El deseo de conocer el desierto de Atacama fue más fuerte que la idea de esperar compañía. Ella había descubierto ese paisaje casi por casualidad, mientras navegaba por redes sociales, y decidió que no quería seguir postergándolo. Antes de sacar el pasaje investigó durante semanas, consultó blogs y leyó experiencias de otros viajeros para saber cómo moverse y qué precauciones tomar. Ese primer viaje, en enero de 2023, terminó convirtiéndose en el punto de partida de muchos otros.
Con el tiempo descubrió que una de las grandes ventajas de viajar sola es la predisposición a vincularse con otras personas. Cuenta que en los hostels las conversaciones aparecen naturalmente: alguien pregunta de dónde venís, otro recomienda un destino y, sin darse cuenta, se forman pequeñas comunidades. Incluso mantiene contacto con viajeros que conoció hace años y que después visitaron Argentina.
También asegura que la experiencia le permitió confiar más en sus propias capacidades. Resolver problemas, tomar decisiones sin depender de otros y adaptar el recorrido sobre la marcha le demostraron que tenía muchas más herramientas de las que imaginaba. Aunque reconoce que viajar solo exige investigar más y asumir toda la responsabilidad del viaje, sostiene que nunca volvió a sentirse verdaderamente sola. Para ella, el mayor aprendizaje fue entender que la compañía puede aparecer en cualquier rincón del camino.
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