La hinchada de Estudiantes prometió en la previa del choque ante Flamengo un recibimiento especial, a la altura de una semifinal de la Copa Libertadores. Y así fue porque los fuegos artificiales y las bombas de estruendo le dieron un marco espectacular, pocas veces visto, sumado al grito ensordecedor que bajó desde los cuatro costados.
Fue tal la magnitud de lo que se vivió con la salida del Pincha a la cancha que los periodistas brasileños se llevaron una grata sorpresa. “¡El estadio tiembla muchísimo! ¡Una de las atmósferas más increíbles que viví mientras relataba!”, expresó Bruno Cantarelli, un relator que llegó a La Plata parta realizar la cobertura del encuentro. Mientras decía eas palabras mostraba cómo temblaba UNO con el salto de los simpatizantes albirrojos.
También la periodista Monique Danello hizo una publicación en su cuenta de Instagram sobre el mismo tema. "¡MIRA CÓMO SE MUEVE TODO! ¡Me llegué a marear, parecía que estaba viendo el partido en un barco!", expresó en un video, con una visible cara de sorpresa.
La hinchada de Estudiantes, a la altura
Tal como se informó este viernes en la edición impresa de EL DIA, la jornada estuvo marcada por la bronca que generó la decisión de Conmebol de no permitir la habilitación de Marcos Rojo para el partido tan importante y justo unas horas antes del inicio. Insultos a Chiqui Tapia, la AFA y a la conducción de la confederación se repitieron desde los primeros hinchas que llegaron hasta los últimos.
El partido tuvo a más de 32500 personas presentes. Sin dudas que hubo más en cada sector o al menos eso fue la sensación que dejó ver las tribunas. Solo en la platea de 115, donde los hinchas de Flamengo no llegaron a ocupar todo el lugar y dejaron bastantes claros, el resto del escenario lució repleto, como esa noche en la cancha de Lanús cuando Estudiantes jugó la final de la Copa Argentina ante Defensa y Justicia.
Precisamente Lanús ayudó a los cariocas a completar los lugares. Algunos hinchas del Granate se llegaron en los micros junto a los brasileños para “hacerles el aguante” y no dejar vacía la tribuna. En teoría hay una amistad y por eso los micros del Mengao salieron desde el estadio de Lanús.
La otra fotografía de la noche fue el recibimiento al equipo cuando saltó al campo de juego. Fue resonante y lleno de emoción. Durante muchos minutos se escucharon las detonaciones detrás de la tribuna de la calle 57, pero también en otros sectores del estadio. No hubo lugar para silenciar el grito de guerra “Lo único que quiero es ver al Pincha campeón de la Libertadores...”. Fuegos artificiales, humo rojo y blanco, bombas de estruendo y todo lo que uno se imagine detonó en la zona del estadio, que desde temprano lució diferente a cualquier jornada futbolística.
Porque en las inmediaciones desembarcaron cientos de miles de hinchas, en su mayoría jóvenes, para darle rienda suelta a una ansiedad que llevaba un mes contenida. Desde aquella gesta en San Pablo y la clasificación a las semifnales ante Cotinthians que se esperaba este momento. Quedó claro que había mucha “manija” y nadie se quiso perder la reunión previa, incluso los que no tenían entradas.
Hubo reuniones en la plazoleta de 53 y 2, justo frente a la Casa Curuchet, pero también en la esquina de 3 y 56 en donde miles de jóvenes desplegaron pirotecnia y un show de fuegos artificiales a las 19:30, un rato antes de que llegase el plantel albirrojo al estadio. Lo mismo sucedió en 58 entre 1 y 115: la barra se quedó hasta minutos antes del inicio del partido y se escucharon detonaciones y una buena cantidad de fuegos artificiales una hora antes del inicio del partido.
El estadio, a diferencia de otros partidos, se completó antes de tiempo. Ya una hora antes de pitazo inicial lucía casi en su totalidad. Y no se respetaron tanto las escaleras ni los pasillos. En cada lugar vacío hubo un hincha para poder gritar y mirar el partido, que claramente no fue uno más: fue el partido más esperado en 17 años, para muchos el más importante de sus vidas.
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