Detrás de los números aparecen situaciones que se repiten entre quienes todos los días recorren las calles de La Plata. El aumento del boleto de colectivo, la posibilidad de generar ingresos a través de las aplicaciones de reparto y la dificultad cada vez mayor para acceder a un automóvil empujan a distintos sectores hacia las dos ruedas.
Agustina tiene 28 años, vive en Tolosa y trabaja en un comercio del centro platense. Durante años hizo prácticamente el mismo recorrido: colectivo por la mañana para llegar al trabajo y otro para regresar a su casa. Pero los sucesivos aumentos del boleto comenzaron a pesar cada vez más dentro de sus gastos mensuales.
La cuenta no terminaba allí. Los días en los que salía tarde o tenía que hacer algún trámite fuera de su recorrido habitual debía sumar otro colectivo o recurrir a una aplicación de viajes. También estaba el tiempo: entre la espera y el recorrido, podía tardar cerca de una hora en completar un trayecto que en vehículo particular demandaba bastante menos.
“Empecé a sacar la cuenta de lo que gastaba todos los meses solamente para ir y volver del trabajo y pensé que podía usar esa plata para pagar una moto. Ahora tengo el gasto de la nafta, el seguro y la cuota, pero también tengo otra libertad para moverme”, cuenta.
UNA MOTO PARA SALIR A TRABAJAR
El caso de Bruno es diferente. Tiene 31 años, vive en Los Hornos y compró una moto pensando desde el comienzo en utilizarla como herramienta laboral.
Después de alternar trabajos temporarios, empezó a realizar repartos a través de aplicaciones. Al principio utilizaba una bicicleta, pero las distancias que debía recorrer limitaban la cantidad de pedidos que podía aceptar. La moto cambió la ecuación.
“Con la bicicleta tenía lugares a los que directamente no podía ir porque perdía demasiado tiempo. Con la moto puedo hacer más viajes y moverme por distintas zonas. No la compré solamente para trasladarme: la compré para trabajar”, explica.
Su situación refleja otro de los motores del fenómeno. Uber Moto, DiDi Moto, Rappi, PedidosYa, mensajerías y comercios con reparto propio ampliaron considerablemente las posibilidades de obtener ingresos con una moto.
“EL AUTO SE ME HIZO INALCANZABLE”
Diego tiene 40 años, vive en City Bell y durante varios meses buscó un auto usado. Necesitaba un vehículo para trasladarse diariamente y disponer de mayor independencia, pero cada vez que encontraba una alternativa aparecía el mismo problema: el precio de compra era solamente el comienzo. A la inversión inicial debía agregar transferencia, patente, seguro, combustible y mantenimiento.
Finalmente cambió de planes y compró una moto de 150 centímetros cúbicos.
“Quería un auto porque obviamente es más cómodo, sobre todo en invierno o cuando llueve. Pero haciendo números no llegaba. No era solamente comprarlo: después había que mantenerlo. La moto terminó siendo la posibilidad de tener movilidad propia sin meterme en un gasto que no podía sostener”, señala.
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