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Tiaras, diamantes y secretos de familia El brillo de las monarquías europeas

Las visitas de Estado volvieron a poner en escena las piezas históricas de las casas reales. De la tiara de zafiros de Mary de Dinamarca a los rubíes que lució Magdalena de Suecia, cada pieza guarda una historia de herencias, intrigas y disputas familiares.
(ESTA FOTO PONER SI O SI) Mary, la reina consorte de Dinamarca, estrenó una joya
La tiara de Mary en sus dos versiones: la original y la reformada / The Royal Watcher
La visita de estado en Dinamarca
La visita de estado en Dinamarca
La visita de Estado en Suecia

Por Virginia Blondeau

Es innegable que hay una tendencia al minimalismo a la hora de elegir vestido para una fiesta. Llevamos pocas joyas, los brillos son discretos y nunca de día, preferimos el monocromo y los colores sobrios… Sin embargo medimos con otra vara a las damas de la realeza. Nos encanta Máxima con sus tocados florales y nos divierte ver a la reina Matilde en sus géneros tornasolados. Ni qué decir de las joyas. Aunque en los actos de día no suelen ser tan ostentosas esperamos como agua de mayo los banquetes de gala para ver sus testas coronadas con las tiaras históricas cuyos diamantes y piedras preciosas encandilan.

Precisamente en nuestra entrega anterior prometimos continuar con el tema de las visitas de estados y focalizarnos en las joyas. Y, por suerte, en lo últimos días nuestras queridas reinas nos han dado tema de sobra en las varias visitas en simultáneo que hubo en las agendas.

El lunes pasado los reyes de Dinamarca recibieron a Tô Lâm, presidente de Vietnam y secretario general del Partido Comunista. Como les contábamos en nuestro último encuentro, en las monarquías parlamentarias europeas no es el monarca el que decide estos intercambios sino que se realizan a solicitud del poder ejecutivo.

Dinamarca tiene un gobierno social-demócrata formado por alianzas con partidos de izquierda. Aunque eso los hace más cercanos a la política de Lâm lo cierto es que Vietnam necesita socios comerciales y se ha lanzado a cerrar acuerdos comerciales hasta con Liechtenstein, monarquía epítome del capitalismo. El nuevo orden mundial es, por lo menos, confuso.

Pero volviendo a nuestra visita de estado, esta fue muy significativa para el rey Federico X ya que su padre, el príncipe Enrique de Monpezat, se había criado en Hanói. Pero los reyes no estuvieron solos: los acompañó el príncipe Christian, heredero de la corona, quien hizo su debut en banquetes de estado. Se lo vio nervioso y torpe al punto de que casi golpea, al quitarse el guante, a la primera ministra sentada a su lado.

Una tiara recuperada y rediseñada

Y como si no hubiéramos tenido suficientes anécdotas, la reina Mary estrenó una tiara. O mejor dicho, reestrenó porque la pieza tiene una historia singular.

Fue un regalo que el zar Nicolás II de Rusia le hizo en 1898 a Alejandrina de Mecklemburgo-Schwerin, bisabuela de Federico, por su boda con el rey Christian X de Dinamarca. La joya fue heredada por una de sus nueras que no pertenecía a la rama principal de la familia y luego por sus nietas, que al ver la poca oportunidad que tenían de usarla, la vendieron en 2018 a un comprador anónimo.

En 2024 la tiara fue recuperada por la corona y la reina Mary fue la encargada de rediseñarla para hacerla más moderna y versátil. La tiara es de zafiros y tiene una parte superior central que Mary ha preferido retirarla y lucirla sobre una pulsera de terciopelo. Estaba espléndida y la joya combinaba perfecto con su conjunto de blusa y falda, diseñado por Jesper Hovring, que ya le vimos varias veces.

Pero el lunes a la noche no solo los daneses estuvieron de fiesta. Los reyes de Suecia recibieron al presidente de Singapur y también se pusieron las mejores galas.

En el banquete de estado Carlos Gustavo y Silvia estuvieron acompañados por sus hijas, las princesas Victoria y Magdalena y sus esposos.

Tres mujeres con ¿cuatro tiaras? Ya lo veremos.

Herencias, diamantes y una vieja disputa familiar

Para analizar las joyas tenemos que bucear en la vida de la princesa Margarita de Connaught, nieta de la reina Victoria de Inglaterra, quién en un viaje a Egipto conoció y se enamoró de un príncipe explorador y arqueólogo, Gustavo Adolfo de Suecia. Se casaron en 1905 y ella recibió de regalo muchísimas joyas de su familia real inglesa, alguna de las cuales han lucido la reina Silvia y sus hijas.

La princesa Margarita falleció antes de que su marido se convirtiera el rey de Suecia y sus fabulosas tiaras fueron repartidas entre sus hijos.

Para la visita de estado la reina Silvia llevó la tiara de diamantes Connaught que había quedado en la rama principal de la familia.

La princesa Victoria lució la corona de laureles que fue legada al príncipe Bertil. Fue voluntad de su viuda, la princesa Lilian, que esa tiara quedara en manos de Victoria quien para esta ocasión la lució con un vestido de la firma low-cost H&M.

Y, finalmente, Magdalena usó una tiara fringe moderna que le regalaron para la boda y, como collar, la tiara de rubíes de Eduardo VII que tuvo un derrotero singular.

Se la conoce con este nombre porque fue este rey de Inglaterra quien se la regaló a su sobrina, la princesa Margarita de Connaught. A su muerte ella se la dejó a su hijo Sivgard, un muchacho bastante tarambana.

Sivgard se casó tres veces con tres preciosas jóvenes que, al ser plebeyas, le quitaron la posibilidad de seguir usando el título de príncipe y de Alteza Real. La que más usó la tiara fue su última esposa, Marianne, pero en los 60 el príncipe necesitaba efectivo y en una operación comercial confusa se la “vendió” a su padre, el rey Gustavo VI Adolfo y así volvió a la rama principal de la familia.

El príncipe tarambana pasó toda su vida, hasta su muerte en 2002, reclamando la restitución de sus títulos y protestando cada vez que veía que alguna dama de la corte usaba la tiara de rubíes. Para no aguantarlo dejaron de usarla y solo se la prestaban a Marianne, esposa de Sivgard.

Marianne falleció el año pasado a los 100 años y la tiara volvió a aparecer el lunes en el cuello de Magdalena. Pero lo curioso es que la princesa la lució en la recepción pero se la quitó para pasar al comedor donde tuvo lugar la cena ¿habrá aparecido el fantasma de Sivgard y se la habrá hecho sacar? Una pena porque le quedaba ideal con su vestido rojo de Safiyaa.

Al cierre de esta edición tenía lugar en Londres la visita del sultán de Omán y ya sabemos que cuando se trata de dinastías árabes, nuestras reinas y princesas occidentales sacan del cofre artillería pesada así que Camila, Kate y Sofía de Edimburgo habrán encandilado con sus brillantes a los invitados.

Recordemos que todas estas joyas no son de su propiedad sino que las lucen como símbolos de trascendencia de la institución monárquica. La llevan con orgullo pero con responsabilidad y, para algunas cabezas, el peso es demasiado y brillo no es sinónimo de felicidad.

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