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TURISMO

Los 150 años de la Ópera de Viena

De Sissi a Internet, el exclusivo teatro lírico celebra un siglo y medio de vida convertido en referente de la música clásica, icono turístico y un motor económico

Bailarines danzan en el baile de Ópera Estatal de Viena, en Viena (Austria). EFE/HERWIG PRAMMER/POOL

El exterior de la Ópera de Viena antes de la 63 edición del Baile de la Ópera. EFE/ Florian Wieser

Labores de reconstrucción del edificio de la Ópera, que quedó destruido durante un bombardeo en 1945 y se reinauguró en 1955. Foto cedida por la Ópera de Viena

Invitados bailan el vals durante la ceremonia inaugural de la tradicional Opera de Viena, en su edición 61, en el Wiener Staatsoper de Viena (Austria). EFE/CHRISTIAN BRUNA

Lujoso candelabro de la Ópera de Viena.

Decoración del interior de la Ópera.

El techo de uno de los halls del edificio

Imagen cedida por el Ballet Estatal de Viena de un momento del ensayo del Ballet de la Ópera de Viena del estreno de la versión que el mítico bailarín Rudolf Nureyev hizo de “El Cascanueces”, de Tchaikovski. / EFE

Se levanta el telón y Don Giovanni hace de las suyas en el escenario. El emperador Francisco José y su esposa Sissi aplauden. Se cierra y, al subir de nuevo, un Orestes de corte surrealista es retransmitido a todo el planeta en alta definición por internet y con subtítulos en seis idiomas. Entre esos dos momentos ha pasado un pestañeo de 150 años, los que la Ópera de Viena celebra ahora convertida en referente de la música clásica, icono turístico y un motor económico.

“Este es el único sitio del mundo donde se pueden disfrutar de tantas obras cada año. El año que viene presentaremos 57 óperas distintas y diez programas de ballet”, cuenta el director de la Wiener Staatsoper, resumiendo la magnitud del programa.

Para poner esa cifra en perspectiva, en la Metropolitan Opera de Nueva York, la próxima temporada subirán a escena 14 títulos.

El sistema de repertorio permite a este teatro ofrecer cada temporada unas 350 funciones, entre óperas, ballets, conciertos y representaciones para niños, una oferta con la que pocos teatros en el mundo pueden competir. Más allá de la cantidad, la Ópera de Viena logra cada temporada contar con los mejores artistas.

La temporada que viene, por ejemplo, cantarán en Viena: Plácido Domingo, Juan Diego Flórez, Roberto Alagna, Anja Arteros, Anita Hartig o Angelika Kirschslager, y nuevas grandes voces como René Barbera y Michele Bradley.

“Aquí están todos los cantantes del mundo. Estar con ellos, compartir escenario con ellos es una gran experiencia”, relata el tenor mexicano Carlos Osuna, desde hace ocho años solista en el elenco permanente de la Ópera, formado por 60 cantantes.

Y, esencial, en el foso toca cada noche la Orquesta de la Ópera de Viena o, lo que es lo mismo, la Filarmónica de Viena, una de las mejores orquestas del mundo, famosa por su Concierto de Año Nuevo.

IMPERIO, NAZISMO Y REPÚBLICA

La Ópera de Viena fue inaugurada el 25 de mayo de 1869 como Teatro de la Ópera de la Corte Real e Imperial, con la obra “Don Giovanni” de Mozart. En esa primera época, Gustav Mahler dirigió el teatro entre 1897 y 1905.

Entre 1919 y 1924, ya instaurada la República, Richard Strauss, junto a Franz Schalk, fue el responsable del teatro.

Con la instauración de la República en 1918, pasó a llamarse Teatro de la Ópera, luego Ópera Estatal y, desde 1955, Ópera Estatal de Viena.

Entre 1939 y 1945, cuando Austria fue parte de la Alemania nazi, un total de 105 trabajadores fueron expulsados por ser judíos, de los que al menos once fueron asesinados.

Compositores y obras de creadores judíos quedaron prohibidas, causando una tragedia humana y cultural de la que tardó décadas en hablarse y en pedir perdón, y de la que, en algunos aspectos, nunca se ha recuperado.

El 12 de marzo de 1945, apenas dos meses antes del fin de la II Guerra Mundial en Europa, el edificio quedó arrasado durante un bombardeo de aviones estadounidenses sobre la ciudad. Sólo quedaron la fachada, la escalera principal y el llamado salón del té.

La Ópera siguió funcionando en otras ubicaciones durante la reconstrucción hasta que el edificio fue reconstruido siguiendo los planes originales, aunque el auditorio perdió 200 localidades.

El 5 de noviembre de 1955, la obra “Fidelio”, de Beethoven, con Karl Böhm dirigiendo a la orquesta, protagonizó la gala de reapertura. La década siguiente, hasta 1964, estuvo marcada por la presencia de Herbert von Karajan al frente.

