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Editorial

El incendio de Notre Dame y el valor de nuestra Catedral

El incendio de Notre Dame y el valor de nuestra Catedral

Uno de los valores arquitectónicos más sobresalientes de nuestra ciudad, como lo es la iglesia Catedral, se encuentra amenazado por una serie de desmoronamientos y filtraciones que podrían poner en riesgo al edificio, en tanto que hay una serie de importantes obras programadas que se encuentran paralizadas por falta de presupuesto, en una situación que es de responsabilidad plena del Estado por tratarse de un patrimonio histórico provincial. Concretamente, la incumbencia le corresponde al área bonaerense de obras públicas, que es la obligada a intervenir para garantizar la debida preservación del templo.

Antes de otra consideración, cabe consignar que a finales de 1994 la Catedral platense fue considerada una de las diez iglesias más importantes del mundo. Su nombre fue inscripto en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Se habla, además, de un templo que exhibe la notable belleza de su piso pulido a espejo, realizado en piedra granítica procedente de Olavarría, Calamuchita y San Luis. Posee 89 ventanales de los cuales más de 40 son vitrales de origen francés y alemán, que representan al Antiguo y Nuevo Testamento. Cuenta con innumerables y ponderadas tallas de madera y se ha convertido, además de referencia religiosa de primer nivel, en uno de los lugares turísticos más visitados de La Plata.

No obstante esos y otros antecedentes, tal como se señaló en el informe publicado recientemente en este diario, desprendimientos de ornamentos, filtraciones de agua y rajaduras en los techos son algunos de los problemas que enfrenta su imponente edificio, razón por la cual desde la Fundación Catedral se decidió colocar un andamio frente al acceso principal para evitar cualquier accidente que pudiera ocurrir a raíz de un nuevo derrumbe de la mampostería, como el registrado en enero pasado.

Resulta por cierto doloroso abordar este tema, cuando un pavoroso incendio devoró el techo y la aguja central, en tanto que amenazó a toda la estructura edilicia de la emblemática catedral de Notre Dame, en París. Sin dudas que esas situaciones, tan negativas y dramáticas, pueden servir, al menos, para entender lo que significa un patrimonio arquitectónico de esa magnitud y la importancia de preservarlo a todo trance.

Una suerte de ráfaga de consternación universal acompañó en las últimas horas al incendio de Notre Dame. Los principales estadistas, artistas e intelectuales no ocultaron su angustia por esta catástrofe, que duele tanto porque le priva al mundo de un valor espiritual compartido. Se trata nada menos que de la pérdida de un símbolo de la cultura universal.

Los platenses vivimos una situación parecida hace poco más de cuarenta años cuando un incendio redujo a escombros al histórico Teatro Argentino. La magnificencia de aquel coliseo, que carecía, entre otras prevenciones, de telones ignífugos, se vio devastada en minutos por las llamas.

Estos ejemplos y muchos otros registrados tanto en nuestra ciudad como en muchas otras ciudades del mundo obligan a la sociedad y a los gobiernos a demostrar cada día un especial celo en la preservación de aquellos bienes singulares, que están rodeados de características arquitectónicas virtuosas, que son también valores históricos irreemplazables y que merecen, por consiguiente, mantenimientos continuos y acordes a su excelencia.

En estas horas de pesadumbre universal por la virtual destrucción de la iglesia de Notre Dame, los platenses debemos mirar con especial atención a nuestra valiosa iglesia Catedral que, por encima de su significado religioso, une a toda la sociedad por las bondades incomparables de su diseño y construcción. La Catedral ubicada muy cerca del centro de La Plata excede a todo lo que pueda considerarse sólo un valor material y forma parte, en cambio, de la mejor historia y de la principal identidad platense. Es hora, entonces, de prestarle atención a sus necesidades.

 

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