El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró ayer como una “gran victoria” el resultado obtenido por Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones de Brasil, aunque advirtió que el balotaje contra Luiz Inácio Lula da Silva será “muy, muy reñido”. El candidato conservador consiguió el 47,03% de los votos, frente al 45,16% del mandatario, una diferencia de menos de dos puntos que dejó abierta la definición del 25 de octubre.
“Es una gran victoria. Ajustada, pero es una gran victoria. Increíble, de verdad”, afirmó Trump ante periodistas en la Casa Blanca, al ser consultado por el resultado brasileño. Inmediatamente después, bajó cualquier expectativa de una definición sencilla: “Creo que van a ser unas elecciones muy reñidas”.
APOYO DE ESPECIAL SIGNIFICADO
El respaldo adquiere especial significado por la relación política que une a Trump con la familia Bolsonaro y por el deterioro de los vínculos entre Washington y Lula. Flávio, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, construyó durante la campaña una relación estrecha con el mandatario estadounidense y se presentó como un aliado de su agenda conservadora.
Trump, a su vez, convirtió a Brasil en uno de los focos de su política regional. En julio, su gobierno impuso un arancel del 25% a determinados productos brasileños, tras una investigación que cuestionó políticas brasileñas en comercio digital, pagos electrónicos y acceso al mercado. Washington justificó las tarifas por razones comerciales, mientras Lula denunció una injerencia política.
La disputa escaló en agosto, cuando Washington revocó el visado de la embajadora brasileña en Estados Unidos, María Luiza Viotti, como respuesta a la falta de aprobación del candidato estadounidense para la embajada en Brasilia. El episodio profundizó la crisis diplomática.
En ese contexto, el triunfo de Flávio fue recibido por Trump como una señal favorable. Pero el resultado mostró que la elección está lejos de definirse. Ninguno de los dos candidatos alcanzó la mayoría absoluta y ambos deberán buscar ahora los votos de los electores que quedaron fuera de la disputa, en una campaña de fuerte polarización.
La elección brasileña tiene una dimensión regional. Una eventual victoria de Flávio reforzaría el avance de fuerzas de derecha alineadas con Trump en América Latina y podría acercar a Brasil a la agenda de Washington en asuntos comerciales, de seguridad y política exterior. Para Lula, la segunda vuelta representa la posibilidad de revertir una primera ronda adversa y mantener a Brasil alejado de una alineación automática con Estados Unidos.
La estrecha diferencia convierte cada voto en decisivo. La disputa del 25 de octubre será una batalla por los votantes moderados, los indecisos y quienes se abstuvieron en la primera vuelta. Trump celebró el resultado de su aliado, pero su propia advertencia resume el escenario: Bolsonaro llega con ventaja, aunque Brasil aún no tiene presidente electo.
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