La renuncia de Keir Starmer convirtió al líder laborista en el sexto primer ministro británico en abandonar el poder en apenas una década, un reflejo de la inestabilidad política que ha marcado al Reino Unido desde el referéndum del Brexit en 2016.
Starmer llegó al gobierno en 2024 con la promesa de devolver la estabilidad, reactivar la economía y recuperar la confianza en la política tras años de turbulencias.
Sin embargo, el desgaste de su gestión, la caída de su popularidad y las divisiones internas de su partido precipitaron su salida antes de cumplir dos años en el cargo.
La cadena de relevos comenzó con David Cameron, quien dimitió tras la victoria del Brexit en el referéndum que él mismo convocó. Lo sucedió Theresa May, incapaz de lograr que el Parlamento aprobara el acuerdo de salida de la Unión Europea.
Luego llegó Boris Johnson, protagonista de la salida definitiva del bloque europeo y de la gestión de la pandemia, pero obligado a renunciar por una sucesión de escándalos políticos y éticos.
Su reemplazante, Liz Truss, protagonizó el mandato más breve de la historia moderna británica: apenas seis semanas. Su plan económico provocó una fuerte crisis financiera y le hizo perder el respaldo de su propio partido.
Después asumió Rishi Sunak, quien intentó recomponer la situación sin éxito. La histórica derrota conservadora en las elecciones de 2024 dio paso a Starmer, cuya gestión tampoco logró consolidarse.
La sucesión de seis jefes de gobierno en diez años contrasta con la estabilidad de décadas anteriores y evidencia una etapa de profunda volatilidad política en el Reino Unido.
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