La escena se repite a diario en el playón de 3 y 48: jóvenes que repasan mentalmente las prioridades de paso antes de subir al auto, padres que esperan con un mate en la mano el resultado del examen y aspirantes que, después de golpear un cono o de olvidar una luz de giro, bajan del vehículo con la frustración escrita en la cara. Algunos celebran la licencia como si acabaran de recibir un título universitario. Otros vuelven a casa haciendo cuentas para saber cuándo podrán volver a intentarlo, sin perder de vista que tienen un plazo acotado para hacerlo.
En ese escenario, que desde octubre de 2024 reemplazó al viejo predio donde se realizaban las pruebas prácticas, una cifra resume el fenómeno: actualmente, cerca del 80 por ciento de quienes rinden en La Plata desaprueba alguno de los exámenes necesarios para obtener la licencia de conducir.
El dato surge del propio Municipio, que sostiene que las evaluaciones son hoy más rigurosas y que la principal dificultad no está en el sistema, sino en la preparación de los aspirantes. Cada día se toman entre 80 y 140 exámenes y, según fuentes oficiales, el mayor porcentaje de los “bochazos” ocurre porque muchos llegan con poca práctica o sin dominar aspectos básicos de la conducción.
“SE SUPONE QUE ESTÁN LISTOS PARA MANEJAR, PERO...”
“Se supone que cuando alguien viene a rendir ya está listo para manejar. Sin embargo, gran parte de los desaprobados es gente que no se preparó lo suficiente o insiste sin haber corregido los errores”, explican desde la comuna.
La estadística convive con otro dato que revela cómo cambió el proceso para acceder al registro: aprender a manejar dejó de ser una cuestión exclusivamente familiar. Cada vez más personas recurren a academias de conducción o deben alquilar un vehículo para rendir el examen, lo que convierte a la licencia en un objetivo que demanda una inversión considerable (ver aparte).
CAMBIOS EN EL BARRIO
Un dato que llama la atención es que alrededor del 60 por ciento de los exámenes prácticos se realiza con vehículos alquilados. El propio Municipio admite que preferiría que los aspirantes concurrieran con autos propios o familiares, aunque reconoce que para muchos jóvenes eso resulta imposible.
“Desalentamos el alquiler, pero terminó siendo una necesidad. Por eso incluso flexibilizamos algunos criterios vinculados al polarizado para que más personas puedan rendir con vehículos particulares”, señalan.
La necesidad de alquilar un auto para rendir terminó generando un pequeño mercado dentro y fuera del playón de exámenes. Dentro funcionan los vehículos pertenecientes a las cuatro academias habilitadas por el Municipio y la Provincia, aunque también existen otros oferentes en las inmediaciones que alquilan automóviles y motos por valores cercanos a los 20.000 y 10.000 pesos respectivamente.
“Tenemos Renault, Fiat y Ford, que son los que más pide la gente porque aprende a manejar con esos vehículos”, cuentan.
La transformación del sector comenzó en octubre de 2024, cuando el Centro Administrativo Municipal (CAM) abrió sus puertas en diagonal 80 y 48 y centralizó los trámites vinculados con las licencias de conducir y las habilitaciones comerciales. A pocos metros quedó instalado el nuevo playón donde se desarrollan los exámenes prácticos, un cambio que modificó por completo la dinámica cotidiana de esa zona del centro platense.
Lo que antes no era más que una enorme playa de estacionamiento pasó a convertirse en un espacio donde conviven aspirantes, inspectores, instructores, familiares y comerciantes. En pocos meses aparecieron nuevos servicios vinculados con los exámenes y también escenas que reflejan la tensión propia del momento.
“LAS BALIZAS ANDABAN MAL”
“Las balizas andaban mal, hermano”, protestó hace unos días un joven después de ser desaprobado. Había alquilado el vehículo y, antes de irse, descargó su bronca con una frase que sintetiza el peso económico del examen: “Me salió 25 lucas. ¿Sabés cuánto gano yo por hora?”.
La presión económica también potencia los nervios. Lo sabe bien Lara, de 23 años, que necesitó tres intentos para conseguir su licencia. Había aprendido las maniobras básicas con sus padres, pero decidió complementar esa experiencia con una escuela de manejo. Tomó cinco clases, algunas destinadas exclusivamente a estacionar y otras para ganar confianza circulando por calles más transitadas.
“SI DESAPROBÁS ES PLATA TIRADA A LA BASURA”
Sin embargo, el examen resultó mucho más complejo de lo esperado. La primera vez tocó la valla durante el estacionamiento. La segunda volvió a desaprobar porque no había practicado una maniobra específica: estacionar a 45 grados. A eso se sumó el nerviosismo de sentirse observada. “Es un lugar abierto; la gente pasa y te mira”, recuerda, sin poder evitar la risa.
