Lionel Andrés Messi, el argentino que carga sobre sus hombros la ilusión de más de 47 millones de compatriotas, sin dejar afuera de ese grupo a sus compañeros. El capitán no tuvo una de sus mejores tardes, pero cuando apareció y el equipo entendió sus ideas, le cambió la cara a la Selección, que en un puñado de sufridos minutos logró clasificar a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras derrotar 3-2 a Egipto.
A esta altura, ya resulta difícil encontrar nuevos calificativos para describir la magnitud de su figura. Sin embargo, partido tras partido, Messi sigue ampliando una historia que parece no tener techo. Con el gol convertido en Atlanta alcanzó los ocho tantos en la presente edición del Mundial, cifra que lo ubica como máximo artillero del torneo. Además, llegó a los 21 goles en Copas del Mundo y continúa liderando esa exclusiva tabla histórica. Como si fuera poco, también extendió a nueve partidos consecutivos su racha anotando en mundiales.
La dimensión de su carrera es tan grande que incluso un dato negativo queda minimizado frente a todo lo demás. El rosarino falló un penal durante el encuentro y llegó a cuatro remates errados desde los doce pasos en Mundiales. Del otro lado de la balanza aparecen también cuatro conversiones. Pero lo sucedido frente a Egipto dejó en claro que ese detalle terminó siendo apenas una anécdota dentro de una actuación determinante.
Desde los Octavos de Qatar 2022, Leo alcanzó la cifra de 9 goles consecutivos en mundiales
Porque la realidad es que Messi no tuvo un comienzo sencillo. Argentina nunca logró sentirse cómoda durante gran parte del encuentro y el capitán pasó varios minutos sin entrar en contacto con la pelota. Para colmo, Mostafa Shobeir Oufa le contuvo un penal cuando el marcador todavía estaba abierto y el conjunto africano aprovechó cada error para golpear.
El trámite se volvió todavía más complejo cuando Egipto encontró el segundo gol y se puso 2-0 arriba. Argentina estaba incómoda, sin respuestas colectivas y lejos de su mejor versión. Messi intentó hacerse cargo retrasando varios metros su posición para convertirse en el conductor del equipo, aunque durante buena parte del partido tampoco encontró los espacios necesarios para desplegar todo su talento.
Sin embargo, cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón, y así fue que luego de la pausa de hidratación del complemento, y cuando el partido parecía sellarse, el pibe que jugaba en las inferiores de Newell’s se subió la cinta de capitán, frotó la zurda y cambió la historia de un partido que parecía perdido.
Con lo último que le quedaba en el tanque comenzó a marcar diferencias. Fue el faro de un equipo que se negaba a rendirse. Primero apareció con un centro perfecto, de esos que parecen lanzados con la mano, para encontrar la cabeza de Cristian Romero y darle vida a la Selección con el descuento.
A partir de allí todo cambió. Argentina recuperó confianza, adelantó sus líneas y encontró el empate pocos minutos después. En medio del desorden y la desesperación egipcia, Messi empezó a encontrar espacios y a manejar cada ataque albiceleste. Y mediante un vehemente disparo dentro del área que penetró las débiles manos del golero egipcio, estrellandose en el travesaño y posteriormente besando la red, Argentina alcanzó el ansiado empate. Es que ese tiro cargó consigo más que violencia a la hora de disparar, fue un remate cargado de sentimientos y emociones.
Se convirtió en el máximo artillero de la actual Copa del Mundo con 8 goles
Quizás no fue su partido más brillante desde lo individual, pero sí fue otra demostración de liderazgo. Cuando Argentina más lo necesitó, Messi apareció. Y eso, a esta altura de la historia, ya no sorprende a nadie.
Una vez finalizado el partido, el capitán rompió en lágrimas, miles de cosas le pasaron por la cabeza, pero inmediatamente el grupo se unió para apoyarlo y celebrar en conjunto, una clasificación que quedó escrita en la historia del fútbol.
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