Santiago de Chile respiró fútbol desde muy temprano este martes y, desde varias horas antes del partido, los hinchas de Estudiantes comenzaron a acercarse al estadio para vivir una jornada especial. El Pincha enfrenta esta noche a Universidad Católica, por la vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores, con la ilusión de meterse entre los ocho mejores del continente.
EL DÍA estuvo presente desde temprano en la capital chilena para acompañar la previa de un partido que tenía en juego mucho más que 90 minutos. Después del 1-1 en UNO, resultado que había dejado gusto a poco por el desarrollo del encuentro, el equipo dirigido por Alexander Medina buscaba conseguir en Santiago la clasificación a los cuartos de final.
Desde el mediodía ya se habían podido ver camisetas albirrojas en distintos puntos de la ciudad. Los hinchas fueron llegando de manera progresiva al estadio, muchos de ellos después de compartir la previa y encontrarse con otros simpatizantes del Pincha que viajaron desde La Plata y distintos puntos del país.
La expectativa era enorme. Estudiantes había agotado las localidades que Universidad Católica le había destinado a su público y todo hacía prever que el sector visitante se vestiría de rojo y blanco. El objetivo era regresar a La Plata con el boleto a los cuartos de final y continuar con la ilusión de una nueva campaña internacional.
Entre los hinchas que viajaron apareció también un platense que vive en Santiago desde febrero y que encontró en este cruce la oportunidad ideal para volver a acompañar al club.
“Vengo de acá cerca, vivo en Las Condes. Vivo en Chile desde febrero”, contó. La clasificación a los octavos de final le había permitido cumplir un deseo que parecía complicado. “Cuando pasamos había dos posibilidades de jugar contra un chileno: Coquimbo, que me quedaba en la loma del quinoto, en La Serena, y la U. Así que, por suerte, se alinearon todos los planes y acá estoy”, relató.
La distancia con La Plata no había logrado cortar su vínculo con Estudiantes. Durante los meses que llevaba viviendo en Chile siguió la actualidad del club a través de las redes sociales y reconoció que la nostalgia aparecía con frecuencia.
“La verdad que hace ocho meses que estoy acá. Viendo videos de Instagram y otras redes de Estudiantes se me caen unos lagrimones casi todos los días”, confesó.
El hincha contó además que durante años había acompañado al Pincha en forma permanente, pese a haber nacido en Mar del Plata. “Tuve muchos años de ir, no me perdí un solo partido de Estudiantes. A pesar de que no soy de La Plata, soy de Mar del Plata. Nunca viví en La Plata ni cerca. Lo más cerca que tuve fue CABA”, explicó.
Esta vez había decidido viajar solo. Su hijo todavía es muy chico para acompañarlo y, además, durante su estadía en Santiago no había conseguido ponerse en contacto con la filial de Estudiantes en esa ciudad.
“No hay señal de vida de la filial de Estudiantes en Santiago. Voy a ver si encuentro alguno acá para ponerme en contacto, porque ya hace varios meses que estoy viviendo acá y me gustaría estar con gente de Estudiantes”, contó.
De todos modos, la pasión por el Pincha también le permitió encontrarse con hinchas locales que comparten esa simpatía. “Me he cruzado, en calidad de turistas, incluso con chilenos hinchas de Estudiantes. Me han dicho varios: ‘Soy de Colo-Colo y de Estudiantes’”, relató entre risas.
La noche también tuvo un condimento especial por la ausencia de Fernando Zampedri en el conjunto chileno. El delantero y goleador de Universidad Católica, autor del empate en el partido de ida en La Plata, había quedado afuera por acumulación de tarjetas amarillas.
En Estudiantes, Medina evaluaba una variante respecto del equipo que había comenzado el partido de ida. El entrenador disponía de Muslera; Meza, Núñez, Tomás Palacios y Benedetti; Piovi, Castro y Baltasar Rodríguez; Tobio Burgos, Tiago Palacios y Carrillo.
Con los hinchas ya camino al estadio y Santiago teñido de rojo y blanco en distintos sectores, Estudiantes se preparaba para afrontar una de las noches más importantes de su calendario. El premio era un lugar entre los ocho mejores de América y la posibilidad de seguir soñando en la Copa Libertadores.
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