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Manuel Miranda, el primer futbolista que unió a Argentina con Cabo Verde: de Gimnasia, elogiado por Perón y amado en La Plata

El primer jugador que unió al fútbol argentino con Cabo Verde: la historia de Manuel Miranda, el campeón argentino de sangre africana que salió de Gimnasia y fue respetado por Estudiantes. Amado por la Ciudad, con un último gesto que falta para honrar su memoria

Hay historias que el fútbol guarda durante décadas y que, de repente, vuelven a aparecer cuando nadie las espera. El Mundial regaló una de ellas. El cruce entre Argentina y Cabo Verde no solo enfrenta a dos países separados por un océano y muchos lugares en el ranking FIFA. También vuelve a poner sobre la mesa la vida de un hombre que unió ambos mundos hace casi 80 años. Su nombre fue Manuel Julián Miranda.

Fue futbolista de Gimnasia, entrenador, campeón con la Selección Argentina, formador de cientos de chicos de la Región y uno de los primeros hijos de inmigrantes caboverdianos nacidos en el país -quizás hasta el primer hijo de africanos en Selección- en vestir la camiseta albiceleste. Un hombre querido en el mundo tripero, pero también respetado en Estudiantes, donde supo dejar amigos, en tiempos donde todavía existían códigos que estaban por encima de la rivalidad.

Mientras Argentina se prepara para enfrentar a Cabo Verde, su historia volvió a emocionar a toda una familia.

Cabo Verde y Argentina

"Esto de Cabo Verde en el Mundial generó volver a contactarnos entre familiares que hacía tiempo que no pasaba. Tengo muy buena relación con Custodio Méndes. También con primos y primos lejanos. Todo esto nos hizo reencontrarnos", cuenta a EL DÍA Marcelo Miranda (60), hijo del ex futbolista, hoy médico profesional. La historia, sin embargo, empieza mucho antes.

Décadas antes de que el caboverdiano Custodio Méndes fuera reconocido como el primer futbolista africano profesional del país, la comunidad de Cabo Verde ya tenía dos grandes puntos de asentamiento en la Argentina: Dock Sud y Ensenada. Fue precisamente allí donde llegó el padre de Manuel Miranda, Augusto, buscando un futuro mejor.

Manuel Julián nació el 28 de enero de 1931 y creció en Punta Lara, cuando aquella zona todavía conservaba aún más el espíritu de pueblo. Nadie imaginaba entonces que ese joven mediocampista terminaría escribiendo una página única del deporte argentino.

Era un centrojas elegante, con técnica, personalidad y una inteligencia poco común para la época. Los que lo vieron jugar coinciden en la descripción: "era un crack". "No lo digo yo. Lo decía todo el mundo. Lo querían Juventus, Boca e Independiente. Quien lo vio jugar siempre decía lo mismo: era un fenómeno", recuerda Marcelo. Su explosión llegó en 1951.

Aunque ese año no fue bueno para Gimnasia, Miranda fue uno de los pocos jugadores que logró destacarse. Debutó oficialmente el 3 de junio, una fecha especial porque coincidía con un nuevo aniversario del club. Permaneció en el Lobo hasta 1957, disputando 31 partidos como profesional. Pero mientras daba sus primeros pasos en Primera ya había llamado la atención de la Selección Argentina.

Ese mismo año integró el plantel que conquistó la medalla de oro en los primeros Juegos Panamericanos de la historia, disputados en Buenos Aires. Era un gran título internacional del seleccionado nacional. Bajo la conducción de Guillermo Stábile compartió equipo con figuras como Rogelio Domínguez, Roberto Comaschi, Enrique Olivero y varios compañeros triperos, entre ellos Ángel Rubén Ambrosi y Arturo Rodenak.

La final se jugó ante unas 75 mil personas en el estadio de Racing y el equipo campeón recibió las felicitaciones personales de Juan Domingo Perón y Eva Perón. Miranda, además, integró el equipo ideal del torneo. Sin embargo, aquel campeonato que parecía marcar el comienzo de una carrera extraordinaria también cambió para siempre su destino.