“También me daba cierta cosa porque estaba alquilando el auto para rendir. Sentía que era plata tirada a la basura si desaprobaba, encima era plata de mis papás”, recuerda.
La tercera vez decidió cambiar de estrategia. Un amigo le prestó su vehículo, pudo practicar previamente con el mismo auto y finalmente aprobó. “Ahí entendí que no era solamente una cuestión de nervios; era práctica y confianza con el vehículo”, resume.
Felipe tiene 22 años y su recorrido fue distinto. Intentó aprender con amigos que le prestaban el coche para practicar lo básico -arrancar, salir en primera, pasar los cambios-, pero cuando decidió sacar la licencia comprendió que necesitaba una formación más sistemática. Tomó cinco clases en una academia, practicó por calles de La Plata y Ensenada y terminó rindiendo en este distrito. “El examen fue bastante sencillo, una vuelta a la manzana y estacionar en tres maniobras”, cuenta. Aprobó en el primer intento.
La diferencia entre ambas experiencias refleja una realidad que observan tanto las academias como el Municipio: el nivel de preparación de quienes llegan a rendir es muy desigual. Mientras algunos acumulan horas de práctica con familiares o instructores, otros se presentan habiendo manejado apenas unas pocas veces.
“Obtuve mi licencia de conducir en el segundo intento”, recuerda Ciro, de 20 años, quien previamente tomó cinco clases de manejo y otras dos “específicas de estacionamiento para sentirme más seguro al volante”. También sumó horas de práctica con el coche familiar, “lo que me ayudó a ganar confianza y corregir errores”, dice.
“El examen práctico lo rendí con un Fiat Mobi. Aunque no aprobé la primera vez, la segunda experiencia me encontró mucho más preparado y tranquilo, y finalmente pude obtener el registro. Creo que la práctica constante y el apoyo de mi familia fueron claves para lograrlo”.
APLICACIÓN MÁS ESTRICTA DE LAS REGLAS
Desde el Municipio aseguran que el endurecimiento de las evaluaciones no implicó un cambio profundo de la normativa, sino una aplicación más estricta de reglas que ya existían. El examen teórico se organiza en tres bloques con preguntas eliminatorias vinculadas a velocidades máximas, prioridades de paso, señalización y normas de seguridad. En el práctico, la desaprobación es inmediata si faltan luces de señalización o si se incumplen maniobras consideradas esenciales para la seguridad vial.
Además, el Municipio ordenó los plazos del trámite. Desde el inicio de la gestión se unificó el límite de 45 días corridos para completar todo el proceso, tanto para aprobar el examen teórico como para obtener el práctico. En la práctica, un aspirante que aprueba la teoría dispone de hasta seis oportunidades -una por semana- para superar la prueba de manejo antes de que el expediente venza y deba comenzar de nuevo.
“Antes muchas veces se extendían los plazos para evitar reclamos; ahora se unificó todo en 45 días porque entendemos que quien inicia el trámite ya debería estar en condiciones de conducir”, argumentan las fuentes. La reorganización administrativa también modificó el funcionamiento cotidiano del sistema. El nuevo Centro Administrativo Municipal centralizó trámites que antes se realizaban en distintas dependencias y, según el gobierno local, permitió reducir pasos burocráticos y agilizar la carga de datos. En La Plata se gestionan alrededor de 100.000 licencias por año, de las cuales aproximadamente una cuarta parte corresponde a nuevos aspirantes.
“NO ES UN SIMPLE DOCUMENTO”
Para Pedro Perrota, presidente de Corazones Azules Argentina, el endurecimiento de los controles es una condición indispensable para mejorar la seguridad vial. “Una licencia no es un simple documento: es una habilitación del Estado para conducir un vehículo que puede convertirse en un factor de altísimo riesgo si quien lo maneja no está en condiciones físicas, visuales, cognitivas o psicofísicas adecuadas”, sostiene.
Perrota advierte que los controles médicos y los exámenes teóricos no pueden transformarse en un trámite meramente formal. “Si el sistema pierde rigurosidad, aumenta el riesgo de que personas no aptas circulen por calles, rutas y avenidas. Modernizar no debe significar flexibilizar ni debilitar los filtros que protegen a la sociedad. Por eso, sería un error tomar esta reforma como una política integral de seguridad vial, porque una verdadera política de seguridad vial tiene un Estado presente en todo el proceso de habilitación y control de los conductores”, afirma.
Perrota está convencido de que “los exámenes teóricos deben mantener condiciones que garanticen transparencia, seriedad y conocimiento real por parte del aspirante. La presencialidad en esta instancia permite reducir la posibilidad de ayuda externa y asegurar que quien obtiene la licencia conozca efectivamente las normas de tránsito, las responsabilidades que asume y los riesgos que implica conducir”.
El argumento encuentra respaldo en una estadística que preocupa a los especialistas: los siniestros viales continúan siendo una de las principales causas de muerte no natural en el país.
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