Una mirada al esplendor de la masonería platense
De los 2.500 masones que había en la Argentina en 1910, 460 eran platenses. El dato muestra el peso que tuvo esa sociedad secreta a principios de siglo
| 3 de Agosto de 2002 | 00:00
"Luz y Verdad", "Stretta Ugnaglianza", "Triunfo y Justicia", "Hijos del Universo", "1º de mayo". Son los nombres de las principales logias masónicas que mantenían una intensa actividad en los primeros años de la ciudad. Años en los que la masonería alcanzó su mayor esplendor, sumando 17 logias, entre las cuales "La Plata 80", fundada por Pedro Benoit en 1885, era la que contaba con un número mayor de adherentes. En esos tiempos, de los 2.500 masones que había en la Argentina, 460 eran platenses, lo que demuestra el peso que tuvo esa sociedad secreta en los primeros años de la ciudad.
Así surge de los datos obtenidos por un grupo de científicas de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo que investiga el papel que la masonería cumplió en los primeros años de la ciudad y las huellas que de su esplendor quedan, específicamente, en el cementerio platense, donde yacen algunos de sus principales cultores locales.
La masonería es una sociedad secreta filantrópico-religiosa que adquirió una notoria pujanza entre fines de siglo XIX y principios del XX, épocas en que reinaban las ideas del progreso y el evolucionismo científico. En sus líneas se enrolaban los principales referentes de la clase dirigente local, entre ellos Dardo Rocha, Pedro Benoit y Joaquín V. González. Pero junto a esos nombres conocidos, una multitud de dirigentes, comerciantes, estancieros y obreros generalmente extranjeros compartían el ideario masón en La Plata de una manera mucho menos secreta de lo que frecuentemente se cree.
Para Carlota Sempé, una de las científicas platenses que participa del estudio junto a Antonia Rizzo y María Rosa Catullo, "las logias masónicas que proliferaban en la ciudad en aquella época estaban integradas por gente de todos los estratos sociales. Había miembros de la clase dirigente, estancieros, obreros tipográficos y trabajadores, muchos de ellos procedentes de Italia".
Basándose en el censo de 1909/1910 y en documentos de época, las especialistas indican que el funcionamiento de estas logias era público y notorio. Y que lo único de secreto que tenía la masonería por esos años en la ciudad eran los rituales de inicio y de paso.
"El progreso y la evolución presidían el ideario masónico y muchas veces las logias eran ámbitos de participación política y comunitaria similares a los clubes", cuenta Sempé, "aunque para muchos integrantes de las clases menos favorecidas, las logias masónicas eran vistas como un medio para ascender socialmente".
Las investigadoras detectaron también una activa participación femenina en estos nucleamientos, que se dedicaban en la ciudad a promover obras benéficas, desde la fundación de bibliotecas hasta campañas de prevención del cólera. Los lugares donde se sesionaba eran, por lo demás, lugares públicos y reconocidos. Todavía se conservan en la ciudad el edificio de la calle 46 entre 2 y 3 que fuera sede de la logia 19 de noviembre y hoy es un templo adventista. Y el edificio que hoy alberga al teatro Princesa, de Diagonal 74 entre 3 y 4, que fue sede de otra logia: "Alrededor de la masonería y sus secretos existe todo un mito favorecido por las bulas de los papas que la prohibieron tildándola de satanista por promover el matrimonio civil, el divorcio, los cementerios laicos y la educación independiente de la Iglesia. Sin embargo, en La Plata la actividad masónica era en aquellos años abierta y hasta había masones que se decían católicos y católicos que, en secreto, eran masones", dice Sempé.
Así surge de los datos obtenidos por un grupo de científicas de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo que investiga el papel que la masonería cumplió en los primeros años de la ciudad y las huellas que de su esplendor quedan, específicamente, en el cementerio platense, donde yacen algunos de sus principales cultores locales.
La masonería es una sociedad secreta filantrópico-religiosa que adquirió una notoria pujanza entre fines de siglo XIX y principios del XX, épocas en que reinaban las ideas del progreso y el evolucionismo científico. En sus líneas se enrolaban los principales referentes de la clase dirigente local, entre ellos Dardo Rocha, Pedro Benoit y Joaquín V. González. Pero junto a esos nombres conocidos, una multitud de dirigentes, comerciantes, estancieros y obreros generalmente extranjeros compartían el ideario masón en La Plata de una manera mucho menos secreta de lo que frecuentemente se cree.
Para Carlota Sempé, una de las científicas platenses que participa del estudio junto a Antonia Rizzo y María Rosa Catullo, "las logias masónicas que proliferaban en la ciudad en aquella época estaban integradas por gente de todos los estratos sociales. Había miembros de la clase dirigente, estancieros, obreros tipográficos y trabajadores, muchos de ellos procedentes de Italia".
Basándose en el censo de 1909/1910 y en documentos de época, las especialistas indican que el funcionamiento de estas logias era público y notorio. Y que lo único de secreto que tenía la masonería por esos años en la ciudad eran los rituales de inicio y de paso.
"El progreso y la evolución presidían el ideario masónico y muchas veces las logias eran ámbitos de participación política y comunitaria similares a los clubes", cuenta Sempé, "aunque para muchos integrantes de las clases menos favorecidas, las logias masónicas eran vistas como un medio para ascender socialmente".
Las investigadoras detectaron también una activa participación femenina en estos nucleamientos, que se dedicaban en la ciudad a promover obras benéficas, desde la fundación de bibliotecas hasta campañas de prevención del cólera. Los lugares donde se sesionaba eran, por lo demás, lugares públicos y reconocidos. Todavía se conservan en la ciudad el edificio de la calle 46 entre 2 y 3 que fuera sede de la logia 19 de noviembre y hoy es un templo adventista. Y el edificio que hoy alberga al teatro Princesa, de Diagonal 74 entre 3 y 4, que fue sede de otra logia: "Alrededor de la masonería y sus secretos existe todo un mito favorecido por las bulas de los papas que la prohibieron tildándola de satanista por promover el matrimonio civil, el divorcio, los cementerios laicos y la educación independiente de la Iglesia. Sin embargo, en La Plata la actividad masónica era en aquellos años abierta y hasta había masones que se decían católicos y católicos que, en secreto, eran masones", dice Sempé.
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