El otros Palermo

Carlos Gabriel, hermano de Martín, despunta el vicio como árbitro y cuenta sus vivencias

Por MAURICIO D'ALESSANDRO


Carlos Gabriel Palermo comenzó a dirigir hace diez años. Su carrera empezó allá por 1995, en la Escuela Superior Platense de Arbitros que conduce Jorge Vigliano, "después de haber hablado con él, yo estaba manejando la escuelita de fútbol infantil en el Sagrado Corazón, y le comenté que estaba interesado en hacer el curso". Ese fue el primer acercamiento del hermano de Martín Palermo al referato.

Dos semanas después de comenzar el curso, Palermo empezó a dirigir partidos de chicos en el fútbol de LIFIPA. Pero la sorpresa mayor para el hermano del Loco fue poder arbitrar el torneo cuadrangular Sub-18, Copa Ciudad de La Plata, que se jugó recientemente en el Estadio Unico de nuestra ciudad, el que ganó Boca y se completó con Libertad de Paraguay, Vélez y Racing.

"En 1998, a los 30 años, cuando Jorge Vigliano me eligió para hacer el curso de homologación en la Asociación del Fútbol Argentino, debido a mi edad, y evaluando el trabajo que tengo de profe y como director manejando la escuelita con el nombre de Martín (Palermo), lo descarté porque me llevaba mucho tiempo", explica Gabriel Palermo haciendo un repaso de su vida como árbitro.

Con esta decisión quedó trunca su posibilidad de dirigir en AFA, donde un árbitro puede hacer carrera y aspirar a ser protagonistas en partidos de trascendencia. Gabriel dejó pasar esa oportunidad hace seis años cuando se le presentó la posibilidad de hacer el curso de homologación que dura seis meses y le dijo no a Vigliano.

"Después de esa negativa, ahora estoy a la espera de algunos comentarios que hablan de una opción para arbitrar en el Torneo Argentino, pero no se cuánto hay de cierto. Hasta donde sé, lo concreto es que apuntarían a árbitros que no estén en AFA y que dirijan en Ligas del interior, para actuar en esas, ya sea en el Argentino A ó en el Argentino B".


UN APELLIDO QUE PESA

Dentro del ambiente del fútbol el apellido Palermo, por la trascendencia que alcanzó la carrera de su hermano Martín, tiene peso propio y eso a Gabriel le abre algunas puertas, pero también le cierra otras. De todos modos, el árbitro intenta abstraerse de esa presión y hacer todo lo posible para pasar lo más desapercibido que puede.

"Hay gente que se maneja bien y tiene buena onda, pero también tenés aquellos que pueden ser de Gimnasia o que no les gusta mi cara. De todos modos, yo siempre trato de manejarme con la misma personalidad que tengo habitualmente, intentando que salga todo bien y de hacer una docencia en el fútbol infantil. Con los grandes lo mismo, siempre intento manejar el partido, más allá del apellido, y si alguno te dice alguna cosa puede que a veces te juegue a favor o en contra...pero nada más que eso", explica Gabriel.

A la hora del contacto con la gente, la mayoría tiene un trato "positivo". Le preguntan al mayor de los hermanos por Martín, cómo le va ahora que está afuera, o cuando estaba en Estudiantes o en Boca, que hiciera goles o que ensayara algún festejo nuevo.

"Martín no ha tenido la posibilidad de verme arbitrar, por problemas de partidos o por concentraciones, pero cuando podemos charlamos del arbitraje, algunas veces hablamos de alguna jugada en particular donde él o algún compañero suyo fue protagonista o bien de la labor de algún árbitro. Pero en realidad hablamos algunas cosas más que otras, aunque como él está siempre con el fútbol tratamos de conversar sobre otros temas", continúa.

Gabriel tiene una muy buena relación con su hermano y días atrás le comentó de la oportunidad que tuvo de dirigir en el torneo cuadrangular Copa Ciudad de La Plata. El Loco desde España se puso muy contento, sobre todo porque sabe cómo le gusta el arbitraje a su hermano mayor.


ELIZONDO, UN AMIGO

"Recuerdo una anécdota en donde él se sentía perseguido por las amarillas que le sacaba siempre Horacio Elizondo. Cuando se tiraba, o en algún festejo desmedido. Entonces se descargaba conmigo. Pero bueno, yo casualmente con Elizondo, Baldasi, con la característica de ese tipo de arbitraje, me identifico, entonces él me cargaba y me decía 'andá Elizondo'", recuerda con una sonrisa.

Fuera de eso, Martín Palermo con Elizondo ha cosechado una buena relación. Es más, Horacio le escribió un mail cuando el delantero se lesionó por última vez, la vez que se le cayó la pared jugando para el Villarreal de España, lo que demuestra que una relación respetuosa dentro de la cancha puede seguir superado los 90 minutos.

"Como árbitro uno ve diferente los partidos, generalmente se pone en el lugar del juez que imparte justicia. Pero como hincha siempre querés ver todas las jugadas a favor de tu equipo", acepta. Pero desde que se inició en el arbitraje, Gabriel empezó a evaluar distinto el juego. Encima, hace un par de años sumó otro título a su palmares, y otra visión del fútbol, dado que se recibió de director técnico en la Escuela de José María Silvero.

"A Martín, quién dice, por ahí lo arbitro en el partido de despedida o juego con él, aunque para eso esperemos que falte mucho. Eso sí, si lo tengo que dirigir y me toca expulsarlo, lo voy a echar. Dentro del partido son 90 minutos y él va a ser un jugador más. Después, fuera de la cancha, seguirá siendo mi hermano", promete y, serio, se pone en árbitro. Lo que es y tanto le gusta.

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