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El fenómeno de El Niño vuelve a poner en alerta a la provincia de Buenos Aires

En un nuevo informe, la Organización Meteorológica Mundial estima una probabilidad superior al 90% de que se instale durante el segundo semestre de 2026. Cuáles son las zonas que podrían verse más afectadas

Alertan por el impacto que puede llegar a tener el fenómeno de El Niño / IA

Por Redacción

La posibilidad de que El Niño regrese durante la segunda mitad de 2026 dejó de ser una advertencia lejana para convertirse en uno de los principales focos de atención de meteorólogos, organismos internacionales y áreas de gestión del riesgo. El calentamiento del océano Pacífico ecuatorial, observado durante los últimos meses, encendió las alertas por el posible inicio de un nuevo ciclo capaz de alterar el régimen de lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta.

La Organización Meteorológica Mundial informó que la probabilidad de que se desarrollen condiciones de El Niño supera el 90% para la segunda mitad del año. Aunque todavía no está definida su intensidad, los modelos climáticos coinciden en que podría tratarse de un evento al menos moderado, con chances de alcanzar una magnitud fuerte. Ese margen de incertidumbre es, justamente, el punto que más preocupa: no permite anticipar con exactitud qué ocurrirá, pero sí obliga a preparar escenarios de prevención.

En la Argentina, El Niño suele estar asociado a un aumento de las precipitaciones en el Litoral, la Cuenca del Plata y buena parte del centro del país. A diferencia de La Niña, vinculada en los últimos años con sequías severas y estrés hídrico, este fenómeno suele traer mayor disponibilidad de humedad. Esa condición puede resultar positiva para sectores castigados por la falta de agua, como la producción agropecuaria, pero también puede derivar en tormentas intensas, crecidas de ríos, anegamientos urbanos e inundaciones.

La discusión entre los especialistas ya no pasa tanto por si el fenómeno se consolidará, sino por cuánta fuerza tendrá y cómo se combinará con un clima global más cálido. Ese dato no es menor: con océanos y atmósfera más calientes, los eventos extremos encuentran más energía disponible para desarrollarse.

EL RIESGO DE EXCESOS

Para el país, el regreso de El Niño abre un escenario complejo. Después de un período marcado por lluvias escasas, pérdidas productivas y suelos secos en varias regiones, la llegada de un ciclo más húmedo podría aliviar parte de ese panorama. Sin embargo, el mismo fenómeno que puede mejorar las reservas de agua también puede poner en tensión a las ciudades, los sistemas de drenaje y las zonas bajas expuestas a desbordes.

Los antecedentes históricos explican la cautela. Eventos fuertes de El Niño, como los registrados en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, estuvieron asociados a inundaciones importantes en distintas zonas de Sudamérica. En Argentina, los impactos más severos suelen concentrarse en el noreste, el Litoral y la Cuenca del Plata, aunque el centro del país y el norte bonaerense también pueden verse afectados por lluvias superiores a lo normal.

Según los especialistas, no todos los episodios se comportan igual. La intensidad del calentamiento del Pacífico, el momento del año en que alcanza su pico y la interacción con otros factores climáticos regionales pueden modificar el resultado final. Por eso, aunque algunos modelos muestran escenarios de fuerte intensidad, los meteorólogos evitan hablar de certezas absolutas.

Lo que sí aparece como una recomendación común es la necesidad de anticiparse. El mantenimiento de canales, zanjas, arroyos, sumideros y sistemas de drenaje es señalado como una medida de bajo arrepentimiento: si las lluvias son intensas, permite reducir daños; si finalmente el fenómeno no alcanza una magnitud extrema, la infraestructura queda igualmente fortalecida.

BUENOS AIRES, UNA PROVINCIA BAJO OBSERVACIÓN

La provincia de Buenos Aires aparece entre las jurisdicciones que siguen de cerca la evolución del fenómeno. No se trata sólo de una cuestión climática, sino también territorial: la combinación de grandes centros urbanos, zonas rurales productivas, cuencas hídricas extensas y áreas históricamente vulnerables a inundaciones obliga a mirar el fenómeno con atención.

El Gobierno nacional ya inició una instancia de coordinación con provincias de la Cuenca del Plata, entre ellas Buenos Aires, para analizar antecedentes, revisar información técnica y evaluar posibles impactos. La preocupación central está puesta en las lluvias por encima de los valores normales, las tormentas severas y la capacidad de respuesta ante eventos concentrados en pocas horas.

En el territorio bonaerense, el riesgo no se distribuye de manera uniforme. El norte provincial, el Conurbano, las zonas ribereñas, los barrios bajos y los sectores atravesados por arroyos o canales suelen estar más expuestos ante precipitaciones persistentes o muy intensas. En áreas rurales, el exceso de agua también puede complicar caminos, cosechas, siembras y logística.

El Plan de Prevención del Riesgo Hídrico en Ciudades contempla obras para ampliar canales de alivio y mejorar la respuesta frente a eventos de lluvia, especialmente en sectores urbanos vulnerables. Sin embargo, una parte importante de esas intervenciones aún permanece en ejecución. Ese dato vuelve central la preparación previa a la temporada de mayor riesgo.

EL GRAN LA PLATA

En el Gran La Plata, hablar de lluvias intensas no es un tema abstracto. La Región arrastra una memoria muy fuerte vinculada a eventos extremos y a las dificultades que genera la combinación de urbanización, arroyos entubados o canalizados, crecimiento sobre zonas bajas y desagües exigidos por tormentas cada vez más concentradas.

La Plata, Berisso y Ensenada comparten una geografía atravesada por cursos de agua, áreas densamente pobladas y sectores donde los anegamientos aparecen cada vez que las lluvias superan determinados umbrales. En ese contexto, un eventual ciclo de El Niño fuerte podría aumentar la probabilidad de episodios complicados, sobre todo durante la primavera y el verano, cuando la atmósfera suele disponer de mayor energía para desarrollar tormentas severas.

Esto no significa que cada lluvia vaya a derivar en una emergencia. Los especialistas insisten en diferenciar riesgo de certeza. El Niño no produce automáticamente inundaciones, pero sí modifica las condiciones de base: aumenta la probabilidad de lluvias abundantes y, con ello, la necesidad de tener preparados los sistemas de respuesta.

En barrios con zanjas obstruidas, desagües insuficientes, calles que acumulan agua o arroyos cercanos, la prevención cobra una importancia mayor. La limpieza de sumideros, el retiro de residuos de canales, el monitoreo de cuencas y la comunicación temprana con los vecinos pueden marcar diferencias importantes ante tormentas fuertes.

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