Un cumpleaños por todo lo alto: La Ópera de Viena celebrará su 150 aniversario el 25 de Mayo con una gala de honor por la mañana, y por la tarde el estreno de un nuevo montaje de “La mujer sin sombra”, la única ópera de Richard Strauss que se estrenó en este teatro, en 1919

 

MOTOR ECONÓMICO Y TURISMO

La pasada temporada, la Staatsoper vendió en torno a 600 mil entradas con una ocupación media de aforo del 98,03 %.

Los precios habituales de las entradas van desde los 287 euros (322 dólares) hasta los 3 euros (3,37 dólares), aunque el próximo 25 de mayo, en el estreno de un nuevo montaje de “La mujer sin sombra”, de Strauss, con el que se celebrará el cumpleaños, habrá localidades a 500 euros (561 dólares).

Con unos ingresos por taquilla de más de 35 millones de euros (39 millones de dólares), la Ópera financia con sus propios medios el 44 % de su presupuesto.

Buena parte de ese dinero proviene de los turistas, muchos de los cuales consideran obligada una visita al famoso teatro.

La propia dirección de la Ópera estima que con los turistas que van cada noche al teatro llenan, cada día, entre seis y siete hoteles de cuatro o cinco estrellas.

“Tenemos un buen equilibrio. Vendemos casi 600.000 entradas cada año, y dos tercios son para austríacos y un tercio para turistas”, explica su director, Dominique Meyer.

Meyer considera que este es un buen equilibrio, ya que demuestra “el fuerte compromiso del público local con su teatro y, al mismo tiempo, que la institución es atractiva internacionalmente”.

CLASICISMO Y MODERNIDAD

Pero no a todo el mundo le gusta el programa y el sistema de la Ópera de Viena. “Es un desastre”, dijo en 2013 sobre el programa de la Ópera de Viena el fallecido Gerard Mortier, que fue director artístico del Teatro Real de Madrid y del Festival de Salzburgo.

En una entrevista con el semanario Falter, Mortier puso voz a quien lo califica de demasiado clásico y conservador, diseñado para satisfacer a un público poco exigente, y al turista con poco conocimiento musical.

Meyer, que calificó esas acusaciones de ridículas y falsas, ha negado en repetidas ocasiones que Viena sólo programe obras “main stream”, y recuerda que el repertorio va desde el Barroco a piezas contemporáneas.

Es cierto que Rossini, Donizetti y Bellini son compositores con peso en el programa, pero también que, desde que Meyer se hizo cargo de la Ópera en 2010, ha habido estrenos modernos y contemporáneos.

En una entrevista con Efe en 2011, cuando comenzaba su segunda temporada al frente de la Staastoper, Meyer ya aseguró que su objetivo era “renovar un repertorio que se había congelado un poco”.

El director del teatro vienés explica que la relación con el público local es uno de los elementos que marca a la Ópera de Viena. “La ópera, aquí en Viena, está en el corazón de la ciudad”, describe.

VIENA, UNA CAPITAL MEDIANA

La capital de Austria tiene unos 1,7 millones de habitantes, en un país de sólo ocho. Pese a eso, la ocupación media de localidades es del 99 % cada noche. Con esas cifras, Meyer es optimista sobre el futuro del teatro, cuya dirección dejará en junio de 2020, tras diez temporadas.

El experto francés destaca la importancia que en ese futuro tiene la relación con los niños, el público del futuro, ya que la Ópera programa ciclos especiales de obras infantiles, estrena incluso piezas encargadas para lo más pequeños y tiene programas de colaboración con cientos de centros escolares.

Meyer también ha dirigido la renovación tecnológica del teatro, con la instalación de tabletas en cada localidad, con las que se pueden seguir las óperas con subtítulos en seis idiomas, e incluso encargar un refrigerio para la pausa.

Más ambicioso ha sido la creación de un sistema de pago por visión que emite 45 óperas distintas en directo cada temporada, con retransmisiones adaptadas a distintas zonas horarias, y la posibilidad de acceso a una videoteca.

“Mi objetivo ha sido llevar a la Ópera de Viena a la época moderna y mantener el amor que encuentras aquí por la ópera y por la música, igual que cuando llegué. Y creo que es así, porque nuestro teatro está completo cada noche y es un placer ver que la gente se entusiasma con la ópera”, resume Meyer su época al frente de la institución que terminará en junio de 2020.

Respecto al aniversario, Meyer asegura: “Es una buena ocasión, tanto para celebrar el pasado como para abrir las ventanas y la puerta a la música contemporánea, y al futuro musical”.

“Lo vivo con orgullo. Estar aquí, celebrando esos 150 años. A mí sólo me han tocado ocho años, pero bueno, los que hemos estado aquí ya hemos dejado nuestra huella y tuvimos por lo menos en esta vida la oportunidad de pisar este teatro”, remacha el tenor mexicano Osuna sobre este aniversario.

 

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