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“La caída de la ballena”: un Jonás moderno

Llega a los cines el thriller de supervivencia que filma a un buzo atrapado en el estómago de un cachalote de 60 toneladas. La producción eligió algo cada vez más raro en Hollywood: fabricar al monstruo de verdad

Por Redacción

Hay películas que se venden con una sola línea y “La caída de la ballena” es una de ellas: un buzo es tragado por un cachalote y tiene una hora de oxígeno para salir. El thriller de 20th Century Studios llega este jueves a las salas argentinas, después de una avant premiere en Puerto Madryn (no podía ser en otro lado), y adapta “Whalefall”, la novela que Daniel Kraus publicó en 2023. Detrás de cámara está Brian Duffield, el director de “Nadie te salvará”, que escribió el guion junto al propio Kraus, colaborador de Guillermo del Toro y George A. Romero.

La historia sigue a Jay Gardiner (Austin Abrams, de “Euphoria”), un joven que bucea frente a la costa central de California en busca de los restos de su padre, Mitt (Josh Brolin), con quien tuvo una relación áspera. En plena inmersión queda en medio de una pelea entre un cachalote y un calamar gigante y termina dentro del animal: 24 metros de largo, 60 toneladas de peso. La ballena ni siquiera registra que se lo tragó. Atrapado en la primera cámara del estómago, Jay tiene el reloj del tanque en contra y una sola herramienta a mano: lo que su padre le enseñó, aunque en su momento no haya querido escucharlo. Completan el elenco Elisabeth Shue, Jane Levy, John Ortiz y Emily Rudd, y entre los productores figuran Brian Grazer y Ron Howard, de Imagine Entertainment.

La idea, contó Kraus, nació de un video viral de unos kayakistas que quedaron, por accidente, dentro de la boca de una ballena. La pregunta que le quedó dando vueltas fue si alguien podía ser tragado de verdad. Los especialistas le respondieron que sí, en las condiciones adecuadas. El título, además, juega con un fenómeno real: la “caída de ballena” es el proceso por el que el cadáver de un cetáceo se hunde hasta el lecho marino y se convierte en un ecosistema.

UN ESTÓMAGO CON LATIDOS

Como no había forma de filmar dentro de un cachalote, Duffield decidió construirlo. El diseñador de producción Ramsey Avery coordinó un equipo que armó escenografías a gran escala, con el aporte de Wētā Workshop, el taller neozelandés de “Avatar”, que diseñó y fabricó los efectos. Hubo una cabeza de nueve metros con una lengua montada sobre un brazo animatrónico que podía abrirse y cerrarse bajo el agua, los dos estómagos del animal, el fondo de la boca y el esófago, suspendidos en un estudio. Según el director, en total se fabricaron unos seis estómagos, una boca para usar dentro y fuera del agua y un gran robot con forma de ballena.

El detalle más inquietante es fisiológico: como el corazón del cachalote está al lado del estómago, el decorado late durante toda la película y las paredes reaccionan a cada pulsación. Lo digital se usó sólo para enriquecer los ambientes; en el agua no hubo pantalla verde. Abrams está físicamente dentro de la boca de una ballena.

Ese realismo tuvo un costo. El set podía llenarse de agua, pero al vaciarlo el estómago cambiaba de forma de un día para otro, y el storyboard y las previsualizaciones planificadas durante meses quedaron inservibles una vez adentro. Abrams lo resumió con humor: nunca imaginó que su trabajo incluiría lubricar el esfínter de una ballena.

EL ACTOR EN LA PANZA

El protagonista hizo casi todas sus escenas de riesgo y pasó horas solo, cubierto de baba, dentro del estómago artificial. Lo definió como lo más demencial que hizo en su vida. Duffield fue más lejos: según él, todo el equipo la considera lo más difícil que hizo, y el solo hecho de sentar a Abrams dentro de la ballena ya era una escena de riesgo.

La preparación empezó lejos del set. Antes del rodaje, Abrams viajó a un santuario de cachalotes cerca de la isla de Dominica, en el Caribe, con el documentalista Patrick Dykstra. Hacía nueve días que nadie veía a los animales, pero aparecieron las dos jornadas que el actor pasó ahí.

Para Duffield, de hecho, la película es lo contrario de “Tiburón”: si Spielberg convirtió a un escualo en monstruo, él quiere que el público vea a la ballena como la heroína. Según el director, los especialistas en cetáceos recibieron bien la película y esperan que despierte curiosidad por estos animales. Un dato que en Puerto Madryn, seguramente, van a festejar.

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