Por NICOLAS NARDINI
ANALISIS
El clásico 157 ya está archivado. Lo producido por los protagonistas en el rectángulo de juego fue en zaga con lo que se había vivido en una previa que fue fría como pocas veces. Hacía mucho tiempo que en la ciudad no se observaba tan poco clima de clásico como pasó en las jornadas anteriores a este duelo entre Gimnasia y Estudiantes que terminó teniendo un trámite ordinario, carente de fútbol y, por si eso fuese poco, con el marcador final en blanco. Como espectáculo, se sacaron un cero tan grande como marcó la chapa del final de ambos lados.
Al margen del opaco juego que protagonizaron los 22 iniciales más los que saltaron desde los bancos de relevos, la pregunta que flota en estas horas en cada rincón de la región es si el empate fue negocio para alguno de los dos. En una primera mirada, podría decirse que, quizás, aunque esto forma parte del terreno de la subjetividad, con el empate salió un poco mejor parado Estudiantes, porque continúa como líder del campeonato en soledad, sigue invicto en la competición y con su arco en cero tras cinco jornadas. En la misma línea, el empate pudo haber tenido sabor a poco para Gimnasia, porque para el Lobo se estira la serie de partidos sin victorias ante su tradicional rival (la última alegría se remonta al Clausura 2010 y está cada vez más lejana) y porque fue local, en un estadio completamente colmado por su gente y, así y todo, no pudo pasar de un empate.
Hubo y hay, también, otras lecturas, como que el planteo de Alfaro le permitió a los mens sana cortar la racha de victorias en fila que acumulaba el León, con una estrategia que incomodó durante los noventa minutos a los jugadores albirrojos. De todos modos, esa táctica quedó a mitad de camino, porque le faltó lo más importante del fútbol: el camino al gol.
CAFE, MEDIALUNAS Y UN RAPIDO OLVIDO
Arrojó tan pocas cosas el duelo 157 entre los elencos de la ciudad en el profesionalismo, que todo indica que la capacidad de recuerdo de los futboleros de la región no superará el café y las medialunas de este lunes sin siquiera cargadas en la oficina. Será un ejercicio efímero, el 0 a 0 del Bosque no dejó en el saldo prácticamente nada positivo en términos de espectáculo deportivo y apenas la valoración de los hinchas de la intensidad que le imprimieron los protagonistas, muy poco por tratarse de fútbol profesional.
El indicador más significativo de este clásico de bajo vuelo es que los dos hombres más destacados de la lluviosa tarde fueron protagonistas que están cerca de los 40 años. Sí, Sebastián Romero y Rodrigo Braña , en el epílogo de sus respectivas carreras, fueron los puntos más altos de albiazules y albirrojos.
Chirola y Chapu están quemando los últimos cartuchos en el fútbol y con la sabiduría acumulada a lo largo de los años, se encaramaron varios escalones por encima de las jóvenes promesas que ayer siquiera llegaron a despegar. De todos los protagonistas que están en el pináculo de su trayectoria, poco se vio. Por no decir nada. Fueron varios los protagonistas que brillaron por su ausencia, de un lado y del otro.
EL LOBO, UN POCO MAS INCISIVO
A lo largo de los noventa minutos, Gimnasia fue un poco más que Estudiantes. El Pincha no tuvo la autoridad futbolística de líder y le costó imponer su fisonomía de juego habitual, aquella del dominio en la posesión y en los espacios. Le costó horrores poseer la pelota en la medida en que le gusta a Vivas.
El Lobo tuvo una gran capacidad combativa en la zona media, para destruir la salida de Estudiantes y tuvo lapsos de manejo del balón en la medular, pero careció de peso adelante -Mazzola sigue falto de ritmo- y de claridad de tres cuartos de campo en adelante. La gente local acompañó con aplausos el esfuerzo del equipo. Pero también los hinchas saben que sólo con eso no alcanza. Tuvo actitud, pero le faltó fútbol.
El Pincha nunca se sintió cómodo. La cobertura de espacios local lo puso en apuros a la hora de elaborar. No obstante, sacó a relucir lo que a esta altura asoma como el valor suprema que tiene el líder del fútbol argentino: la solidez defensiva. Las torres de la zaga no flaquearon jamás y el equipo permanece con la valla invicta en el certamen.
Pasó un clásico con pena y sin gloria. Toda la parafernalia exterior, con papeles, pirotecnia, griterío y color, no se condice con la chatura del juego mostrado por los protagonistas. Cuando la tinta de estas líneas esté seca, la enorme mayoría de los pinchas y triperos tendrá ya a este clásico como un difuso e intrascendente recuerdo.
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