Una vez más el Banco Central mantuvo su tasa de interés de referencia en 24,75, como hace más de 11 semanas, lo que en la práctica reafirma las políticas de combate a la inflación sobre la base de no hacer más disponible fondos para el mercado interno.
Y si bien el jueves redujo los encajes (ver aparte), se estima que los lineamientos centrales de esta política que vincula la evolución del costo del dinero y la base monetaria a la evolución de la inflación se mantendrá sin cambios.
En este sentido, un trabajo de Economía & Regiones destaca que si el Banco Central emite “de más”, dicho exceso de dinero se termina trasladado sí o sí a inflación.
Se trata de una de las principales patas de la política monetaria del anterior gobierno y una de las más cuestionadas por la actual administración.
Según Economía & Regiones se dice que se emite “de más” cuando el Banco Central hace crecer la oferta monetaria por encima del ritmo de aumento de la demanda de dinero, lo cual genera un desequilibrio monetario que termina trasladándose a precios.
Por el contrario bajo una política monetaria responsable, el Central expande la cantidad de dinero en línea con el crecimiento de la demanda de dinero con el objeto de evitar que surja el desequilibrio monetario; y así la inflación cede terreno.
DESINFLACION
Según Economía & Regiones, el Banco Central de Sturzenegger bajó la inflación de 4,1% (primer semestre) a 1,7% (segundo semestre) promedio mensual el año pasado, lo cual en términos anualizados implica una reducción de 61,7% a 22,1% anual.
Es más, según el IPC (Congreso) la inflación mensual de diciembre fue 1,2% (1,6%), lo cual en términos anualizados asciende a 15,4% (21%) anual; respectivamente. Paralelamente, la inflación de enero ascendió a 1,3% mensual, es decir 16,8% anualizado.
El Banco Central, siguiendo los manuales de teoría económica y monetaria, baja la inflación aplicando una política monetaria prudentemente desinflacionaria.
En el primer semestre del año pasado la autoridad monetaria aplicó una política monetaria muy contractiva ante la salida del cepo cambiario y el desplome de la demanda de dinero.
Subió la tasa de referencia hasta 38% anual y más que absorbió todo el sobrante de dinero, que ascendía a 4% del PBI ($200.000 millones), colocando Lebacs.
Como consecuencia de la política monetaria desinflacionaria, el ritmo de expansión interanual de la base monetaria y de los billetes en poder del público cayó de 41% y 39% (diciembre 2015) a 27% y 21% (diciembre 2016) (ver gráfico).
¿CAMBIO DE TENDENCIA?
Sin embargo, a comienzos de 2017 el ritmo de expansión monetaria creció fuertemente a 35% (enero de este año) y 48 (febrero).
En este contexto, muchos analistas encienden luces amarillas poniéndonos en alerta que la política monetaria prudente y desinflacionaria estaría llegando a su fin y que, consecuentemente, la inflación podría dejar de bajar o incluso acelerarse, y la meta de inflación 2017 (17% anual) no cumplirse.
Para Economía & Regiones es apresurado concluir que se terminó la política monetaria prudente. Peor aún, se incurre en un error si se concluye que la política monetaria dejó de ser prudente sólo mirando la variación interanual de la base monetaria.
En otras palabras, la expansión de base monetaria (promedio 41% interanual) de los dos primeros meses del año no tiene por qué terminar siendo inflacionaria.
Prestar atención al ritmo de expansión de la oferta monetaria es sólo mirar una mitad del asunto. Es decir, también hay que mirar la otra mitad del fenómeno, es decir la demanda de dinero. Si tanto la oferta como la demanda de dinero crecen, puede no surgir desequilibrio monetario y por ende no haber traslación a precios.
Para que se entienda, si el Banco Central expande la oferta monetaria hasta el infinito, pero la demanda de dinero también crece hasta el infinito, no habrá inflación. De hecho, este fenómeno fue lo que pasó con la megaemisión monetaria de Bernanke luego de la crisis de Lehman Brothers 2008. La Reserva Federal de EE UU hizo una mega emisión de dólares que no se tradujo en inflación, porque los agentes se refugiaron en dólares y bonos del Tesoro norteamericano con lo cual la demanda de dólares también creció exponencialmente.
El punto es que la demanda de pesos está aumentando en Argentina, porque se está recomponiendo de su estrepitosa caída de gran parte del año pasado. Este crecimiento actual de la demanda de dinero permite que haya una mayor expansión monetaria sin aceleración inflacionaria. Es más, es esperable que la demanda de dinero continúe fortaleciéndose durante la primera mitad del año, facilitando mantener la inflación bajo raya.
SUSCRIBITE a esta promo especial