La frontera entre protección y sobreprotección puede resultar difícil de detectar. Para Noelia Arcaro, una herramienta útil es la denominada “distancia óptima”, para estar disponibles y facilitar, pero sin apropiarse del conflicto. Ese criterio puede cambiar según la edad. La psiquiatra María Paola Piñeiro señala distintas oportunidades de desarrollo: entre los 2 y los 5 años comienza a consolidarse el control inhibitorio y se puede trabajar especialmente sobre la espera y la tolerancia a la frustración; entre los 6 y los 12 se fortalece la memoria de trabajo y aparecen mayores posibilidades de resolver conflictos interpersonales de manera autónoma; durante la adolescencia adquieren especial importancia la gestión del riesgo y la toma de decisiones con supervisión.
Las especialistas coinciden en que no se trata de aplicar una receta idéntica para todos los chicos, ya que la autonomía se construye gradualmente y siempre necesita un adulto presente.
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