Mercedes Pintos lleva 16 años coordinando talleres. Al comienzo, la propuesta estaba centrada en la escritura creativa y reunía a personas muy jóvenes. Con el tiempo, los encuentros se orientaron hacia la lectura y el análisis, en diálogo con la música, la plástica y otras expresiones artísticas. Las consignas de escritura siguen presentes, aunque de manera ocasional.
Entre las actividades desarrolladas hubo debates sobre William Faulkner, clases de plástica dedicadas a Chaïm Soutine y Francis Bacon, y encuentros sobre música romántica. La propuesta busca que la literatura dialogue con otras disciplinas y que cada participante aporte sus propias referencias.
Pintos destaca la heterogeneidad de los grupos y la predisposición de sus integrantes a escuchar y leer con atención. Para ella, la permanencia no se explica por una fórmula particular, sino por las personas que participan.
“No tengo idea por qué funciona. Yo creo que es por la gente”, resume. Los grupos tienen ritmos diferentes, pero comparten un clima de escucha y una disposición a intercambiar ideas. Esa diversidad, sostiene, es la que permite que el espacio siga funcionando después de tantos años.
Una de las integrantes definió el taller como un lugar colectivo que da cabida a lo descentrado, lo discontinuo y lo inesperado. En esa descripción aparecen la poesía, la música, la discusión, la risa y el diálogo entre generaciones.
Otro participante encontró una definición todavía más directa: “El taller es un recreo de la rutina, una contracultura de lo inmediato que nos exige la sociedad hoy en día”.
La frase resume una de las apuestas de estos espacios. Frente a la velocidad con que circulan los contenidos, las reuniones proponen detenerse, leer con atención y escuchar otras interpretaciones. La conversación no necesita resolverse en una conclusión rápida: puede abrir preguntas, producir desacuerdos y dejar ideas pendientes para el siguiente encuentro.
Después de 16 años, el taller de Pintos mantiene esa apertura a lo que aparece durante el intercambio. Como en Ficciones y No Sirve para Florero, la literatura es el punto de partida de una experiencia que se sostiene gracias a los vínculos y a las ganas de volver a encontrarse.
SUSCRIBITE a esta promo especial