Hubo novia, hubo Madonna y hubo beso. Este fin de semana, mientras Lali realizaba su tercer Monumental y cerraba la era de “No vayas a atender cuando el demonio llama”, Tini Stoessel apareció con el pelo rosa y vestida de novia para cantar “Like a Virgin”. A mitad de la canción se sumó Marilina Bertoldi y las tres recrearon el beso que Madonna y Britney se dieron en los VMA de 2003. Después vino “Un amor”, a dúo. Y los discursos: Tini recordó que vio crecer a Lali desde el living de su casa, entre meriendas; Lali contestó que la invitación era por las niñas que fueron y, sobre todo, por las mujeres en que se convirtieron.
Era la primera vez que compartían escenario. Y el estadio lo celebró como se celebra un armisticio. Porque durante más de una década, Lali y Tini sostuvieron una guerra fría de manual. Nunca hubo un disparo directo ni una declaración hostil, pero el conflicto siguió vivo gracias a terceros. Como en los tiempos de Washington y Moscú, los combates se libraban en territorios ajenos: el “timeline” de Twitter, los comentarios de Instagram, los paneles de la tele de la tarde.
Las trayectorias paralelas facilitaban la comparación. Las dos salieron de la fábrica de ficciones infantiles: Lali de “Chiquititas” y “Casi Ángeles”, Tini de “Violetta”. Las dos saltaron al pop y las dos terminaron en el sillón rojo de “La Voz Argentina”. Pero el “casus belli” fue otro, más de revista del corazón: Peter Lanzani. Lali y Peter se conocieron adolescentes en “Chiquititas” y vivieron el romance juvenil más fotografiado de su generación, hasta separarse hacia 2010. A fines de 2013, Lanzani empezó a salir con Tini, siete años menor que él. Duraron un par de años, y alcanzó para que los fandoms convirtieran el asunto en un Boca-River: team Lali o team Tini.
El propio Peter intentó alguna vez desactivar el mito. “Me parece increíble enemistarlas”, dijo en 2022, y calificó de hipócrita la costumbre de enfrentar a todos contra todos. Nadie le hizo mucho caso.
Es que la guerra tenía sus agentes. En 2023, una cuenta fan desenterró viejos tuits atribuidos a Alejandro Stoessel, padre y entonces mánager de Tini: un chiste según el cual Lali al revés era “Lila, casi Violeta” y un despectivo “mi hija es mejor que esa cosa”. El mismo hilo acusaba a la madre, Mariana Muzlera, de haber compartido mensajes agresivos, y a la propia Tini de haber retuiteado un montaje con un disco de Lali en un tacho de basura. Son pruebas de archivo reconstruidas por fans con su propia agenda. Pero leídas hoy funcionan como el mapa de una rivalidad que siempre se dejó hablar por otros.
EL DESHIELO
El deshielo empezó hace rato. En 2022 se daba por hecha una colaboración que nunca llegó. Una foto de ambas en un estudio de Madrid desató teorías, hasta que Lali aclaró que había sido una noche de copas en la casa de un amigo músico. Contó también que se mandaron demos (ella le ofreció “N5”, pero Tini no se encontró en la canción) y que ninguna terminó de cuajar. En 2025, Tini fue con Rodrigo De Paul a ver a Lali en Vélez y le dedicó un “Hermosa” en sus stories.
Pero una cosa es la distensión y otra el tratado de paz firmado ante unas 80.000 personas. Y el momento no parece casual. Desde hace semanas, Tini atraviesa la batalla más dura de su vida pública. Dejó la representación de su padre, pidió una auditoría sobre su patrimonio y quedó enfrentada con Alejandro Stoessel y Mariana Muzlera por la administración de la fortuna que generó desde chica. A principios de septiembre, Lali ya había tirado una señal en X: “Aguante el pop rock de chicas bárbaras”.
Este fin de semana, en gesto sororo, terminó de cerrar la grieta. Y hay una ironía difícil de pasar por alto: al hombre al que se le atribuyen los primeros tiros de esta guerra fría es hoy el adversario de su propia hija, y la supuesta enemiga es quien le abre las puertas de River. “Por las niñas que fuimos”, dijo Lali. Dos niñas a las que la industria, y a veces la propia casa, les enseñó a competir. Y que ahora, grandes, eligieron no hacerlo.
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