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Brasil rumbo a las urnas: qué se juega Argentina, la apuesta de Milei y el riesgo económico

Una victoria de Flávio Bolsonaro podría acercar a los gobiernos. La continuidad de Lula prolongaría una relación marcada por las tensiones. El domingo, las elecciones

Por Redacción

La elección presidencial de Brasil tendrá para la Argentina consecuencias que van mucho más allá de la afinidad entre sus presidentes. En las urnas del principal socio comercial del país se pondrán en juego la posibilidad de recomponer una relación diplomática deteriorada, el equilibrio político regional y las condiciones económicas de un mercado decisivo para la producción argentina. Son planos conectados, aunque no necesariamente avanzarán en la misma dirección: un triunfo del candidato respaldado por Javier Milei podría facilitar el diálogo sin garantizar una recuperación del comercio.

Brasil celebrará este domingo 4 de octubre la primera vuelta de una elección en la que Luiz Inácio Lula da Silva busca un cuarto mandato y tiene como principal rival a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Si ninguno supera la mitad de los votos válidos, la definición será el 25 de octubre. La disputa llega abierta y con perspectivas de una segunda vuelta.

Para el Gobierno argentino, el resultado tiene una dimensión política inmediata. Milei expresó su apoyo a Flávio Bolsonaro y convirtió esa preferencia en parte de su posicionamiento internacional. La apuesta también profundizó el enfrentamiento con Lula y dejó a la relación bilateral ante una pregunta: cuánto pueden resistir los mecanismos de cooperación entre ambos países cuando sus máximas autoridades mantienen una confrontación pública.

Milei y el costo de la distancia

La participación del presidente argentino en el lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro, en julio en San Pablo, agravó una crisis que ya venía creciendo. Los ataques de Milei contra Lula y autoridades brasileñas derivaron en el retiro de embajadores y en una reducción de la representación diplomática. El distanciamiento continúa en vísperas de los comicios.

Una victoria de Bolsonaro abriría, por la afinidad expresada entre ambos dirigentes, una oportunidad para recomponer el diálogo presidencial. Para Milei significaría sumar un interlocutor cercano en el país de mayor peso de América del Sur y fortalecer su apuesta por una región alineada con Donald Trump.

Si Lula logra la reelección, en cambio, la Argentina deberá administrar la continuidad de un vínculo incómodo. El riesgo sería la prolongación de una relación con pocos encuentros de alto nivel y menor disposición para impulsar iniciativas compartidas. Esa distancia puede dificultar negociaciones comerciales, proyectos de infraestructura y acuerdos de cooperación, aun cuando las relaciones formales y la actividad empresarial continúen.

Sin embargo, presentar ambos escenarios como una solución automática o una crisis inevitable simplificaría el problema. La afinidad entre presidentes puede destrabar conversaciones, pero los intereses económicos de cada país, sus instituciones y sus restricciones internas también determinan qué acuerdos resultan posibles.

El comercio pierde volumen

El intercambio bilateral ofrece una primera señal de esa diferencia entre política y economía. Las tensiones diplomáticas no interrumpieron los negocios, pero el comercio atraviesa una contracción vinculada, sobre todo, con la reducción de las compras argentinas a Brasil.

Según los datos oficiales brasileños, entre enero y agosto de 2026 Brasil exportó a la Argentina por unos 10.230 millones de dólares, un 17,5% menos que en igual período del año anterior. Sus compras de productos argentinos, en cambio, crecieron 4,2% y alcanzaron aproximadamente 8.650 millones de dólares. El intercambio total se redujo 8,8% y el saldo fue favorable a Brasil en unos 1.580 millones de dólares.

El análisis de la consultora Abeceb incluido en el material relevado también registra una fuerte reducción del déficit argentino, aunque con una diferencia en la cifra: lo ubica en 1.635 millones de dólares, frente a los 4.119 millones del mismo período de 2025. Para el cierre de 2026 proyecta un desequilibrio cercano a los 2.500 millones.

La mejora del saldo requiere una lectura cuidadosa. Una reducción del déficit obtenida principalmente mediante menores importaciones puede aliviar la necesidad de divisas, pero también reflejar una demanda interna más débil. Por eso, un balance comercial menos desfavorable no equivale, por sí solo, a una expansión de la integración productiva.

