La zona de 4 y 49, con problemas para dormir

En pocas cuadras conviven varios bares y boliches, cuya actividad perturba a los vecinos del barrio

LOS VECINOS DE 4 Y 49 Y CUADRAS ADYACENTES DICEN QUE ESTÁN HARTOS DE CONVIVIR CON LA ACTIVIDAD DE LOS BARES Y BOLICHES QUE FUNCIONAN EN LA ZONA Y QUE, AFIRMAN, NO SÓLO ABREN LOS FINES DE SEMANA

La situación no es nueva para estos vecinos, pero no porque se reitere el barrio se resigna. Quienes viven en la zona de 4 y 49 han vuelto a padecer, en los últimos meses, los efectos de la actividad de los boliches. Pasaron por circunstancias similares unos dos años atrás, y después de una enérgica movida que incluyó protestas y gestiones ante el Municipio habían logrado que volviera la tranquilidad perdida por los desórdenes propios de una nocturnidad descontrolada. “Otra vez no podemos dormir: hay gritos, peleas de grupitos que hacen estallar botellas de vidrio y pasan los autos con la música a todo volumen”, describió la dueña de un departamento ubicado a media cuadra de uno de los locales que están abiertos en ese sector de la Ciudad hasta la madrugada.

SIN DESCANSO

Son varios los boliches que funcionan en muy pocas cuadras a la redonda. Además del que está en 4 y 49 se agregan uno emplazado en 49 entre 4 y 5, otro en la esquina de 4 y 51 y varios que se extienden a lo largo del boulevard, entre 4 y 5. “Esta movida es un desastre”, insistió la vecina, que igual que el resto de los frentistas del barrio necesita descansar “sin que la diversión de los más jóvenes nos quite el sueño”.

Según denuncia la gente de la zona, los bares levantan las persianas jueves, viernes, sábados, domingos y vísperas de feriados a alrededor de las once y media de la noche. Esas horas en que los habitués comienzan a ingresar a los locales no son las peores. El desorden es a partir de las cuatro de la madrugada. Desde ese momento hasta las siete de la mañana se escuchan alaridos, insultos, el impacto de cascotes o de vidrios que dan contra la vereda y los frentes de las viviendas. También se quejan por la música “altísima” que sale de los parlantes de los vehículos.

La misma vecina que libró la batalla años atrás pidió ahora que se adopten medidas contra los ruidos molestos. “Lo que queremos es que saquen los boliches de las zonas urbanas, que los chicos se diviertan en lugares menos poblados. Hay gente que está pensando en mudarse por este problema”, planteó.

Otro vecino, pero en su caso de la calle 49 entre 5 y 6, apuntó: “La calle 49 es un corredor del caos. El último fin de semana fue el colmo, se pelearon varios en la vereda y hasta se escucharon tiros”.

Es que el último de los episodios violentos terminó por poner en alerta a los vecinos. El domingo a la madrugada, como lo reflejó este diario en la edición del día siguiente, la esquina de 4 y 49 fue escenario de una batalla campal entre dos grupos de jóvenes. Todo se inició, según señalaron algunos testigos de la batahola -y confirmado, además, por personal de la comisaría primera -, en el interior del boliche. Pero a poco de las primeras trompadas ya estaban las dos bandas de chicos en la calle y la gresca continuó con golpes, botellas partidas y un escándalo que terminó con el saldo de algunos heridos leves. Una chica de 18 años, por caso, tuvo que asistir a la guardia del Hospital San Martín, donde tuvieron que suturar con dos puntos una lesión que recibió en el abdomen por un vidrio que voló y se le clavó en el cuerpo.

TAMBIÉN LOS MARTES

Por otra parte, en los últimos meses crece la tendencia en esa zona a extender la actividad bolichera. Un vecino de un edificio de 51 entre 4 y 5 se quejó a raíz de la movida novedosa que se realiza en un local de la zona. “Es un baile de música brasilera que se llena de gente de todas las edades. Como sin con el resto de las fiestas no les alcanzara ahora, para ese evento, abren los martes. Antes lo hacía un boliche del camino Centenario, pero se mudó a nuestro barrio”, contó.

Las consecuencias de la movida la pagan también los comerciantes del barrio, pues a la mañana siguiente de cada fiesta, al abrir sus locales, encuentran evidencias “desagradables”, según señalaron, de los desmanes. Vilma Apaza, empleada de una panadería, comentó que “aparecen botellas rotas en la vereda, cascotes y hasta hemos visto manchas de sangre”. No hace mucho ese comercio sufrió los embates de una pelea a la salida del bar. “Con una piedra habían roto la vidriera, y eso también le ha pasado a otros comerciantes”, añadió la joven.

UNA SITUACIÓN CONOCIDA

Entre fines de 2011 y la primera mitad de 2012 los vecinos que no descansaban a raíz de los ruidos molestos generados por la actividad de los boliches alcanzaron tal nivel de hartazgo que durante varios meses se reunían en la vía pública de distintos barrios y planteaban su reclamo. Entre ellos se incluía un numeroso grupo de la zona de 4 y 49 que mantuvo reuniones con funcionarios de Ejecutivo comunal y representantes del Concejo Deliberante. En ese momento, después de varios días de protestas, la situación se logró controlar.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE