por qué el propósito gana lugar en los estudios sobre envejecimiento

Algunos especialistas sostienen que la sensación de “tener una meta” impacta en la salud. Otros investigadores analizan cómo los vínculos, la actividad y la participación social pueden influir en una vida larga y saludable. Todos los detalles

Los factores emocionales, sociales y culturales, claves / Freepik

Por Redacción

Durante años, las investigaciones sobre longevidad estuvieron centradas en la genética, la alimentación o la actividad física. Sin embargo, en las últimas décadas comenzó a crecer otra idea: vivir más no depende solamente del cuerpo, sino también de encontrar motivos para seguir proyectándose.

La sensación de propósito —tener objetivos, sostener vínculos, participar en actividades o sentirse útil— empezó a ocupar un lugar cada vez más importante en los estudios sobre envejecimiento saludable. Y en ciudades universitarias como La Plata, donde conviven espacios culturales, educativos y científicos, el tema también se volvió parte de las investigaciones académicas y de nuevas formas de pensar la vejez.

“Hoy entendemos que el envejecimiento no es solamente un proceso biológico”, explican especialistas vinculados a estudios gerontológicos de la Universidad Nacional de La Plata. “También está atravesado por factores emocionales, sociales y culturales”, agregan.

La idea aparece de distintas maneras. Hay adultos mayores que comienzan talleres después de jubilarse, otros que retoman estudios universitarios, aprenden idiomas, participan en actividades artísticas o encuentran en el voluntariado una rutina cotidiana. En muchos casos, esas experiencias no sólo generan bienestar emocional: también ayudan a sostener vínculos, movimiento y estimulación cognitiva.

Las investigaciones internacionales sobre longevidad vienen observando algo similar. En las llamadas “zonas azules” —las regiones del mundo donde se registran más personas centenarias— los especialistas detectaron hábitos vinculados con la comunidad, la actividad permanente y el sentido de pertenencia. El concepto japonés de “ikigai”, que puede traducirse como “razón para vivir”, se volvió una de las referencias más citadas en ese campo.

Desde el CONICET también vienen creciendo los estudios vinculados al envejecimiento activo y la salud mental. Según advierten investigaciones del área social y biomédica, la jubilación muchas veces implica una ruptura abrupta de rutinas y vínculos cotidianos. Cuando no aparecen nuevos proyectos o espacios de participación, el aislamiento y la pérdida de objetivos pueden impactar negativamente en la calidad de vida.

Por eso, cada vez más especialistas hablan de la importancia de sostener actividades significativas. No necesariamente grandes metas o desafíos extraordinarios: a veces el propósito está en cuidar una huerta, participar en un club, estudiar una carrera pendiente o simplemente mantener una rutina compartida con otras personas.

En La Plata, la presencia de universidades, centros culturales y espacios comunitarios también ayuda a explicar por qué muchos adultos mayores continúan activos después de los 60 o los 70 años. Talleres municipales, cursos abiertos, grupos de lectura y propuestas recreativas forman parte de una transformación cultural que empezó a modificar la idea tradicional de la vejez.

Sin ir más lejos, este diario publicó y visibilizó espacios como el escenario, charlas mensuales e inclusive cumbres de juegos de mesa para la tercera edad.

“La expectativa de vida aumentó muchísimo, pero ahora la discusión pasa por cómo vivir esos años”, sostienen desde ámbitos académicos vinculados a la gerontología. La pregunta ya no es solamente cuánto vive una persona, sino cómo llega a esa etapa.

En ese contexto, la noción de propósito comenzó a correrse del terreno de las frases motivacionales para entrar de lleno en la agenda científica. Mantener proyectos, vínculos y espacios de participación aparece cada vez más como una herramienta concreta para atravesar el envejecimiento con mayor bienestar.

Porque, detrás de los estudios y las estadísticas, la conclusión empieza a repetirse: tener algo que esperar mañana también puede ser una forma de cuidar la salud hoy.

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