España y Francia afrontan horas decisivas para contener los gigantescos incendios forestales que castigan a ambos países antes de la llegada de una nueva ola de calor que amenaza con reactivar los focos y complicar aún más las tareas de extinción. Las autoridades consideran que en las próximas horas existe una estrecha ventana de oportunidad para estabilizar los principales frentes antes de que las temperaturas vuelvan a rozar o superar los 40 grados.
En España, los incendios que afectan especialmente a Madrid, Ávila, Toledo y Castellón muestran una evolución algo más favorable, aunque continúan activos y sin estabilizar. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, advirtió que aún “quedan horas difíciles, complejas” y pidió extremar las precauciones ante el aumento previsto de las temperaturas a partir de mañana miércoles.
Los servicios meteorológicos anticipan una nueva ola de calor que podría prolongarse hasta el fin de semana, con máximas de hasta 42 °C en algunas zonas de la península. Esa combinación de calor extremo, fuertes vientos y una humedad muy baja elevará el riesgo de incendios a niveles considerados extremos.
BALANCE DEVASTADOR
El balance ya es devastador. Más de 171.000 personas permanecen evacuadas o confinadas por seguridad y el fuego ha consumido más de 172.000 hectáreas en lo que va del año, casi seis veces más que en el mismo período de 2025. Solo el incendio originado en Ávila y extendido hacia la Comunidad de Madrid ya supera las 50.000 hectáreas, convirtiéndose en el mayor registrado en la historia reciente del país. Otros 25.000 hectáreas fueron destruidas en Madrid y 7.500 en Castellón, donde trabajan cientos de bomberos y brigadistas con apoyo internacional de Grecia, Italia, Portugal y Turquía.
Sánchez volvió a vincular la magnitud de la catástrofe con el cambio climático y reclamó un gran acuerdo nacional para afrontar una emergencia que, según dijo, “ya no es una excepción, sino la regla”.
La situación tampoco da respiro al otro lado de los Pirineos. Francia enfrenta uno de los peores desastres forestales desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El gigantesco incendio que afecta la región de Gironda, en las cercanías de Burdeos, ya arrasó 42.000 hectáreas, una superficie equivalente a dos veces la ciudad de Buenos Aires, y obligó a evacuar a unas 220.000 personas.
Aunque las autoridades detectaron una leve desaceleración en el avance de las llamas, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, insistió en que el megaincendio aún no está controlado y pidió mantener la prudencia ante la inminente llegada de otra ola de calor.
En localidades como Le Porge, donde centenares de viviendas quedaron destruidas, continúan las tareas de asistencia a los damnificados mientras crecen las críticas por la gestión de la emergencia. Decenas de kilómetros de bosques reducidos a cenizas muestran la magnitud de un desastre alimentado por una sequía prolongada y temperaturas excepcionalmente altas.
Los expertos coinciden en que Europa atraviesa una temporada sin precedentes. El continente se calienta más rápido que cualquier otra región del planeta y las olas de calor cada vez más frecuentes resecan la vegetación, creando un escenario ideal para la propagación de incendios extremos. Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, este año ya ardieron más de 300.000 hectáreas entre España y Francia, una cifra histórica que refleja la creciente intensidad de la crisis climática.
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