En una época donde la soledad aparece como uno de los grandes desafíos de la adultez mayor, en La Plata existe un espacio que mezcla música, afecto y comunidad. Se llama “Voces para la salud” y desde hace más de dos décadas reúne a personas que encontraron en el canto coral una forma de sanar, mantenerse activas y construir nuevos vínculos.
El proyecto está encabezado por Guillermo Masi, una figura histórica de la música coral local que este año cumple seis décadas de trayectoria artística. “Nací con una guitarra bajo el brazo”, resume en diálogo con EL DIA el director, que comenzó a cantar desde muy joven y fue uno de los fundadores del Quinteto Vocal Tiempo junto a Jorge Cumbo -histórico músico platense cuya habilidad con la quena era destacable- cuando apenas tenía 16 años.
Desde entonces, su recorrido atravesó escenarios, coros líricos, ópera y música popular. Integró el coro del Teatro Argentino en la cuerda de tenor, interpretó solos de ópera y, en 1985, fundó “Pro Canto Popular”, una propuesta pionera en el país. “En aquel momento éramos entre cinco y diez coros de este tipo en toda la Argentina”, recuerda.
Con el paso de los años, Masi creó y dirigió numerosos grupos corales vinculados a instituciones públicas y privadas: el coro de IOMA, el de la Biblioteca López Merino, el del Liceo Víctor Mercante, el de SOSBA y hasta el coro municipal de Villa Gesell. Pero hoy toda su energía está puesta en “Voces para la salud”, el proyecto que nació en el Instituto Biológico de La Plata en 2006 y que hace doce años se independizó para continuar funcionando de manera autónoma.
EL CANTO COMO FORMA DE SANAR
Actualmente, el coro ensaya todos los martes de 18 a 20 en la Biblioteca Municipal Francisco López Merino y reúne a unas 30 personas. Aunque el promedio de edad ronda entre los 60 y 70 años, también participan integrantes más jóvenes. “Estamos buscando bajar el promedio”, cuenta Masi, entre risas, una expresión que es un chiste interno. Y enseguida aparece una imagen que sintetiza el espíritu del grupo: “Una chica de 33 años canta al lado de una mujer de 80. Y son relaciones perfectas”.
Para el director, el fenómeno no es casual. A lo largo de toda su carrera observó cómo el canto lograba unir generaciones. “En mis coros se juntaban padres con hijos, abuelos con nietos. La música tiene algo muy especial: hace converger personas muy distintas”, explica.
“La música tiene algo muy especial: hace converger personas muy distintas”
Pero en “Voces para la salud” hay algo más profundo todavía. Masi lo define directamente como un espacio de sanación. “La gente grande tiene una necesidad enorme de cantar, como otros necesitan hacer teatro o pintar. Son grupos donde el canto cura”, asegura. Y agrega: “Cantar es algo a donde muchas veces te mandan los médicos o los psicólogos. Es una actividad distinta, que da satisfacción y es netamente sanadora”.
La experiencia cotidiana parece confirmarlo. Los ensayos no son solamente un momento artístico: también funcionan como una rutina que ordena, entusiasma y mantiene activos a sus integrantes. “Hacemos preparación vocal, les doy ejercicios para practicar en sus casas y eso los mantiene conectados toda la semana”, cuenta.
VOLVER A CANTAR DESPUÉS DE TODA UNA VIDA
El repertorio, además, tiene una fuerte carga emocional. El coro trabaja sobre música popular latinoamericana y textos de grandes poetas argentinos y americanos. A veces incluso incorporan fragmentos declamados dentro de las canciones. “El canto es maravilloso por la sensación interna que genera y por lo movilizador de las letras”, dice Masi. “Es sanador porque te olvidás de todos los males, físicos o psíquicos”.
En muchos casos, el regreso al canto implica también reencontrarse con una parte olvidada de la propia identidad. Según relata el director, eso ocurre especialmente con mujeres que habían abandonado la actividad artística por las exigencias familiares. “Muchas dejaron de cantar cuando fueron madres. Ahora vuelven a tener tiempo y regresan al coro. Eso pasa muchísimo”, señala.
El resultado, asegura, sorprende incluso desde lo musical. “Las voces de 60 o 65 años pueden ser perfectas. Mucha gente cuidó muchísimo sus cuerdas vocales”, manifiesta.
Lo cierto el grupo conviven personas con formación coral previa y otras que recién empiezan, aunque todas atraviesan una instancia de admisión. “Trato de que las voces sean afinadas y el sonido del coro es muy joven”, afirma.
MUCHO MÁS QUE MÚSICA
El clima humano aparece como otro de los pilares fundamentales. “Nos reímos mucho de las edades que tenemos”, dice Masi. Los ensayos combinan disciplina con cordialidad y humor. “Trabajamos duro, pero en un marco muy cálido”, añade.
Con el tiempo, el coro terminó convirtiéndose también en una red afectiva. Los integrantes se visitan, festejan cumpleaños, organizan reuniones y viajan juntos todos los años. “Además del canto, es un grupo de amigos”, resume el director.
Ese aspecto tiene un peso especial en la adultez mayor. “La amistad es algo que se necesita mucho”, reflexiona Masi. “Hay personas grandes que van perdiendo amigos porque algunos mueren y otros toman caminos distintos. El coro es una forma concreta de construir nuevas amistades”.
La música aparece entonces como una excusa para algo todavía más profundo: la compañía. “El que canta al lado tuyo viene con toda una vida encima, con experiencias, con hijos, nietos o distintas historias. Y necesita tener a alguien cerca”, explica.
Por eso el coro también suele llevar su propuesta a espacios donde el encuentro humano es indispensable. Han cantado en geriátricos, hospitales y comedores comunitarios. “Vamos donde la gente nos necesita”, cuenta el director.
UNA HISTORIA QUE SIGUE SONANDO
Lejos de pensar el proyecto únicamente desde lo artístico, Masi insiste en su dimensión humana y social. “Más allá de la voz, que es algo muy importante, intento hacer entrar gente muy buena musicalmente, pero también hago entrar a quien lo necesita”, asegura. “A quien le urge cantar, le brindo la posibilidad”.
Después de más de medio siglo dedicado a la música, el director siente que este grupo ocupa un lugar especial en su historia personal. “Mi carrera está terminando con un grupo muy lindo”, dice con emoción. Y quizás ahí aparezca el verdadero sentido de “Voces para la salud”: un coro donde cantar no es solamente afinar una melodía, sino también encontrar refugio, memoria y compañía.
El próximo 19 de junio, el grupo volverá a presentarse en el circuito municipal de coros con un concierto en el Pasaje Dardo Rocha. Será una nueva oportunidad para mostrar que, muchas veces, una canción también puede convertirse en una forma de cuidado.
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