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El Centro ya hace “vida normal” y el desmadre urbano gana por goleada

Lejos quedaron los días de la pandemia en que se podía circular con soltura. Atascos, largas colas en los cajeros y venta callejera
Nadie los extrañó. Los bocinazos, roces y discusiones viales vuelven a ser moneda corriente / César Santoro
En los centros comerciales de la Ciudad el movimiento de gente, típico de diciembre, es constante. Pero los comerciantes afirman que no se traduce en ventas. Esperan que se intensifique hacia fines de mes / dolores Ripoll
Una escena habitual de diciembre. Calor insoportable y largas filas frente a los cajeros automáticos. Aquellos que no tienen suerte, deben deambular de una sucursal a otra para lograr retirar algo de efectivo / dolores Ripoll

Por Redacción

Llegó diciembre, éste en particular el último mes de un año complicado para todo el mundo, sin distingos. En el medio entre una larga cuarentena y de cara a las fiestas navideñas, la Ciudad cobra la agitación típica de la “temporada”. Colas en los cajeros; por protestas callejeras que en estos días crecen, desvíos del tránsito que provocan trastornos; coches mal estacionados, en ochavas o sobre ramblas; y los vecinos que se vuelcan en masa a los centros comerciales ya como en la previa al paso de Papá Noel.

De a poco, en la transición entre el ASPO y el DISPO, la nueva “normalidad” se fue instalando en las calles céntricas, y ahora, arrancado diciembre y a unas pocas semanas de las fiestas de Fin de Año, la Ciudad empieza a mostrar el paisaje que la caracteriza y que en las horas pico (ahora un poco modificadas por el nuevo horario bancario) adquiere un ritmo por momentos enloquecedor.

Las ferias ambulantes, que suelen extenderse en cantidad de puestos a medida que se acercan las jornadas festivas y de compra de regalos, como la que copa los días de semana Plaza Italia y algunos sectores de Plaza Rocha, contribuyen al intenso movimiento urbano y al caos.

El tránsito vehicular

Ocurre que salvo por la corriente vehicular que le añaden a la circulación la época de clases, la doble fila frente a las escuelas y las oficinas públicas trabajando a full, las zonas céntricas casi nada tienen ya de diferente que en los tiempos prepandémicos.

Esta vez “recargados” de un estrés generalizado que recién ahora podría comenzar a aflojar y disparados quizá, justamente, por ciento relajamiento después de un invierno largo, confinado y oscuro, toda esa descarga pareciera ir a parar al tránsito vial. Conductores de vehículos particulares, de autos de alquiler y de colectivos manejan en medio de un singular nerviosismo que hace aumentar la posibilidad de tener un accidente.

Los controles municipales no abundan, y al estrés urbano se suma el siempre presente desapego por las normas más elementales de tránsito de los que paran en doble fila o no dudan en estacionar el auto en sitios prohibidos. También, en los últimos meses, parecen haberse multiplicado los ciclistas que hacen caso omiso de las luces rojas en los semáforos.

El pulso acelerado de estos días es causa de advertencias por parte de los organismos dedicados a la prevención de accidentes viales. De acuerdo a los estudios realizados en ese aspecto, el margen de maniobras de un automovilista que esquiva obstáculos se reduce notablemente.

Según el Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI), en diciembre los accidentes de tránsito crecen considerablemente, al punto de ser uno de los tres meses más peligrosos del calendario.

En las rutas, asegura la entidad, ese aumento del riesgo es todavía más notorio: en diciembre los índices accidentológicos con muertos y heridos suelen aumentar en más de un 20 por ciento respecto al resto del año, según los últimos registros.

Además de la peligrosidad que implica el desorden vial, el chirrido de los frenos, los bocinazos y a veces una tensión entre automovilistas que termina a los gritos y con insultos, son ingredientes alienantes que perturban hasta a las personas más serenas.

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