Cada 11 de septiembre, con la celebración del Dia del Maestro en nuestro país, se impone la oportunidad de reconocer el compromiso de quienes guían, enseñan y transforman vidas desde el aula de una escuela.
En ese marco, este viernes visitó los estudios de la radio La Redonda 100.3 la docente platense Ana María Stelman, quien llegó a ser considerada una de las diez mejores del mundo en 2021. Durante la entrevista, dejó sus reflexiones acerca de la actualidad del sistema educativo y, en particular, de las escuelas primarias, donde pasó más de cuatro décadas frente a cientos de alumnos de varias generaciones.
"Ser un buen maestro es mirar a los chicos a los ojos y poder entenderlos, sentirlos y ayudarlos a aprender de la mejor manera. Siempre depende de cada profesional. Hay que formarse bien y aprender, eso te lo va dando la experiencia. Puedo asegurar que yo aprendí muchísimo de mis profesores y de mis maestros. Aprendí lo que es la didáctica y la forma de llegar a cada uno, porque no todos aprendemos de la misma manera. La profesión va evolucionando pero siempre hay para aprender. Nunca se termina", comenzó diciendo acerca del rol de los educadores.
En 2021, Stelman alcanzó una distinción inédita para la educación platense al ser seleccionada entre los diez finalistas del Global Teacher Prize, el premio internacional impulsado por la Fundación Varkey en colaboración con la UNESCO y considerado el “Nobel de la Educación”. La docente fue elegida entre más de 8.000 postulantes de 121 países, gracias a una trayectoria construida en escuelas públicas de contextos vulnerables y a proyectos que combinaron innovación, inclusión y trabajo territorial.
Ya jubilada, Stelman ofrece la mirada de alguien que pasó toda su vida enseñando. "Todos tenemos cosas diferentes para dar, entonces.si uno quiere poner el aula en un nivel de igualdad, estará siendo injusto con un montón de chicos. Por eso yo siempre hablo de equidad, que es darle a cada uno lo que necesita, a partir de lo que puede dar. Y ahora, con las aulas tan diversas como están, es muy importante esa perspectiva".
En tal sentido, destacó la relevancia del entorno familiar y de la formación que cada chico lleva de su casa a la escuela. "Eso influye un montón. Es el piso sobre el cual nosotros empezamos a trabajar. Los docentes no podemos caer en el aula desde nuestra realidad intentanto imponer nuestros ideales o nuestra idea de lo que es enseñar, sin tener esa mirada".
Y agregó: "Yo siempre trabajé en escuelas de la periferia de la Ciudad, en comunidades vulnerables que tienen determinadas características. Igualmente, esto va para todos: la responsabilidad de la formación de nuestros hijos es de toda la sociedad. La exigencia debería ser de la familia y de la institución, pero a veces pasa, y lo veo en las escuelas en las que he trabajado, que las familias no saben que es lo que el chico necesita. Cuando entré a la docencia, allá por 1985 o 1986, la familia iba a la escuela para buscar respuestas o consejos pero sabía que la escuela le iba a permitir a su hijo el ascenso social. Yo veo que eso se fue perdiendo, pero no por desinterés sino por falta de formación, por ignorancia. Hay papás que no saben leer ni escribir. Lo comprobamos en la pandemia. Nosotras mandábamos contenidos y los padres no podían ayudar a hacer los deberes. Entonces, ese contexto hace que el chico trabaje solo en el grado y que lo que se da en la escuela es lo único con lo que cuenta".
En otro orden, Stelman sostuvo que existe una distancia cada vez más marcada entre quienes diseñan las políticas educativas y quienes todos los días están al frente de un aula. "El territorio es importante y la lectura del territorio también. Yo lo planteo en mi libro (N. de la R.: "Maestra de trinchera: Del aula al mundo", editado en julio de este año): qué pasa cuando choca la teoría que baja de los escritorios, con ideas que son buenas pero que no conocen la realidad. No tienen los pies en la tierra. Nuestra provincia es muy grande, nuestro paìs es muy grande, tienen realidades diametralmente opuestas. Entonces volvemos otra vez al concepto de equidad: no todas escuelas o los chicos pueden dar lo mismo pero sí pueden dar un montón".
En esa línea, agregó: "Es un discurso bastante perverseo, creo yo. Por un lado te dicen que vos tenés que dar determinados contenidos que están en el diseño curricular y eso es lógico, porque tenemos que tener un orden para trabajar y el maestro tiene la posibilidad de hacer las adaptaciones que considere. El problema es cuando se pretende evaluar desde algo standarizado, ahí hay escuelas que no quedan bien paradas".
Profundizando en su punto de vista, hizo referencia al aporte que realizan las pruebas Aprender o el programa PISA, que evalúan los logros de aprendizaje en los estudiantes. "Yo creo que es importante la foto a nivel global para saber cómo va la educación en términos generales. Pero después, a nivel local, uno lo tiene que analizar de otra manera, porque hay factores que influyen en esos resultados. Por ejemplo, el ministro de Educación de Paraguay dijo algo importante sobre las últimas evaluaciones. Recordó que en su país hay un 35% de alumnos que tienen al guaraní como su lengua materna. Si las pruebas son en español, eso es un factor determinante. Por eso, no es cuestión de negar los resultados, porque son importantes, pero sí es necesario analizarlos de manera local".
Volviendo al rol del docente, volvió a poner el énfasis en la importancia de la formación y comprensión del docente, para ofrecer las mejores herramientas a sus alumnos: "Los manuales autorizados que llegan a la escuela primaria son muy pobres en contenido y hay maestros que saben lo del manual, nada más. Y el maestro tiene que ser un orientador, no necesariamente tiene que saber todas las respuestas pero sí tiene que enseñar a hacer las preguntas. En definitiva, orientar a los estudiantes a ver donde encontrar las respuestas y cuáles son las mejores".
La entrevista completa, en el audio adjunto:
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