El planeta llega a los últimos meses de 2026 con una combinación climática particular: temperaturas globales récord, océanos excepcionalmente cálidos y un episodio de El Niño que continúa fortaleciéndose. El fenómeno puede acelerar temporalmente el aumento del nivel medio del mar y, en la región del Río de la Plata, incrementar la atención sobre lluvias, crecidas y sudestadas.
Agosto de 2026 fue el agosto más cálido registrado y, prácticamente empatado con julio de 2023, el mes de mayor temperatura media global de toda la serie de Copernicus. Alcanzó los 16,96 °C, unos 1,65 °C por encima del promedio estimado para 1850-1900. Fue, además, el primer mes desde noviembre de 2025 en superar nuevamente los 1,5 °C respecto de la era preindustrial.
Ese dato no significa que el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París haya sido definitivamente superado, porque ese límite se evalúa sobre períodos prolongados y no a partir de un mes aislado. Sin embargo, muestra hasta qué punto se encuentra elevado actualmente el piso térmico sobre el cual actúan fenómenos naturales como El Niño.
El calentamiento también se extendió a los océanos. Copernicus informó que la temperatura superficial media de los mares fuera de las regiones polares alcanzó un récord durante agosto, impulsada tanto por el calentamiento global como por el rápido aumento de las temperaturas en el Pacífico ecuatorial asociado con El Niño.
UN EL NIÑO QUE APUNTA A UNA INTENSIDAD EXCEPCIONAL
La Organización Meteorológica Mundial confirmó que El Niño quedó firmemente establecido desde mediados de agosto y proyectó una probabilidad cercana al 100% de que continúe tanto durante septiembre-noviembre de 2026 como entre diciembre y febrero de 2027. El organismo espera que siga fortaleciéndose hasta alcanzar una intensidad “muy fuerte” antes de su pico hacia finales del año.
Las estimaciones estadounidenses van en la misma dirección. El Climate Prediction Center de la NOAA calculó una probabilidad del 81% de que entre octubre y diciembre se alcance la categoría de El Niño “muy fuerte”, lo que colocaría al episodio entre los de mayor magnitud registrados desde 1950. El organismo advierte, sin embargo, que la intensidad del fenómeno no determina automáticamente la magnitud de sus consecuencias en cada región.
La diferencia es importante: El Niño modifica la circulación atmosférica y oceánica y cambia las probabilidades de determinados patrones de temperatura y precipitación, pero no permite anticipar por sí solo cuánto lloverá en una ciudad o cuándo ocurrirá una inundación.
Para la Argentina y particularmente para la región pampeana, el fenómeno obliga a seguir con atención la evolución de las precipitaciones durante la primavera y el verano. El Servicio Meteorológico Nacional mantiene pronósticos climáticos trimestrales que deben actualizarse mes a mes, debido a que los efectos regionales dependen también de otros condicionantes atmosféricos.
EL NIÑO TAMBIÉN PUEDE MOVER EL NIVEL DE LOS OCÉANOS
Uno de los efectos menos visibles ocurre sobre el nivel medio global del mar. Una investigación publicada en mayo de 2026 en el Journal of Geophysical Research: Oceans analizó los episodios de El Niño de 2014-2016 y 2023-2024 y encontró aumentos interanuales de aproximadamente 9,16 y 7,70 milímetros, respectivamente, durante sus fases de desarrollo.
Pero el mecanismo requiere una aclaración. Esos milímetros adicionales no fueron consecuencia exclusivamente del derretimiento de la Antártida ni de la expansión térmica. El estudio encontró que predominó el componente baristático: aumentó la masa de agua del océano principalmente por la transferencia de agua almacenada sobre los continentes hacia el mar.
Ese componente aportó aproximadamente 6,20 milímetros durante el episodio de 2014-2016 y 6,26 milímetros en 2023. En este último caso el proceso fue considerablemente más rápido y estuvo relacionado con una fuerte reducción del almacenamiento terrestre de agua en América y África. Sudamérica perdió agua continental especialmente rápido durante el desarrollo de aquel El Niño.
Por eso, un El Niño intenso puede provocar un “pulso” temporal sobre el nivel medio global del océano sin que todo ese incremento represente una nueva tendencia permanente. Cuando cambia la distribución de las lluvias y vuelve a aumentar el almacenamiento de agua sobre los continentes, parte de esa variabilidad interanual puede revertirse.
EL NIVEL DEL MAR YA ESTÁ AUMENTANDO POR OTRA RAZÓN
Por debajo de esas oscilaciones existe, sin embargo, una tendencia mucho más persistente asociada con el calentamiento global. Las mediciones satelitales muestran que la velocidad del ascenso prácticamente se duplicó en tres décadas: pasó de unos 2,1 milímetros anuales en 1993 a alrededor de 4,5 milímetros anuales en 2023.
Tampoco existe una única causa. El calentamiento del océano hace que el agua se expanda, mientras que el derretimiento de glaciares y de hielo asentado sobre tierra agrega nueva agua a los mares. A esto se suman cambios en el almacenamiento continental de agua.
La importancia relativa de cada mecanismo cambia según el período analizado. El IPCC calculó que entre 1971 y 2018 la expansión térmica explicó aproximadamente la mitad del aumento observado, mientras los glaciares aportaron un 22%, las grandes capas de hielo un 20% y los cambios en el almacenamiento terrestre alrededor de un 8%. Desde 2006, en cambio, la pérdida conjunta de glaciares y capas de hielo pasó a superar a la expansión térmica como contribuyente.
Incluso puede cambiar de un año al siguiente. En 2024, por ejemplo, alrededor de dos tercios del incremento registrado estuvieron asociados con la expansión térmica debido al extraordinario calentamiento oceánico, cuando en los años anteriores la relación había sido aproximadamente inversa.
QUÉ PUEDE OCURRIR CON LA ANTÁRTIDA
El vínculo entre El Niño y el hielo antártico es más complejo. Las modificaciones en los vientos y la circulación oceánica pueden alterar el transporte de aguas relativamente cálidas hacia las plataformas de hielo y modificar su derretimiento basal, pero no existe una relación lineal según la cual cada El Niño produzca automáticamente una determinada pérdida de hielo.
Las plataformas flotantes tampoco elevan directamente el nivel del mar al derretirse, del mismo modo que un cubo de hielo flotando no hace desbordar un vaso cuando se funde. Su importancia reside en que funcionan como una barrera que retarda el desplazamiento hacia el océano de enormes masas de hielo apoyadas sobre el continente.
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