La guerra entre Irán y Estados Unidos volvió a intensificarse ayer con una nueva ola de bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní y una respuesta de Teherán que amplió el conflicto a distintos puntos de Medio Oriente. En ese contexto, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, aseguró que su país enfrenta una “guerra total, a gran escala”, mientras las perspectivas de una salida diplomática parecen desvanecerse.
Las fuerzas estadounidenses atacaron por novena noche consecutiva objetivos en el centro y el este de Irán, ampliando el alcance de una campaña que inicialmente se concentraba en el sur del país. Según las autoridades iraníes, los bombardeos dejaron al menos un muerto y varios heridos en la ciudad de Tabriz y también alcanzaron zonas cercanas a instalaciones nucleares, entre ellas la central de Bushehr, la única en funcionamiento del país, y el complejo de Darkhovin, aún en construcción.
Washington sostiene que sus operaciones apuntan exclusivamente contra objetivos militares. Sin embargo, Teherán acusa a Estados Unidos de atacar áreas civiles e infraestructura estratégica, lo que eleva aún más la tensión regional.
NEGOCIACIONES FRACASADAS
La escalada se produce después de que fracasara un protocolo de entendimiento firmado en junio, que buscaba abrir negociaciones para reducir el conflicto. Desde entonces, ambas partes retomaron los enfrentamientos por el control del estrecho de Ormuz, paso clave para el comercio mundial de petróleo.
En respuesta, Irán lanzó nuevos ataques contra Kuwait y Bahrein, dos aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. Además, los Guardianes de la Revolución aseguraron haber atacado bases estadounidenses en Bahrein, mientras que en Jordania se activaron las sirenas antiaéreas ante posibles amenazas.
Al mismo tiempo, los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Teherán, anunciaron un cerco sobre puertos sauditas, ampliando el frente de conflicto y aumentando el riesgo para el comercio marítimo en la región.
Pese al recrudecimiento de las hostilidades, el Gobierno iraní afirmó que mantiene abiertos canales diplomáticos con Washington a través de mediadores como Qatar, Omán y Pakistán. El portavoz de la Cancillería, Esmail Baqai, aseguró que “el aparato diplomático ha estado activo estos últimos días”, aunque reconoció que la prioridad sigue siendo defender la soberanía nacional.
TRUMP, IMPLACABLE
Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump endureció su discurso y advirtió que Irán pagará “muchas veces más” por cada militar estadounidense que resulte muerto. Desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, Estados Unidos contabiliza 17 soldados fallecidos, mientras que el último balance oficial iraní reportó 50 muertos y más de 500 heridos desde la reanudación de los combates a comienzos de julio.
Uno de los principales focos de preocupación internacional continúa siendo el estrecho de Ormuz, por donde antes del conflicto circulaba cerca del 20% del comercio mundial de hidrocarburos. Irán mantiene bloqueado ese corredor marítimo y advirtió que adoptará todas las medidas necesarias para impedir que sea utilizado contra sus intereses.
El impacto económico ya se hace sentir. El precio del petróleo Brent volvió a rondar los 88 dólares por barril y la agencia británica UKMTO informó que dos buques fueron atacados en el Golfo, uno frente a Emiratos Árabes Unidos y otro cerca de Omán.
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