Durante las últimas dos décadas, las enormes fortunas y fondos vinculados con los países del Golfo Pérsico transformaron buena parte del negocio deportivo mundial y encontraron en el fútbol una plataforma privilegiada.
El caso paradigmático de Qatar es el Paris Saint-Germain. Qatar Sports Investments tomó el control del club francés en 2011 y desde entonces realizó inversiones extraordinarias para convertirlo en una potencia internacional. Por París pasaron, entre otros, Neymar, Kylian Mbappé y Lionel Messi, mientras el PSG se convirtió simultáneamente en una formidable plataforma de posicionamiento global para Qatar.
En Inglaterra, el Manchester City experimentó una transformación semejante después de quedar bajo el control de capitales de Abu Dabi, en Emiratos Árabes Unidos. Años después, el fondo soberano de Arabia Saudita avanzó sobre Newcastle United.
Son proyectos diferentes y pertenecen a países distintos, pero forman parte de un movimiento que convirtió al deporte en una herramienta de inversión, negocios, turismo, influencia y posicionamiento internacional para las potencias del Golfo.
Ese avance también se manifestó mediante patrocinios, organización de grandes eventos e inversiones en infraestructura. Qatar llevó esa estrategia hasta su máxima expresión con la organización del Mundial de 2022.
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