Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios
| 28 de Julio de 2013 | 00:00

Escribe Monseñor DR. JOSE LUIS KAUFMANN
Queridos hermanos y hermanas.
“Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos” (Gál 4, 4-5).
En efecto, en tiempos del rey Heródes y del emperador César Augusto, Dios cumplió las promesas hechas a Abraham y a su descendencia, enviando a Jesús, “el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).
Desde el primer momento, los discípulos desearon ardientemente anunciar a Cristo, a fin de llevar a todos los hombre a la fe en Él.
También hoy, el deseo de evangelizar y catequizar, es decir, de revelar en la persona de Cristo todo el designio de Dios, y de poner a la humanidad en comunión con el Señor Jesús, surge de este conocimiento amoroso del Hijo de Dios nacido de María siempre Virgen por obra del Espíritu Santo.
¿Qué significa el nombre de Jesús?
El nombre de Jesús, dado por el µngel en el momento de la Anunciación, significa “Dios salva”. Expresa, a la vez, su identidad y su misión, “porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados” (Mt 1, 21). San Pedro afirma que “no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos alcanzar la Salvación” (Hechos 4, 12).
En griego “Cristo” y en hebreo “Mesías”, significan “Ungido”.
Jesús es el Cristo porque ha sido consagrado por Dios, ungido por el Espíritu Santo para la misión redentora.
Él es el Mesías esperado por Israel y enviado al mundo por el Padre. Jesús ha aceptado el título de Mesías, precisando sin embargo su sentido: “bajado del cielo” (Jn 3, 13), crucificado y después resucitado. Él es el Servidor sufriente que da “su vida en rescate por una multitud” (Mt 21, 28).
Del nombre de Cristo nos viene a nosotros el nombre de cristianos.
Jesús es el Hijo unigénito de Dios en un sentido único y perfecto.
En el momento del Bautismo y de la Transfiguración, la voz del Padre señala a Jesús como su “Hijo predilecto” (cf. Mt 3, 17 y Mt 17, 5).
Al presentarse a sí mismo como el Hijo, que “conoce al Padre” (Mt 11, 27), Jesús afirma su relación única y eterna con Dios su Padre.
Él es “el Hijo unigénito de Dios” (1 Jn 4, 9), la segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Es el centro de la predicación apostólica: los Apóstoles han visto su gloria, “que recibe del Padre como Hijo único” (Jn 1, 14).
En la Biblia, el título de “Señor” designa ordinariamente al Dios soberano.
Jesús se lo atribuye a sí mismo, y revela su soberanía divina mediante su poder sobre la naturaleza, sobre los demonios, sobre el pecado y sobre la muerte, y, sobre todo, con su Resurrección.
Las primeras confesiones de fe cristiana proclaman que el poder, el honor y la gloria que se deben a Dios Padre se le deben también a Jesús: “Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, doble la rodilla todo lo que hay en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: Jesucristo es el Señor” (Filip 2, 9-11).
Jesús es el Señor del mundo y de la historia, el único a Quien el hombre debe someter de modo absoluto su propia libertad personal.
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