“Mis muertos tristes”, adaptación de relatos de Mariana Enríquez, se estrenó este lunes en el Festival de San Sebastián y este jueves llegará a Netflix. ¿Una serie argentina? La dirige el chileno Pablo Larraín, pero la miniserie tiene un fuerte acento argentino: está basada en relatos de Mariana Enriquez, se filmó en el barrio Piedrabuena y la protagonizan Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner y Carolina Sánchez Álvarez.
En el festival vasco se exhibió como una película de 187 minutos; en la plataforma llegará dividida en cuatro episodios, con una duración total de 201. Es, además, el regreso de Larraín a América Latina después de una etapa de películas en inglés, entre ellas la trilogía sobre Jacqueline Kennedy, Diana de Gales y Maria Callas.
Morán interpreta a Ema, una médica recién jubilada que puede conversar con los muertos, incluida su madre, fallecida hace poco, con quien vive. La llegada desde Estados Unidos de su hermana (Flechner), su cuñado y su sobrina Julie, que parece compartir el don, coincide con el asesinato de tres adolescentes en Piedrabuena, y juntos desatan un fenómeno que rompe el frágil equilibrio entre vivos y muertos. Lo que era una carga privada de Ema se expande por todo el barrio. Fonzi es la hija de la protagonista.
Morán explicó que el don atravesó a su personaje desde la infancia y le forjó un carácter sin miedo ni culpa, alguien que dice las cosas como son a quien sea. El desafío, contó, fue un trabajo de enorme minimalismo sin caer en la inexpresividad, y en las escenas con Fonzi le costó no ser la madre sobreprotectora que es en la vida real. Sobre el tono, fue clara: “No es estrictamente género de terror, lo veo más como fantástico y social”.
La actriz valoró también que la serie incomode. A su juicio, lo perturbador es una forma de confiar en la capacidad del espectador: “No hay que explicar todo”. Y señaló un costado inquietante: cuando filmaron todavía no había ocurrido el triple crimen de Florencio Varela; al enterarse, se comunicó con Larraín, quien le dijo que a veces la ficción anticipa la realidad.
La serie adapta cuatro cuentos de Enriquez: el homónimo, “Cuando hablábamos con los muertos”, “Julie” y “Un lugar soleado para gente sombría”. La autora trabajó el guion junto al director, y en la escritura participaron también Guillermo Calderón y Anastasia Ayazi, en una coproducción chileno-argentina de Fabula y K&S Films.
FANTASMAS COMO LA MEMORIA
Para Enriquez, sus fantasmas no son solo figuras del miedo: “Los relatos de Mis muertos tristes plantean a los fantasmas como la memoria”. Según explicó, son aquello que vuelve y no puede calmarse porque está ligado a la injusticia, y la historia deja abierta una pregunta sobre qué hacer con ellos.
Larraín, por su parte, destacó el involucramiento de la escritora: frente a un universo tan complejo y sofisticado, dijo, hay que entrar en él y cuidarlo durante todo el proceso, traduciendo a otro lenguaje sensaciones y emociones que en la literatura aparecen de forma abstracta.
Morán leyó en el proyecto una señal de época. Observó que la literatura argentina y el audiovisual nacional empezaron a dialogar, con autoras como Enriquez y Claudia Piñeiro inspirando cada vez más guiones, en un momento en que “La virgen de la tosquera”, otra adaptación de Enriquez, representa a la Argentina en la carrera por los Goya.
“Estos relatos plantean a los fantasmas como la memoria”
Mariana Enriquez,
autora de “Mis muertos tristes”
Los exteriores se rodaron en el barrio Piedrabuena, en Villa Lugano, y los interiores en Chile, con equipos de ambos países. Larraín lo describió como un lugar construido con viviendas sociales que “lentamente fueron abandonados, fueron dejados en el patio de atrás” y hoy están gobernados “por cierta forma de violencia”. Aun así, la experiencia fue gratificante: “Esa comunidad finalmente resultó ser muy amistosa”, dijo, y contó que “muchos de los extras y secundarios son de ahí”.
El director resumió el espíritu de la serie en una frase: para él, en el fondo “el terror está en lo cotidiano”.
La conferencia de prensa en San Sebastián derivó en una denuncia contra las políticas culturales de Argentina y Chile. Dolores Fonzi calificó de “pésimo” el estado del cine argentino tras el retiro del apoyo estatal del gobierno de Javier Milei: “La cultura es la memoria, es la identidad de los pueblos”, afirmó, y agregó que “gente desalmada gobernando pretende matar lo poco de alma que queda”.
Morán se expresó en la misma línea: habló de un momento difícil para la cultura, la escuela y la universidad, y cuestionó la idea, bajada desde el poder, de que la cultura es un gasto innecesario; para ella es siempre una inversión.
Larraín apuntó contra el gobierno de José Antonio Kast, que decidió “ignorar totalmente” la muerte del documentalista Patricio Guzmán la semana pasada, “revelando no solo la desidia y el desprecio, sino la infinita ignorancia de quienes nos gobiernan”.
“El terror está en lo cotidiano”
Pablo Larraín,
director de la miniserie
El gesto político también llegó a la alfombra roja: las cuatro protagonistas lucieron kimonos diseñados por Alfonso Barbieri y Sofía Bergallo con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”.
“Mis muertos tristes” compite por la Concha de Oro junto a otras dos producciones latinoamericanas, entre ellas “Glaxo”, del argentino Benjamín Naishtat. Los premios se entregan el sábado, dos días después de que la serie llegue a las pantallas de Netflix.
Cuándo: desde este jueves
Dónde: Netflix
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