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Auge de los delincuentes +50: qué hay detrás de una tendencia que crece

Las estadísticas muestran un aumento sostenido de internos de edad avanzada en las cárceles del país y también en las de La Plata. Especialistas advierten, sin embargo, que detrás del fenómeno conviven trayectorias criminales muy diferentes: viejos delincuentes que nunca abandonaron el delito y personas cuya actividad recién ahora fue descubierta

“Más allá de la edad, las trayectorias pueden ser variadas”. Fabián Quintero, doctor en Ciencias Naturales y profesor de Criminología de la UNLP
Horacio Couto, 65 años, uno de los detenidos por el intento de robo al Banco Provincia
Algunos de los detenidos por el intento de robo al Banco Provincia en Baradero / web

La imagen del delincuente joven, veloz y dispuesto a asumir riesgos extremos sigue ocupando el centro del imaginario colectivo. Sin embargo, en los últimos meses comenzaron a repetirse casos que rompen ese estereotipo: bandas encabezadas por hombres de más de 50 años, viejos conocidos de la Policía que reaparecen en investigaciones de alto impacto y un crecimiento sostenido de la población penitenciaria de mayor edad.

Las estadísticas acompañan esa percepción. En las cárceles federales, los presos mayores de 50 años aumentaron 19,1 por ciento en apenas cuatro años. Eran 1.537 en 2023 y hoy son 1.831, lo que representa el 14 por ciento de los casi 12 mil internos alojados en establecimientos dependientes del Ministerio de Seguridad de la Nación.

La tendencia también se observa en la provincia de Buenos Aires. El Servicio Penitenciario Bonaerense, que administra una población cercana a los 66.500 detenidos, incorporó entre 2025 y 2026 a 2.733 nuevos internos mayores de 50 años. Ya en 2024, el 13 por ciento de sus 55 mil presos superaba los 45 años.

En la Región, las cifras muestran la misma realidad. En las unidades penales y alcaidías de La Plata hay actualmente 10.221 detenidos. De ellos, 437 tienen más de 50 años y 829 son reincidentes.

MIRAR MÁS ALLÁ DE LA ESTADÍSTICA

Pero, ¿ese crecimiento significa que cada vez más personas comienzan a delinquir después de los 50 años? Para el antropólogo y profesor de Criminología de la Universidad Nacional de La Plata, Fabián Quintero, la respuesta exige mirar mucho más allá de una planilla estadística.

“La proporción de personas de mayor edad en las cárceles argentinas aumentó durante la última década. Sin embargo, ese dato no demuestra que exista una ola de hombres y mujeres que comienzan a delinquir después de los 50 años”, explica el especialista.

Para Quintero, uno de los principales errores consiste en interpretar la edad del detenido como si describiera el inicio de su carrera criminal.

“Las estadísticas penitenciarias muestran quiénes se encuentran en prisión en una fecha determinada. No indican necesariamente qué edad tenían cuando ocurrió el hecho. Tampoco permiten distinguir con claridad entre quienes comenzaron a delinquir tarde, quienes reincidieron después de años y quienes ingresaron jóvenes y envejecieron dentro de la cárcel”.

La diferencia no es menor. Un condenado de 65 años pudo haber cometido el delito a los 55; otro puede haber caído preso antes de cumplir los 50 y simplemente haber envejecido tras las rejas. Incluso puede existir alguien cuya actividad delictiva comenzó décadas antes, aunque recién haya sido descubierta en la madurez.

“Una edad, muchas posibles trayectorias”, resume el investigador.

LOS CASOS RESONANTES

Los casos resonantes registrados durante este año parecen alimentar la sensación de que los delincuentes veteranos están de regreso.

Uno de ellos ocurrió en junio, cuando una organización intentó concretar un espectacular robo mediante un boquete en una sucursal del Banco Provincia de Baradero. La investigación determinó que tres de los doce detenidos superaban los 50 años y que el presunto líder era Carlos Maidana, un ex policía federal de 59 años con un prontuario construido durante un cuarto de siglo, con antecedentes por piratería del asfalto, extorsión y falsificación de documentos.

Otro de los arrestados tenía 65 años y también acumulaba numerosos pasos por cárceles federales. Un investigador citado entonces por Infobae definió al grupo con una expresión que rápidamente se volvió viral: “Una ensalada de chorros viejos”.

Sin embargo, para Quintero tampoco esos episodios alcanzan para afirmar que existe una nueva generación de delincuentes tardíos.

