Por GUILO GALLO (*)
OPINION
Cuando se habla del fútbol de Estudiantes se evoca a la “mística”, algo que no es gratuito porque lo abonan hechos épicos de finales de “hacha y tiza” (más de hacha que de tiza). Además, este galardón “espiritual” no se gana hablando sino escribiendo páginas y páginas de gloria dentro de una cancha. Pero no solo en ese deporte tan pasional y tan caro para los albirrojos esa palabra es de su exclusivo patrimonio, porque el handball -ese deporte que tardó en entrar en el gusto popular, pero que es tan apasionante- de Estudiantes también tiene “mística” y ese plus se lo ganó dentro de un rectángulo de 20 metros por 40 lugar donde en más de 45 años ha escritos capítulos de gloria, porque la “mística” no se compra en el kiosco de la esquina, sino que se siembra -y luego se cosecha- a fuerza de conseguir resultados en situaciones adversas y cuanto más hostiles, más se retemplaba el espíritu competitivo, se tensaban los músculos, se jugaba en equipo y se predisponía a la lucha deportiva hasta dejar la última gota de sudor en una cancha. No había imposibles para ese grupo de diez o doce jugadores capitaneado por el Profe Juan Carlos Febre, verdadero padre del handball platense, que comenzó entrenando en frías noches de invierno en un ángulo de 115 y 57, casi en penumbras y sobre piso de asfalto bituminoso donde no valía caerse porque las consecuencias eran más dolorosas que las de un raspón.
“Mística” fue dar pelea contra el cerrado grupo de clubes alemanes de Buenos Aires que de ninguna manera querían abrirse a un equipo de La Plata. Sesenta kilómetros les parecía mucho. Encima a fines de la década del ’60, hablar de Estudiantes era mala palabra, era el “anti-futbol”, los alfileres, etc… Era el pobre que se rebelaba al rico, era David contra Goliat , era el Sur contra el Norte. Y a la sombra de ese gran equipo de Osvaldo Zubeldía nació el handball pincharrata. Si, hace más de 45 años.
“Mística” fue “jugar de visitantes” por mucho tiempo, haciendo de local en Quilmes. Así empezó en 3ra. de ascenso, pasó a 2da. Y llegó a primera, todo eso lejos de La Plata y su gente. Dando vueltas olímpicas y festejando en canchas extrañas y ajenas.
“Mística” fue jugar contra dirigentes y jueces que nunca lo favorecían.
“Mística” fue llegar al handball grande metropolitano jugando a las 9 de la mañana de un domingo de invierno en Gas del Estado, en el Tigre, donde para llegar había que salir de La Plata antes de las 6, todavía de noche y hacer tres combinaciones en trenes. Y allá iba ese grupo entusiasta de “handbolistas”, con una fe a prueba de balas y avivando esa llama que nunca se apagó del deporte por el deporte mismo.
“Mística” fue viajar dos días a fines de febrero de 1978, por tierra y en etapas- primero a Puerto Iguazú, cruzar a Foz, tomar un micro hasta San Pablo y después otro a Belo Horizonte- con temperaturas de 45 grados y sobreponerse al cansancio para ganarle dos veces al Ginástico, el campeón interclubes de Brasil. En esa primera gira al exterior se comenzó a forjar el equipo que saldría campeón metropolitano -único titulo a ese nivel- de 1979. Una tarde del 30 de diciembre, hace casi 37 años. Después vinieron otros logros, a nivel nacional como internacional. Estudiantes comenzaba a hacerse respetar en base a trabajo, entrega y dignidad, que hizo de este deporte una forma de vida. Por eso comenzaron a llegar al club jugadores de otros equipos, que minimizaban el hecho de recorrer distancias, perder tiempo en viajes y sin cobrar un peso, porque el handball Pincha, que sigue siendo amateur. Así, Alejandro Rodríguez -figura de River- no dudó en venir tres veces por semana desde Vicente López y Edi Blumel de Quilmes.
Siempre el handball de Estudiantes creció a la sombra de familias íntegras y comprometidas en su espíritu de colaboración: los Gallo, los Lombardi, los Disalvo, los Negrelli, los Cardoso, los Ghione, los Sobenko; padres, hermanos, hijos -jugando o colaborando con la comisión- se comprometía toda la parentela.
Sí, el handball de Estudiantes es un modo de vida, por eso se retempló a lo largo de 45 años, dando lo mejor a nivel nacional nutriéndolo de técnicos como “Mara” Torres y el “Zurdo” Ceballos, que llevaron al handball argentino -tanto masculino como femenino- a sus mejores actuaciones, primero en suelo americano y luego en el contexto mundial.
Por eso “mística” es este equipo que en el 2016 volvió al primer nivel del handball argentino, con gente entusiasta y con muchas ganas de seguir haciendo historia…
(*) Jugador del primer equipo de handball de Estudiantes en 1969.
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