Hay tartas que se ganan un lugar en la mesa por su sencillez y otras que conquistan desde el primer corte. Esta combina ambas virtudes: bajo una superficie gratinada aparece un relleno cremoso, con trozos de calabaza que aportan dulzura y espinaca que suma color y sabor. La ricota une los ingredientes sin borrar sus matices, mientras la masa ofrece el contraste crocante.
Es una preparación accesible, pensada para seis porciones, que permite aprovechar una tapa de tarta comprada y concentrar el trabajo en el relleno. El secreto está en cuidar la humedad de las verduras y darles el tiempo necesario en el horno.
LA CALABAZA ASADA HACE LA DIFERENCIA
El primer paso define buena parte del sabor. En lugar de hervir la calabaza, se cocina al horno: así pierde parte de su humedad, concentra su dulzura y puede desarrollar bordes ligeramente dorados.
Para comenzar, pelar 500 gramos de calabaza, cortarla en cubos y distribuirla sobre una placa. Rociar con un poco de aceite y llevar a horno a 200 grados durante unos 20 minutos, o hasta que esté tierna. Retirar y dejar entibiar.
Conviene conservar algunos trozos enteros al incorporar la calabaza al relleno. Le dan textura a la tarta y permiten reconocer su sabor en cada bocado.
EL PERFUME DE LA NUEZ MOSCADA
La espinaca necesita una cocción breve y un buen escurrido. Picar una cebolla mediana y rehogarla en una sartén con una cucharada de aceite de oliva hasta que quede transparente. Agregar 300 gramos de espinaca fresca, limpia, y cocinar durante dos o tres minutos, apenas hasta que pierda volumen. Retirar del fuego, dejar enfriar y escurrir muy bien.
En un bol, mezclar 300 gramos de ricota con dos huevos, 80 gramos de queso rallado y media cucharadita de nuez moscada. Salpimentar a gusto, teniendo en cuenta que el queso ya aporta sal.
Incorporar la cebolla y la espinaca. Por último, sumar la calabaza y mezclar con suavidad para integrar sin deshacer todos los cubos. La nuez moscada aporta un perfume cálido que acompaña especialmente bien a la ricota y a las verduras.
UNA CUBIERTA DORADA PARA COMPLETAR EL PLATO
Forrar una tartera de 24 a 26 centímetros de diámetro con una tapa de masa y pinchar la base con un tenedor. Distribuir el relleno, emparejar la superficie y terminar con 50 gramos de mozzarella en trozos y una cucharada de queso rallado.
Llevar a horno precalentado a 190 grados durante 35 a 40 minutos, hasta que la masa esté dorada, el relleno firme y la cubierta gratinada. Entre el asado de la calabaza y la cocción final, la receta requiere alrededor de una hora de horno, además del tiempo de preparación.
Al retirarla, dejar reposar unos diez minutos antes de cortar. Esa pausa ayuda a que el relleno se asiente y permite servir porciones más parejas.
LOS DETALLES QUE ASEGURAN UN BUEN RESULTADO
La humedad es el punto que merece más atención: la calabaza debe estar tierna, pero sin exceso de líquido, y la espinaca bien escurrida. Si la ricota tiene mucho suero, también conviene escurrirla antes de utilizarla.
Para llevar a la mesa, alcanza con una ensalada de hojas verdes y una vinagreta sencilla. Su frescura acompaña la cremosidad del relleno y el sabor del queso gratinado. La tarta también puede prepararse con anticipación y llevarse al trabajo: una receta cotidiana con pequeños cuidados que hacen la diferencia.
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