Africa mía

Por GABRIEL BÁÑEZ

La técnica es sencilla: se acercan, miran directamente a los ojos, y luego abren el maletín o la valija negra con la bijouterie de baja calidad. Son africanos, casi no hablan el castellano, pero sí perfectamente el inglés y algunos el francés. Entre ellos se comunican en hebo, un dialecto, pero si uno quiere hablarles en inglés o francés se quedan mudos, no quieren diálogo.
Provienen de Costa de Marfil, Cabo Verde, Nigeria, Senegal (los menos), Sierra Leona (los más) Ghana y Liberia. En Europa se los conoce como "top manta", por la modalidad de desplegar las baratijas sobre un paño o manta. En nuestro país, según cifras oficiales, el año pasado ingresaron entre 6 mil y 10 mil africanos, la mayoría expulsados de sus países de origen por la miseria, las crisis políticas, las guerras, las persecuciones religiosas y tribales. En los últimos años, la Argentina ha recibido inmigrantes africanos provenientes de quince naciones diferentes, algunos de los cuales han sido puestos bajo la protección del programa de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y la FCCAM ((Foundation Catholic Commission Argentina de Migraciones). Para aquellos que han buscado legalizar su situación en el país, la FCCAM les posibilita el aprendizaje del idioma español a través de cursos especiales. Sin embargo, una gran mayoría son reacios a integrarse, prefiriendo conservar su identidad y costumbres en grupos cerrados, al menos hasta tanto las solicitudes de asilo presentadas en la CEPARE (Comité de Elegibilidad para los Refugiados) sean aceptadas.

¿CORREOS DE LA MUERTE?

Recientemente, sin embargo, el licenciado en Seguridad Luis Vicat expuso a través de medios periodísticos ciertas dudas con relación a un sector muy específico de estos inmigrantes africanos: "Algunos pertenecerían a la logia de los correos de la muerte de Africa -señaló-, y bajo el paño negro de la bijouterie es probable que guarden no precisamente más metal en anillos y pulseras, sino droga". Entre las sospechas, este especialista en Seguridad mencionó la temible metanfetamina conocida como crystal meth, la droga más letal del mundo. La crystal meth nació y es popular en el Este de Africa; allí la consumen niños de hasta 12 años y se la llama en la jerga "tuk-tuk", suerte de paco africano. También tiene otros nombres: speed, hielo, tiza, vidrio. Entre los efectos que provoca se mencionan los siguientes: reducción de memoria, brotes psicóticos, euforia, cefaleas, agresividad. Según Vicat, estos dealers africanos comercializarían también -y al menudeo- las sustancias más extendidas en nuestro país, como marihuana, LSD, éxtasis y cocaína. "Generalmente se distribuyen siguiendo pautas determinadas y en lugares de alto tránsito, prefiriendo la movilidad a los lugares fijos, a fin de pasar inadvertidos. No sería descabellado pensar que a través de estos inmigrantes se estuvieran introduciendo cristales en el mercado", sostuvo.

En su denuncia mediática Vicat empleó el condicional, pero, por si acaso, nunca está de más recordar una máxima que bien puede ser de mínima: no todos los negros son africanos; no todos los africanos venden bijouterie; no todos los vendedores ambulantes de bijouterie venden droga. Clarito y pasando en limpio: no todos los africanos negros que venden bijouterie son narcodealers. Por las dudas. Nunca hay que poner a todos en la misma valija.

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