Diego Augusto Delachaux

La repentina partida de Diego Augusto Delachaux deja un profundo vacío en la vida de sus familiares, amigos y allegados. Compañero leal y afectuoso, era por sobre todas las cosas un dedicado padre y un amigo noble, cuya pronta pérdida llena de congoja a todos quienes lo conocieron.

Integrante de una tradicional familia platense, había nacido el 8 de diciembre de 1973 en nuestra Ciudad. Su padre fue Enrique Delachaux, reconocido odontólogo, con una importante trayectoria académica en la Universidad y una activa participación en instituciones de la especialidad, y su madre la psicóloga Nelida Errecart. Descendiente de esa mezcla de sangre suiza y vasca, tuvo una infancia de juegos y aprendizajes en el hogar familiar de 44 y 24, donde creció junto a sus hermanos Arabela -hoy arquitecta- y Daniel -periodista-.

Inició sus estudios primarios en la Escuela San Martín Nº 19 y completó el secundario en el Normal 3. Siguiendo de alguna manera los pasos de su padre, ingresó a la carrera de Odontología en la Universidad Nacional de La Plata. Pero fiel a sí mismo, eligió pragmáticamente profundizar en los aspectos que más le interesaban de esa área de estudio y finalmente se recibió de Protesista Dental. Muy pronto pasó a formar parte de los consultorios odontológicos de su padre y asociados, desarrollando allí su carrera profesional.

Había formado una familia junto a María Florencia Delfino, a quien, según recordaron familiares, conocía desde joven ya que fueron compañeros de escuela durante la secundaria. Sin embargo, la relación amorosa recién se establecería años más tarde, cuando avatares de la vida hicieron que volvieran a cruzarse y, desde entonces, comenzaron a recorrer juntos el mismo camino. De esa unión nacieron sus dos hijitas, Elisa y Serena, de cuatro y dos años respectivamente.

Fue, por sobre todas las cosas, un padre devoto, amante y protector de sus hijas, con quienes disfrutaba jugar durante largas horas, siempre dedicándoles el mayor tiempo posible.

Callado e introvertido, era, sin embargo, una persona transparente, muy honesta y desinteresada. También lo recuerdan como un hombre muy generoso con sus hermanos y sus amigos. Es que había cosechado numerosas amistades y hasta el final mantuvo estrechos lazos con aquellos con quienes alguna vez fue compañero del Jardín de Infantes.

Entre sus hobbies y gustos, se incluía la música y el cine, pero de lo que más disfrutaba era de las motos. Apasionado de los modelos antiguos, formaba parte de un club platense de motocicletas, grupo de entusiastas con quienes compartió muchas salidas por la Ciudad y comidas semanales.

Como toda su familia, era hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Ya desde chico acompañaba a su padre a la cancha, una costumbre que compartieron durante largos años.

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