La idea de que una máquina pueda “leer la mente” dejó de pertenecer exclusivamente a la ciencia ficción. Un nuevo modelo de inteligencia artificial desarrollado por investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel, logró reconstruir imágenes a partir de la actividad cerebral de una persona, en un avance que abre nuevas posibilidades para la neurociencia y las interfaces entre el cerebro y las computadoras.
El sistema, denominado Brain-IT, puede analizar las señales producidas por el cerebro mientras una persona observa una imagen y utilizar esa información para generar una representación visual de lo que está viendo. En otras palabras, la inteligencia artificial no recibe directamente la fotografía: intenta reconstruirla a partir de la actividad cerebral asociada con la percepción visual.
El desarrollo fue realizado por un equipo del laboratorio de la profesora Michal Irani, del Instituto Weizmann. La principal innovación de Brain-IT está en su capacidad para identificar patrones de actividad cerebral que se repiten entre diferentes personas. Esto permite que el modelo pueda adaptarse a un nuevo individuo con aproximadamente una hora de entrenamiento, un tiempo considerablemente menor al requerido por sistemas anteriores.
¿Cómo funciona?
Cuando una persona observa una imagen, distintas regiones de su cerebro comienzan a procesar características como formas, objetos, colores y relaciones espaciales. Esos procesos generan patrones de actividad neuronal que pueden registrarse mediante técnicas de neuroimagen.
Brain-IT utiliza inteligencia artificial para interpretar esos patrones y relacionarlos con las características visuales que está procesando el cerebro. A partir de allí, genera una imagen que busca representar aquello que la persona está observando.
Una de las claves del sistema es que no necesita aprender desde cero cómo funciona el cerebro de cada individuo. En lugar de eso, aprovecha patrones compartidos entre distintas personas y realiza una adaptación relativamente breve para interpretar la actividad cerebral de un nuevo usuario.
Esto supone un avance importante frente a los métodos anteriores, que podían requerir muchas horas de registros individuales antes de conseguir resultados precisos.
Aunque la expresión “leer la mente” resulta impactante, el avance tiene límites importantes. Brain-IT no permite conocer de manera indiscriminada todo lo que una persona piensa, ni puede acceder a sus recuerdos, secretos o pensamientos privados como si fueran un archivo abierto. El sistema trabaja sobre determinados patrones de actividad cerebral y, en este caso, busca reconstruir principalmente información visual que la persona está percibiendo.
La diferencia es fundamental: la tecnología interpreta señales cerebrales asociadas con una experiencia concreta, en lugar de traducir directamente el pensamiento humano en palabras o imágenes.
Sin embargo, el avance resulta significativo porque demuestra hasta qué punto los patrones de actividad cerebral contienen información que puede ser interpretada por modelos de inteligencia artificial.
Las tecnologías capaces de traducir actividad cerebral en información comprensible por una computadora podrían contribuir en el futuro al desarrollo de nuevas interfaces cerebro-computadora. Estas herramientas podrían resultar especialmente relevantes para personas que, por determinadas enfermedades o lesiones, tienen dificultades para comunicarse o interactuar con dispositivos convencionales.
La investigación también puede ayudar a los científicos a comprender mejor cómo el cerebro procesa la información visual y qué patrones son compartidos entre diferentes individuos.
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