Tras la polémica inicial que se desató en las redes sociales luego de que se viralizara una conversación por chat de madres de los compañeros de un chico con Síndrome de Asperger celebrando su apartamiento del curso, la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense envió ayer inspectoras a la escuela religiosa de la localidad de San Antonio de Padua, partido de Merlo, a la que asiste el niño, para analizar si el cambio de grado fue en “pos de una mejora del aprendizaje y de la convivencia”.
“Estamos analizando las causales del cambio y lo que originó el conflicto, ya que no siempre tenemos conocimiento de todas estas situaciones que se generan institucionalmente”, indicó la Directora Provincial de Educación de Gestión Privada bonaerense, Nora Pinedo, en referencia al caso del alumno de cuarto grado del Centro Educativo Franciscano San Antonio, donde también ayer se realizó una reunión entre autoridades de la institución, inspectores provinciales y los padres del niño separado.
El hecho se hizo público cuando un grupo de madres celebró en una charla vía WhatsApp la decisión de la institución de cambiar a otro grado al compañero de sus hijos.
“Cuando conocí los mensajes me dieron vergüenza ajena. Pienso qué es lo que le están transmitiendo a sus hijos. Sé que hay nenes que están angustiados porque creen que no van a ver más a su amigo, pero tienen que quedarse tranquilos porque lo que se decidió es que mi hijo tenga un régimen ‘flexible’, es decir, que haga algunas actividades con una división y otras con la otra, según sus necesidades”, indicó Paola, la mamá del niño con Asperger.
La mujer sostuvo que “yo no estoy ajena a la situación, mi hija tuvo muchos compañeros integrados y uno lo que les dice es que tienen que comprender, que, por ejemplo, si un niño integrado le tira del pelo, le tiene que explicar que está mal, que eso no lo hace por malo. Yo me puse en el lugar de los papás de los 35 compañeros de mi hijo, pero quienes mandaron esos mensajes no se ponen en el lugar de mi hijo, ni en el nuestro”.
El lunes 28 de agosto, directivos de colegio San Antonio convocaron a Paola y su marido para notificarlos de que cambiarían a su hijo de división.
“El equipo interdisciplinario que trabaja con los niños integrados determinó que era mejor cambiarlo como una estrategia pedagógica, para que se sienta mejor, más estimulado. Se lo notificamos a sus padres y ellos estuvieron de acuerdo”, indicó Gustavo González, representante legal de la institución.
“Cuando el fin de semana conocimos a través de las redes estos mensajes con la repercusión que tuvo -agregó- nos sentimos muy mal. La decisión se tomó en función de lo que consideramos mejor para el alumno, no se pensó en estos padres. De hecho, fueron citados para tener mañana (por hoy) una reunión porque como institución no estamos de acuerdo con esas opiniones”.
Por su parte, el INADI confirmó a través de un comunicado que el organismo “recibió la consulta de la familia del niño” y que “se brindó asesoramiento a la familia respecto a los mecanismos disponibles para realizar la denuncia, en caso que así lo desee”.
Además, informó que “el área de Educación del Inadi tomó contacto con los directivos del colegio y fijó ya una visita al lugar, para asesorar a la comunidad educativa, en pos de derribar las barreras institucionales y sensibilizar en materia de educación inclusiva y no discriminación”.
En sus mensajes, una de las madres había señalado “¡al fin una buenísima noticia! ¡Era hora de que se hicieran valer los derechos del niño para 35 y no para uno sólo!”.
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