Un mobiliario urbano particular caracteriza el barrio Campamento de Ensenada. En algunas esquinas, cuatro recipientes adosados a una columna miden la cantidad de restos de carbón de coque que emana Copetro (situada a escasos metros de ese grupo de viviendas) cuando el proceso de producción se ve alterado por algún evento y esos desperdicios se expanden por al aire. El “equipamiento” fue instalado tiempo atrás en un vecindario que libra una histórica pelea judicial con la planta, justamente por la presencia periódica pero reiterada de un polvillo que tiñe de negro cuanto toca. Ahora, la gente de la zona volvió a la carga con los reclamos porque, según asegura, el hollín cubre todas las superficies.
En la calle Buenos Aires Norte casi esquina San Juan vive Leandra Cuesta. El frente de su casa mira hacia uno de los paredones laterales del establecimiento de elaboración de coque. Desde hace unos días vuela en el ambiente el típico polvo que se desprende cada tanto de la fábrica. “La ropa tenemos que lavarla más de una vez porque al dejarla afuera para que se seque se llena de hollín; barremos y barremos todo el día y el piso se pone negro a cada rato; se le pasa la mano al techo del auto que dejamos afuera y después es muy difícil sacarnos la suciedad”, enumera la vecina como efectos de la molesta presencia de las renegridas partículas.
Según indicó Cuesta, “esto pasa porque le falta algún filtro a la chimenea de la planta y entonces el coque vuela hacia afuera”.
La vecina no es la única perjudicada por las consecuencias de la producción de coque, un combustible sólido formado por la destilación de carbón bituminoso. Luis Gómez, que vive junto a su familia en la calle Gaggino Nº 36, a la vuelta de la planta, convive con esa sustancia que se topa en cada paso dado en su hogar. “Está por todos lados”, dice y señala sucesivamente una planta en la que el hollín se acumuló en el surco de las nervaduras de las hojas; la mesa y las sillas del patio; la ropa que se sacó al exterior para secar; el piso.
Igual situación muestra el matrimonio de Julio y Mirta Pineda, vecinos también de la calle Gaggino. En su caso, son parte de quienes iniciaron una demanda legal contra Copetro por contaminación ambiental. Eso fue hace más de veinte años. “Nosotros ya estamos hartos del carbón de coque; nos las pasamos todo el día limpiando la casa y respirando el hollín. La primera tanda que hizo juicio ya cobró la indemnización pero nosotros todavía estamos esperando”, dijo el hombre mientras arrastraba con la mano el polvillo pegado en la persiana de su casa.
“Fue informado”
A raíz de estos nuevos reclamos de los vecinos, fuentes de Copetro puntualizaron que “a fines de la semana pasada, la planta sufrió una anomalía operativa que obligó a la detención de uno de los hornos”.
La emergencia, se remarcó, fue informada a la autoridad provincial de control, el OPDS. Ahora, según añadieron las mismas fuentes, el inconveniente que forzó a la compañía a parar el horno “se está reparando”.
Al mismo tiempo, se aclaró que “el resto de la planta sigue funcionando con normalidad y dentro del marco normativo vigente”.
Efectivamente, el evento que llevó a frenar la actividad en uno de los hornos fue comunicado al organismo de control. En la página web del ente se especifica que el paréntesis en el proceso, que se inició el viernes pasado, se prolongará hasta el 16 de este mes; que se trató de un “paro programado”; con posibilidad de producir humo y afectación del aire.
Aunque, como denuncian los vecinos, se advierte la presencia de polvo de coque en la zona, en el cuadro de situación que publica el OPDS se lee que no se identifica entre los posibles impactos ambientales material particulado.
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