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Familiares y amigos en una dolorosa espera en la puerta del Policlínico

Durante toda la jornada familiares y amigos mantuvieron una vigilia en el Hospital San Martín - gonzalo mainoldi

Por Redacción

La incredulidad y el estupor iniciales dieron paso a una espera acongojada y angustiosa durante las largas horas de vigilia que familiares y amigos de la estudiante que intentó suicidarse en el aula compartieron en el hospital San Martín.

La sala de espera que antecede a la guardia del centro asistencial de 1 entre 70 y 71 fue escenario desde las últimas horas de la mañana hasta entrada la noche del incesante paso de familiares, compañeros de estudios y de trabajo y allegados de la adolescente internada y sus padres.

La primera en llegar, minutos después de ocurrido el hecho y el consiguiente traslado a la sala de emergencias de la joven, fue su abuela; luego sus padres, quienes fueron convocados por las autoridades educativas sin que mediaran detalles, y se enteraron en el Policlínico de lo que había ocurrido y de la extrema gravedad del cuadro médico.

Las preguntas sin respuestas se transformaron pronto en llanto, abrazos y gritos desgarradores; grupos de jóvenes, muchos de ellos ex compañeros de la estudiante en la Escuela Italiana, comunicaban a sus azorados pares por la red de mensajería whatsapp la información que circulaba con cuentagotas.

Con el correr de las horas, la contención cobró la forma de grupos herméticos de cuatro o cinco integrantes en los que predominaron los gestos de afecto y apoyo por sobre las palabras.

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Los estudiantes y los referentes del plantel del colegio cedieron predominio hacia el atardecer a familiares y amigos de los padres -muchos de ellos vinculados con el mundo de la música independiente, las artes plásticas y escénicas- que recorrieron una y otra vez los largos pasillos del hospital para hacer más llevadero el trance.

Entre rostros adustos que por momentos se quebraron en lágrimas ante la frase de aliento o la palmada en la espalda, las conversaciones, siempre breves, pendularon entre la búsqueda de novedades médicas y el intento de elaborar lo impensable: “esto es de otro planeta, nadie pudo verlo venir... es apenas una nena”, repetían.

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