En los últimos años creció en forma notoria el consumo de la vitamina D como medicamento y con eso, en los últimos meses, las versiones en la Ciudad sobre la dificultad para conseguirla en las farmacias. Falso, según las consultas que realizó este diario en el sector: la industria reaccionó con diferentes presentaciones y no hay problemas de provisión.
Para entender el cuadro hay que ir hasta la emergencia sanitaria por el COVID-19, que transformó hábitos y prioridades médicas. A varios años del final, sus secuelas en los protocolos de salud preventiva siguen manifestándose. Una de las consecuencias es el aumento sostenido en la demanda, prescripción y consumo de vitamina D, un fenómeno impulsado tanto por la recomendación médica como por un cambio en la percepción de los pacientes.
El punto de inflexión se dio durante los meses de aislamiento. El encierro redujo drásticamente la exposición al sol -la principal fuente natural para la síntesis de esta sustancia en la piel-. Al tiempo que diversos estudios científicos comenzaron a vincular los niveles bajos de vitamina D con respuestas inmunológicas deficientes.
Jorge Mazzone, presidente del Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires (Distrito 1), explicó la génesis de esta tendencia: “Esto tiene una historia que comienza con la pandemia, en donde la gente, por estar tanto en encierro, y a su vez se empezó a demostrar que la disminución de vitamina D tenía cierta relación con las respuestas sintomatológicas deficientes, empezaron a hacerse dosajes. La mayoría de los controles clínicos, la mayoría de los médicos, piden los dosajes y se ha detectado que muchas personas tienen deficiencia de vitamina D”.
Mazzone destacó además que, si bien la suplementación abarca a hombres y mujeres de distintos rangos etarios, impacta con particular intensidad en el público femenino debido a su rol decisivo en la salud ósea y la prevención de la osteoporosis. “Hay un mayor consumo y mayor dosificación de vitamina D en estos momentos desde la pandemia a la fecha”, concluyó el profesional.
impacto en las farmacias
El incremento en los monitoreos clínicos se trasladó de inmediato al mostrador de las farmacias. El volumen de recetas y ventas de suplementos de vitamina D mantiene un ritmo constante y en ascenso desde hace más de tres años.
Agustín Kostiria, presidente del Colegio de Farmacéuticos de La Plata, confirmó la continuidad del fenómeno: “Hace dos o tres años aumentó muchísimo la venta y el consumo de vitamina D. La realidad es que los médicos le están indicando a casi todo el mundo el tratamiento por tres, cuatro o seis meses ”.
diversificación del mercado
Para acompañar este boom, la industria farmacéutica amplió su oferta y diversificó las presentaciones del producto para mejorar la adherencia. Según precios de referencia, la caja de tres capsulas blandas ronda entre los 27.000 y 32.000 pesos.
Un farmacéutico del área de Parque San Martín detalló que “aumentó un montón la demanda, pero también la oferta, porque son más los laboratorios que fabrican vitamina D y en distintas formas. Antes, era en gotas, después pasamos a solución bebible y ahora ya estamos en cápsulas blandas.”
La combinación de una mayor concientización clínica sobre el sistema inmune, el control preventivo sistemático en los chequeos de rutina y la diversificación de formatos comerciales convirtieron a la vitamina D en uno de los suplementos con mayor presencia en la vida cotidiana de la población postpandemia.
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