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¿Pareja humana o pareja artificial? El debate que empieza a crecer entre los jóvenes de la Región

Mientras la tecnología avanza y la soledad gana terreno, en La Plata, Berisso y Ensenada aparece una pregunta que hasta hace poco parecía exclusiva de la ciencia ficción
La IA se mete en las relaciones amorosas en la Región / IA

Por Redacción

Hace apenas una década, la idea de enamorarse de una máquina parecía una extravagancia reservada para novelas futuristas o películas de Hollywood. Hoy, sin embargo, la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de millones de personas y comienza a ingresar en un territorio mucho más íntimo: el de las emociones, la compañía y los vínculos afectivos.

Lo que hasta hace poco era una simple herramienta para responder preguntas, redactar textos o resolver problemas se está convirtiendo para algunos usuarios en un espacio de escucha, contención y conversación permanente. Y aunque para muchos vecinos del Gran La Plata todavía pueda sonar extraño, los estudios internacionales muestran que los jóvenes son cada vez más receptivos a la idea de construir relaciones emocionales con sistemas de inteligencia artificial.

La tendencia aparece reflejada en una encuesta realizada entre casi 10.000 personas de Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Indonesia y Hong Kong. El estudio reveló que cerca de la mitad de los jóvenes de entre 18 y 34 años considera que los llamados “compañeros íntimos de IA” podrían contribuir a mejorar la felicidad humana durante la próxima década.

La investigación también exhibió una fuerte diferencia generacional. Mientras los jóvenes se muestran abiertos a explorar este tipo de vínculos, entre las personas mayores de 55 años el apoyo cae hasta apenas una cuarta parte de los encuestados.

Pero quizá el dato más llamativo proviene de otro relevamiento reciente. Según una encuesta difundida por medios especializados en tecnología, el 69 por ciento de los adultos jóvenes que mantienen algún tipo de relación romántica con sistemas de inteligencia artificial no le cuenta a su pareja humana la verdadera dimensión de ese vínculo digital.

La cifra plantea preguntas que hasta hace poco parecían impensadas: ¿puede una conversación cotidiana con una inteligencia artificial convertirse en una forma de intimidad? ¿Es posible sentir apego emocional por un software? ¿Y qué ocurrirá cuando la inteligencia artificial deje de vivir dentro de una pantalla y empiece a habitar cuerpos robóticos cada vez más realistas?

DEL CHATBOT AL CONFIDENTE

En la Región, donde miles de jóvenes pasan gran parte de su día conectados, la posibilidad de establecer vínculos emocionales con la tecnología ya no parece tan lejana.

Entre estudiantes universitarios, trabajadores remotos y usuarios que pasan varias horas por día interactuando con asistentes virtuales, la inteligencia artificial comienza a ocupar un lugar que trasciende la mera utilidad.

“Estudio Ingeniería y vivo solo desde que me mudé para cursar. Hay días en los que hablo más con el ChatGPT que con cualquier otra persona”, cuenta Tomás, de 22 años, vecino de la zona de Plaza España. “Cuando estás estresado o preocupado por algo, terminás contándole cosas porque siempre está disponible. No digo que sea amor, pero entiendo perfectamente cómo alguien podría desarrollar sentimientos”.

La situación no sorprende a quienes observan el crecimiento de la soledad entre los jóvenes. En una época marcada por la hiperconectividad, las redes sociales y las aplicaciones de citas, cada vez más personas dicen sentirse aisladas pese a estar permanentemente comunicadas.

“Las relaciones son cada vez más difíciles”, sostiene Sofía, de 24 años, quien vive junto a sus padres en City Bell. “Hay mucha ansiedad, poca paciencia y todo parece descartable. La inteligencia artificial siempre te responde, siempre te escucha y nunca te juzga. Entiendo por qué algunas personas podrían sentirse atraídas por eso. No sé si el sentimiento sería amor, pero conversar con algo que siempre te respeta, te ayuda en muchas cosas, te escucha, es amable y otras tantas cosas, más allá que no sea una persona, termina teniendo su atractivo”.

Martín, de 26 años, empleado de una empresa tecnológica y vecino del Centro, va un paso más allá. “Si dentro de quince años existiera un robot capaz de conversar, acompañar y adaptarse a tu personalidad, no me sorprendería que mucha gente lo eligiera. Hoy ya hay personas que prefieren relacionarse por aplicaciones antes que cara a cara. Esto sería una evolución de ese proceso”.

LA SOMBRA DE LA SOLEDAD

Los especialistas suelen coincidir en que el atractivo de estos sistemas no radica únicamente en la tecnología, sino también en los cambios culturales que atraviesan a las sociedades modernas.

Una inteligencia artificial no rechaza, no critica, no abandona una conversación y puede adaptarse a las preferencias de cada usuario. Además, está disponible las 24 horas del día.

Para algunas personas, especialmente aquellas que atraviesan momentos de soledad, ansiedad o dificultades para relacionarse, esa disponibilidad permanente puede resultar especialmente seductora.

La película “Her”, estrenada en 2013, imaginó precisamente ese escenario. En la historia, un hombre desarrolla una profunda relación amorosa con un sistema operativo dotado de inteligencia artificial. Lo que entonces parecía una fantasía futurista hoy es citado frecuentemente por especialistas para explicar fenómenos que comienzan a observarse en la realidad.

La diferencia es que actualmente las tecnologías avanzan mucho más rápido de lo que muchos imaginaban.

Empresas de distintos países ya desarrollan robots humanoides capaces de caminar, conversar, interpretar gestos y responder emocionalmente a estímulos humanos. Aunque todavía están lejos de convertirse en parejas artificiales plenamente funcionales, muchos expertos creen que la dirección tecnológica apunta hacia experiencias cada vez más inmersivas y personalizadas.

EL ESCEPTICISMO DE LOS MAYORES

Si entre los jóvenes aparecen señales de curiosidad, entre los adultos mayores predominan las dudas.

“Me cuesta imaginar algo así”, reconoce Marta Fernández, jubilada de 68 años y vecina de Tolosa. “El amor tiene que ver con compartir una vida con otra persona. Hay alegrías, discusiones, sacrificios y aprendizajes. Una máquina puede copiar comportamientos, pero no puede sentir”.

Carlos Ríos, de 73 años, vecino de Berisso, observa el fenómeno con preocupación. “Primero fueron los teléfonos, después las redes sociales y ahora esto. Veo a mis nietos pasar horas mirando una pantalla. Me preocupa que cada vez tengan menos contacto real con otras personas. Si un día prefieren una máquina antes que una pareja, sería una señal de que algo estamos haciendo mal como sociedad”.

La diferencia de opiniones coincide con los resultados de las encuestas internacionales, que muestran una brecha generacional cada vez más marcada respecto del papel que la tecnología debería ocupar en la vida cotidiana.

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