El sector automotor es el principal punto de conexión entre ambas economías. Según Abeceb, concentra alrededor del 40% del intercambio en las dos direcciones. Brasil es un mercado central para las pick-ups medianas producidas en la Argentina, mientras que las terminales y los consumidores argentinos dependen también de vehículos y componentes brasileños.

Esa integración convierte a la actividad brasileña en una variable relevante para la producción y el empleo locales. Si se debilita la demanda del país vecino, las empresas argentinas que lo abastecen pueden enfrentar menores pedidos, revisar sus planes de fabricación y postergar inversiones. Para la provincia de Buenos Aires, donde se desarrolla parte de esa producción industrial, ese canal merece especial atención.

En sentido inverso, las compras argentinas de vehículos brasileños disminuyeron en un contexto de menor demanda interna y mayor competencia de unidades provenientes de China, de acuerdo con el informe de la consultora. El movimiento muestra que el comercio está atravesado por factores que una buena relación presidencial, por sí sola, no puede modificar.

Fuera del complejo automotor, Abeceb identifica un mayor peso de los lácteos y la energía entre las ventas argentinas a Brasil, mientras que el trigo enfrenta una diversificación de los proveedores del mercado brasileño. El desafío consiste, entonces, en sostener los negocios industriales y ampliar otras vías de exportación.

El ajuste que deberá afrontar el próximo gobierno

La principal advertencia económica del material no depende de quién gane. Según Abeceb, el próximo presidente brasileño deberá enfrentar restricciones fiscales que podrían obligarlo a ordenar las cuentas públicas y moderar el gasto, con efectos sobre la actividad.

La consultora proyecta un crecimiento del PBI de Brasil de 1,9% tanto para 2026 como para 2027. Para el próximo año estima, además, un déficit fiscal nominal de 8,5% del producto y una deuda pública de 86,7%. Son proyecciones que describen un margen de maniobra acotado para el futuro gobierno, aunque la profundidad y los tiempos de cualquier ajuste dependerán de las decisiones que adopte.

Gustavo Pérego, director de Abeceb, plantea que el mayor riesgo para el comercio bilateral proviene de ese escenario macroeconómico. Su advertencia es que un enfriamiento de Brasil podría coincidir en 2027 con la incertidumbre propia de las elecciones presidenciales argentinas y debilitar simultáneamente a los dos mercados.

Para las empresas locales, la consecuencia potencial es concreta: menos demanda brasileña puede traducirse en menores exportaciones. Una victoria de Bolsonaro podría mejorar la interlocución política con Buenos Aires, pero no eliminaría las restricciones fiscales. Del mismo modo, una continuidad de Lula no impediría necesariamente que las firmas argentinas mantengan o amplíen sus ventas si encuentran condiciones económicas favorables.

El Mercosur y una región en disputa

La elección también tendrá efectos sobre el posicionamiento internacional argentino. Flávio Bolsonaro se presenta como un aliado de Trump, mientras que Lula ha cuestionado las presiones de Washington sobre Brasil. El resultado puede modificar el equilibrio regional y las posibilidades de Milei de coordinar posiciones con el gobierno brasileño.

En el Mercosur, una mayor sintonía política podría facilitar conversaciones sobre apertura comercial, vínculos con terceros países y reglas de funcionamiento del bloque. Pero cualquier avance deberá conciliar intereses productivos que no siempre coinciden. Las industrias de ambos países pueden competir incluso cuando sus gobiernos comparten una orientación ideológica.

Si continúa Lula, el desafío para la Argentina será preservar espacios de negociación pese al enfrentamiento presidencial. La falta de diálogo tiene un costo potencial: reduce la capacidad de resolver diferencias y de construir respuestas comunes ante un escenario internacional cambiante.

La elección brasileña deja así dos interrogantes distintos para la Argentina. Uno es si el resultado permitirá recomponer la relación política. El otro es cuánto podrá crecer Brasil y qué capacidad tendrá su próximo gobierno para ordenar las cuentas sin debilitar demasiado la demanda. Milei apuesta por un aliado; la producción argentina necesita, además, un mercado capaz de comprar.

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