Las encuestas volvieron a subestimar a la derecha en Brasil. Casi ningún sondeo anticipó que Flávio Bolsonaro terminaría primero en la primera vuelta, con cerca del 47% de los votos, frente al 45% de Luiz Inácio Lula da Silva. El resultado le permitió llegar al balotaje del 25 de octubre como favorito. Una explicación apunta al llamado “voto avergonzado”: electores que prefieren no revelar su elección ante los encuestadores, en un escenario de polarización. También hubo volatilidad entre los indecisos, que demoraron su decisión hasta el final de la campaña. El fenómeno no es exclusivo de Brasil. En Estados Unidos, los sondeos no anticiparon el triunfo de Donald Trump sobre Kamala Harris en 2024, mientras que en América Latina tampoco previeron el caudal obtenido por Javier Milei en Argentina o Rodrigo Paz en Bolivia. El consultor James Bosworth señaló que parte del error brasileño pudo estar en los terceros candidatos: algunos de sus votantes habrían optado finalmente por el “voto útil”.
Aunque el desacierto fue menor que en 2022, la derecha volvió a superar las previsiones.
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