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Atlanta no durmió: la fiesta fue albiceleste

Una multitud de hinchas tiñó la ciudad de celeste y blanco, celebrando hasta altas horas el triunfo ante los ingleses y el pase a una nueva final de la Copa del Mundo

Claudio Chiqui Tapia, titular de AFA, miró el partido junto a Giani Infantino
La locura por la Selección no tuvo freno. Dentro del estadio fue todo fiesta
Los hinchas volvieron a brinda su amor a Messi y Maradona, con una enorme bandera
Diego Agüero es platense. Fue arquero de Everton en la Liga, y ayer estuvo en Atlanta
Fabio y Tiziano Agostinelli y Manuel Amigo de Los Hornos y Pincha
el incesante aliento de los argentinos para con el equipo de scaloni

Por Redacción

Una vez más, los hinchas argentinos fueron locales: coparon el Mercedes-Benz Stadium, apoyaron a la Selección y festejaron el triunfo de la Scaloneta hasta altas horas de la madrugada. Al igual que como dice el dicho, Atlanta no durmió como Barcelona y Buenos Aires. Al mismo tiempo que se transformó en la ciudad de la furia. Sin embargo el festejo no terminó allí, ya que varios hinchas continuaron con las celebraciones en las ciudades donde estaban parando, como Kansas o Miami

Desde las primeras horas de la mañana, las calles de Atlanta se empaparon de emociones, recuerdos y una pasión difícil de explicar para quien no nació de este lado del mundo. Porque para el argentino, enfrentar a Inglaterra nunca será un partido más. Es mucho más que fútbol. Es una historia que atraviesa generaciones, una memoria colectiva que vuelve a hacerse presente cada vez que ambos países se cruzan dentro de una cancha. Y en ese contexto, la multitud albiceleste volvió a decir presente, transformando una ciudad estadounidense en una pequeña extensión de la Argentina.

Sin incidentes ni situaciones de violencia, los hinchas hicieron sentir su presencia desde temprano. Muchos de ellos ni siquiera tenían entradas para el encuentro, pero eligieron acompañar igual, convencidos de que el apoyo también se ejerce desde afuera del estadio. Al ritmo de los bombos, los cánticos y las banderas, los argentinos hicieron resonar su voz entre los altos edificios del downtown de Atlanta, la misma ciudad que días atrás había recibido el partido frente a Egipto.

El punto de encuentro fue nuevamente el sector conocido como Underground, donde el martes por la noche se había realizado el tradicional banderazo previo al partido. Aquella reunión había terminado con algunos incidentes aislados entre simpatizantes de San Lorenzo y Huracán, situación que obligó a reforzar los controles de seguridad. Sin embargo, esta vez el clima fue completamente distinto y predominó la fiesta.

Se estima que entre 25.000 y 30.000 argentinos llegaron hasta Atlanta para acompañar a la Selección. Muchos arribaron desde Kansas City, sede del encuentro frente a Suiza por los cuartos de final, mientras que otros viajaron desde distintos puntos de Estados Unidos, principalmente desde Miami. Algunos eligieron el avión para recorrer los más de mil kilómetros que separan ambas ciudades, mientras que otros emprendieron largas travesías por ruta para no perderse una nueva cita mundialista.

Como sucede en cada presentación de la Scaloneta, los hinchas montaron su propia celebración. Las parrillas comenzaron a humear desde temprano, mezclando el aroma del asado con el de la ansiedad previa al partido. A pocos metros, enormes banderas celestes y blancas colgaban de las vallas y los postes de luz, mientras los bombos marcaban el ritmo de un cancionero popular que ya es marca registrada de la Selección.

Hubo canciones para Messi, para Maradona, para la Scaloneta y también para el rival de turno. Entre todas, una de las más esperadas fue la que empezó a bajar desde distintos sectores y terminó unificando a miles de gargantas en una sola voz: “El que no salta...”. Como tantas otras veces, el folclore argentino volvió a ocupar el centro de la escena.

Ya dentro del Mercedes-Benz Stadium, la historia continuó. Las tribunas comenzaron a teñirse de celeste y blanco y, una vez más, los argentinos dejaron su sello. Porque sin importar el continente, el idioma o la distancia, cada presentación de la Selección termina convirtiéndose en una fiesta itinerante. Y Atlanta no fue la excepción. Allí, a miles de kilómetros de casa, Argentina volvió a sentirse local.

Miles de hinchas coparon las calles argentinas y a la vez, tiñeron Atlanta de celeste y blanco

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