“Precisamente por su rareza relativa, algunos episodios de alto impacto pueden producir la impresión de que estamos frente a un fenómeno nuevo y generalizado”, sostiene. Pero advierte que detrás de esas detenciones pueden coexistir carreras criminales persistentes, reincidencias, cambios de modalidad, incorporaciones tardías o actividades que recién ahora fueron descubiertas por el sistema penal.

LA BANDA DEL “VIEJO LOCATELLI”

La historia policial argentina ofrece numerosos antecedentes de delincuentes que llegaron a edades avanzadas sin abandonar el delito.

Hace casi una década cayó la banda encabezada por el llamado “Viejo Locatelli”, detenido a los 78 años junto a otros nueve acusados de cometer entraderas y asaltos de piratas del asfalto en el sur del Conurbano. La organización fue desbaratada tras una extensa serie de allanamientos realizados por efectivos de La Plata en distintos puntos del Gran Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

BONNIE AND CLYDE

También permanecen en la memoria judicial personajes como Juan Adduca y Raúl Millozzi, definidos como “los últimos de una especie de delincuentes supuestamente galantes”, especialistas en asaltar bancos y camiones blindados procurando evitar víctimas fatales. O Adolfo “El Narigón” Distacio, apodado junto a su novia como los Bonnie and Clyde por una larga saga de robos cometidos a fines de los ‘80 en La Plata: hoy está preso en la Unidad 12 de Gorina, purgando una condena que vence en 2029.

Para un experimentado investigador policial de la Región, hoy retirado, la explicación combina transformaciones sociales y culturales.

“En mi opinión el cambio del rango etario de los delincuentes obedece a varios factores. Uno es el consumo masivo de estupefacientes, que no es el excluyente. Otro, y para mí el más posible, es que se trata de generaciones que han vivido en familias inmersas en el delito, han ido a las cárceles a visitar a padres, tíos, abuelos, hermanos y crecieron con la ideología y la cultura de la delincuencia”.

El ex investigador agrega otro elemento que aparece repetidamente en las causas judiciales. “Los viejos ladrones que permanecen en el delito es como una cuestión que tiene cierto romanticismo; siempre van detrás del último gran golpe que los salve para siempre y, como no están aggiornados, terminan detenidos”.

LA EVOLUCIÓN DE LA TRAYECTORIA CRIMINAL

Quintero, en cambio, propone cambiar la pregunta. Más que indagar en las causas que llevan a una persona a delinquir a sus 55 o 60 años, plantea reconstruir cómo evolucionó su trayectoria criminal.

“Cuando una persona con antecedentes es detenida después de muchos años, suele decirse que volvió a delinquir. Sin embargo, un período sin detenciones no demuestra necesariamente un período sin actividad”.

El especialista explica que durante esos años pudo haber participado de organizaciones criminales desde lugares menos visibles: aportando información, administrando dinero, consiguiendo documentación falsa, facilitando vehículos o seleccionando objetivos para bandas integradas por delincuentes más jóvenes.

“La actividad continúa, pero disminuye la exposición física y policial”, resume.

A medida que envejecen, muchos delincuentes dejan de ocupar el lugar más riesgoso dentro de una organización, aunque conservan un activo difícil de reemplazar: la experiencia.

“Algunas capacidades físicas disminuyen con la edad, mientras que otros recursos pueden acumularse, como la experiencia, los contactos, el conocimiento del territorio, el acceso a policías corruptos y el dominio de circuitos comerciales o administrativos. En tal sentido, los delincuentes con experiencia desarrollan un capital delictivo que no muestran los jóvenes o delincuentes primarios”, detalla Quintero.

EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN PENITENCIARIA

Esa mirada ayuda a entender que el envejecimiento de la población penitenciaria no necesariamente refleja un fenómeno único. “Los datos permiten afirmar que la población penitenciaria argentina está envejeciendo. No permiten concluir que haya aparecido una ola homogénea de personas que comenzaron a delinquir después de los 50 años”, concluye el antropólogo.

Detrás del crecimiento de los presos mayores conviven historias muy diferentes: carreras delictivas que nunca se interrumpieron, reincidencias luego de años de alejamiento, delitos que permanecieron ocultos durante décadas, cambios de función dentro de organizaciones criminales y, en menor medida, verdaderos ingresos tardíos al mundo del delito. Comprender esa diversidad, sostiene el investigador, es el primer paso para interpretar un fenómeno que recién empieza a estudiarse con profundidad.

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