Luca tiene 16 años, casi cuatro millones de seguidores y ningún amigo. Su nacimiento se transmitió por internet —su madre se pintó los labios antes, para los seguidores y para el auspiciante de turno— y desde entonces cada momento de su vida, de la primera ecografía a la charla sobre la menstruación, terminó en @our_bright_life, la cuenta con la que Stella y Chris convirtieron la vida doméstica en una empresa. “Babystar”, el primer largometraje de ficción del alemán Joscha Bongard, que llega este jueves a las salas locales, arranca ahí.
“La planteamos como una sátira, como una exacerbación de la realidad”, explicó el director, de 32 años, a la radiotelevisión pública de Hesse. El problema, contó en otras entrevistas, es que la realidad corría más rápido: cada vez que él y su coguionista, Nicole Rüthers, querían exagerar algo, encontraban en la web una versión todavía más extrema, y más de una trama inventada se volvió real a los pocos meses. La escena del parto, por ejemplo, está tomada casi textual de videos que circulan en YouTube.
Bongard conoce el paño. En 2016 trabajó en TubeOne, una red de Colonia dedicada a manejar youtubers, en plena fiebre del oro de las plataformas, cuando a pibes salidos de su cuarto se les pagaban sumas absurdas. Después filmó “Pornfluencer” (2022), un documental sobre una pareja muy joven que vive de subir sus videos porno. “Pasé de capitalizar la vida sexual a capitalizar a un hijo”, resumió en Close-Up Culture. “Babystar” fue además su trabajo de graduación en la Filmakademie de Ludwigsburg, con Maren Ade —la directora de “Toni Erdmann”— como tutora.
Lo interesante es que el dedo no apunta a los padres. “No quiero criticar a los padres ni a las familias; me interesa el sistema”, dijo en Toronto, donde la película tuvo su estreno mundial en 2025. Bongard admite que la tentación tiene su lógica: frente a la rutina de dos empleos que alejan a los adultos de sus hijos, exponerse en las redes promete estar juntos y vivir bien. Por eso los considera, también, víctimas. El problema de fondo es otro: “Las redes repiten la promesa del capitalismo de que cualquiera puede hacerse rico”, le dijo a la revista Cineville, y agregó que, aun así, nadie termina nunca de saciarse. En la película, Stella y Chris corren detrás de los números como quien persigue el horizonte.
“Hay que repensar si queremos mercantilizar todo lo que tenemos y cada vínculo íntimo”
Joscha Bongard,
director de “Babystar”
El blanco más filoso es la mercantilización de lo íntimo. “Hay que repensar si queremos mercantilizar todo lo que tenemos y cada vínculo íntimo”, planteó, y contó una anécdota que parece salida del guion: unos influencers con los que hablaron durante la investigación evaluaban comprar la casa vecina, que estaba en venta, solo para reformarla y hacer contenido con la obra.
La puesta en escena acompaña la tesis. Las secuencias de redes se filmaron con iPhone, como lo hacen las influencers, pero el resto va a contramano: colores apagados, planos fijos y abiertos, una cámara que a menudo mira a los personajes desde arriba para subrayar su soledad. Bongard se declara fanático de Ruben Östlund y Yorgos Lanthimos, y se nota en esa frialdad calculada. La casa funciona como una jaula dorada porque, según Bongard, quienes más se exponen en internet suelen vivir puertas adentro y muy aislados. Y un hallazgo: todas las marcas aparecen pixeladas. La idea, explicó, es obligar al espectador a verlas, porque de tanto tenerlas delante ya ni las registramos.
El estreno llega en un momento oportuno. “Los primeros bebés de YouTube se están volviendo adolescentes”, escribió el director en su declaración de intenciones, y algunos de ellos ya cuestionan en público a sus padres. En paralelo, Australia prohibió las redes a los menores de 16 y el Reino Unido anunció en junio una ley en la misma línea. Bongard desconfía de las prohibiciones: “Hay que proteger a los jóvenes, pero sobre todo formarlos”, dijo a la radio FluxFM, y señaló a los mayores de 40 como los que muestran las peores carencias frente a las pantallas. La película suma además un avatar de inteligencia artificial que, cuando lo imaginaron en 2023, parecía ciencia ficción y hoy ya resulta casi costumbrista.
Con Maja Bons sosteniendo todo a fuerza de primeros planos, “Babystar” no esquiva algunas obviedades —parte de la crítica le reprochó no decir nada nuevo—, pero acierta en lo que incomoda: el espectador también es parte del negocio. Bongard lo dice sin anestesia: “Las redes reflejan nuestro sistema capitalista, y eso es algo que tenemos que enfrentar”.
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