La lesión

"Mi viejo se lesionó ahí mismo, en los Panamericanos, por un planchazo. Era la figurita difícil del equipo. El comentario sobre lo bien que jugaba llegó hasta Perón. Incluso Perón le escribió una carta que hoy todavía conservo en casa", relata Marcelo.

La lesión ligamentaria en una rodilla nunca terminó de curarse. Desde entonces jugó prácticamente toda su carrera condicionado por el dolor. "Siempre jugó lesionado. Por eso disputaba pocos partidos por año. Nunca volvió a estar físicamente como antes." Aquella lesión terminó apagando demasiado pronto la carrera de un futbolista que muchos imaginaban en los grandes clubes del país e incluso en Europa. Pero si el fútbol le cerró una puerta como jugador, inmediatamente le abrió otra.

Miranda se convirtió en entrenador y, sobre todo, en formador. Primero trabajó en las inferiores de Gimnasia. Más tarde dirigió la Reserva y en 1967 asumió la conducción del primer equipo tras la salida del uruguayo Fernández Viola. Un año después escribió otra página importante para la historia tripera.

Condujo al Lobo al título del Torneo Promocional de 1967, clasificación que permitió al club disputar el Torneo Nacional de 1968. Aquel logro fue tan celebrado que los jugadores terminaron llevándolo en andas.

Volvió a dirigir interinamente en 1971 y 1972, siempre con una idea clara: apostar por los futbolistas surgidos del club. También condujo a Colón de Santa Fe, Santamarina de Tandil y Defensores de Cambaceres. Su legado con Gimnasia se cortó cuando "lo echaron por un cruce con el DT de aquel entonces" con Oscar Montes: Miranda quería apostar por los pibes del club, pero Montes no.

Primera escuelita de fútbol

En 1978 creó el Centro Integral de Actividades de Fútbol (CIAF), considerado por muchos la primera escuela integral de fútbol del país. Funcionó inicialmente en 35 entre 23 y 24 y luego pasó por distintos predios hasta instalarse en 38 y 155. Por allí pasaron numerosos jugadores que luego llegaron al fútbol profesional. "Era una especie de guardería. Los chicos llegaban a la mañana y se iban a la noche. Mi viejo les enseñaba mucho más que fútbol", recuerda su hijo.

El reconocimiento llegó incluso en vida. La casa del fútbol amateur de Gimnasia llevó durante años el nombre de Manuel Miranda. Más adelante, parte de una avenida de la Ciudad también fue bautizada en su honor (desde 2001 a la avenida 25 de 520 a 32). La familia todavía mantiene un viejo anhelo. "La calle ya lleva oficialmente su nombre, pero seguimos esperando que finalmente pueda colocarse la placa que lo recuerde"

"Mi viejo era muy conocido. Jugó en Gimnasia, pero era respetado en Estudiantes. Había códigos. Incluso tuvo vínculo con el club en la época de Correbo."

Ese respeto cruzó generaciones. Marcelo también pasó, en menor medida, por ambos clubes. "Yo hice inferiores en Gimnasia y también llegué hasta Cuarta en Estudiantes. Después seguí Medicina. Mi papá siempre me decía que el fútbol dependía de muchos factores, pero estudiar dependía solamente de uno. Me convenció". Se recibió de médico y años más tarde trabajó entre 1996 y 2007 como médico del plantel profesional del Lobo.

Hoy, mientras la Selección Argentina se prepara para enfrentar por primera vez a Cabo Verde en un Mundial, la familia vuelve a mirar hacia sus raíces. Hay un poco de Cabo Verde en la sangre de los Miranda y mucho de Argentina en su identidad.

También una curiosa mezcla de colores. Marcelo y su hija Victoria son hinchas de Gimnasia. La esposa de Marcelo y madre de Victoria es de Estudiantes.

Como si Manuel hubiera logrado transmitirles el mismo mensaje que dejó durante toda su vida: las rivalidades existen, pero hay historias que están por encima de cualquier camiseta.

Murió el 10 de junio de 1997. Casi treinta años después, el fútbol volvió a pronunciar su nombre. Mire, Miranda, Mire. Dos potencias se saludan.

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