La dimisión de Keir Starmer puso en marcha el mecanismo para elegir al próximo líder del Partido Laborista y, en consecuencia, al nuevo primer ministro británico. Aunque anunció que abandona la conducción de la fuerza oficialista, permanecerá en el cargo hasta que se designe a su sucesor, en un proceso que podría resolverse antes del receso parlamentario del verano boreal o extenderse hasta septiembre si hubiera competencia interna.
Starmer, de 63 años, llegó al poder en julio de 2024 tras una contundente victoria que puso fin a catorce años de gobiernos conservadores. Prometía devolver la estabilidad al Reino Unido, impulsar el crecimiento económico, mejorar los servicios públicos y restaurar la confianza en la política. Sin embargo, el estancamiento de la economía, el aumento del costo de vida, una serie de controversias y la creciente frustración dentro de sus propias filas fueron erosionando rápidamente su liderazgo.
ESTOCADA FINAL
El golpe definitivo llegó tras las elecciones municipales de mayo, en las que el laborismo perdió alrededor de 1.500 concejales y varios ministros abandonaron el gabinete. A ello se sumó la polémica por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington. La victoria de Andy Burnham en una elección parcial celebrada la semana pasada terminó por convencer a buena parte del partido de que era momento de un cambio.
Burnham, referente del ala izquierda del laborismo, es el gran candidato a sustituir a Starmer
Burnham, de 56 años y referente del ala izquierda del laborismo, obtuvo un escaño en la Cámara de los Comunes al imponerse con claridad en la circunscripción de Makerfield, requisito indispensable para aspirar al liderazgo. Su resultado fue especialmente valorado porque derrotó al candidato de Reform UK y elevó el respaldo laborista hasta cerca del 55%, atrayendo también votos de otros sectores progresistas.
Considerado el político más popular del país según varias encuestas, Burnham confirmó inmediatamente su candidatura y definió la salida de Starmer como “el inicio de una transición”. También prometió mantener la estabilidad del gobierno mientras el partido completa el relevo.
Su posición se fortaleció cuando el exministro de Salud Wes Streeting, quien analizaba competir por el liderazgo, decidió respaldarlo. Streeting sostuvo que Burnham es quien tiene mayores posibilidades de frenar el ascenso de Reform UK, liderado por Nigel Farage.
El calendario ya está definido. El Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista abrirá las candidaturas el 9 de julio. Para competir, cada aspirante deberá reunir el respaldo de al menos 81 diputados laboristas, además del apoyo de organizaciones locales o entidades afiliadas, como sindicatos.
Si Burnham fuera el único candidato, podría ser proclamado líder hacia el 16 de julio y asumir como primer ministro uno o dos días después, cuando el Charles III lo invite oficialmente a formar gobierno. Si surgieran otros postulantes, la decisión quedará en manos de los afiliados mediante un sistema de voto preferencial y el proceso podría prolongarse hasta septiembre, coincidiendo con el congreso anual del Partido Laborista en Liverpool.
Mientras tanto, Starmer continuará al frente del Ejecutivo para garantizar una transición ordenada. Como el laborismo conserva una amplia mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes, no será necesario convocar elecciones generales, previstas para 2029.
Así, el futuro del gobierno dependerá exclusivamente de la decisión interna del partido, mientras el Reino Unido se prepara para tener a su séptimo primer ministro en apenas una década.
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